cuv3. El digital de la FCOM de Villanueva C.U. https://www.cuv3.com Portal informativo del Área de Comunicación de Villanueva C.U. Tue, 30 Jun 2020 06:19:34 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.2 https://i2.wp.com/www.cuv3.com/wp-content/uploads/favicon-54be1cf6v1_site_icon.png?fit=32%2C32&ssl=1 cuv3. El digital de la FCOM de Villanueva C.U. https://www.cuv3.com 32 32 40327484 El cerebro de género empieza con los juguetes https://www.cuv3.com/2020/06/26/el-cerebro-de-genero-empieza-con-los-juguetes/ https://www.cuv3.com/2020/06/26/el-cerebro-de-genero-empieza-con-los-juguetes/#respond Fri, 26 Jun 2020 05:22:32 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86701 Su juego preferido es limpiar, con trapos o con su pequeña fregona. Pero los cochecitos, las motos y un carro de la compra son también sus favoritos. Tradicionalmente, los estereotipos de género establecen que son las niñas las que se inclinan por todo lo que tenga que ver con el cuidado del hogar. Sin embargo, […]

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Su juego preferido es limpiar, con trapos o con su pequeña fregona. Pero los cochecitos, las motos y un carro de la compra son también sus favoritos. Tradicionalmente, los estereotipos de género establecen que son las niñas las que se inclinan por todo lo que tenga que ver con el cuidado del hogar. Sin embargo, estos tópicos se alejan de la realidad. Gracias a que su familia permite el “juego libre“, el pequeño Ángel, de dos años, tiene la posibilidad de divertirse como quiera, sin ser cohibido por limitaciones que pudieran marcarle de por vida.

Ángel no es cohibido por limitaciones de género

En la actualidad, se entiende que permitir a los pequeños jugar con todo tipo de juguetes es prioritario para su correcto desarrollo. Por esta razón, han surgido diversas asociaciones que buscan concienciar a los padres. Por ejemplo, desde “Play Unlimited” (Australia) defienden que “se debe alentar a todos los niños a aprender sin limitaciones según su género, sin estereotipos destinados a desalentar el acceso igualitario a todos los juguetes.”

Impacto cognitivo

Pero, ¿por qué tanto revuelo por los juguetes? Porque son decisivos en la formación de los niños. Con ellos exploran el mundo y fomentan habilidades mentales y motoras. Además, según expone la neurocientífica Gina Rippon en su libro The Gendered Brain, pueden determinar su desarrollo cognitivo: “Hay implicaciones bastante profundas acerca de los juguetes que tenemos cuando somos muy jóvenes. Por ejemplo, cuando un bebé juega, rota ladrillos y encuentra formas cada vez más ingeniosas para unirlos en nuevas estructuras, su mente forma las redes neuronales involucradas en el procesamiento visual y espacial.”

Limitar su juego en base al género restringe la mejora de ciertas aptitudes. La asociación “Let toys be toys” (Reino Unido) afirma: “Se sabe que cada juego afecta de forma distinta a los niños. Por ejemplo, los rompecabezas a menudo están dirigidos a las chicas, debido a la suposición de que “es natural” que ellas se sienten quietas y disfruten de este tipo de juguete mientras los chicos “tienen” que moverse. Sin embargo, ellos también necesitan entrenar habilidades motoras finas, resolver problemas…”

Se sabe que diferentes formas de juego afectan de forma distinta a los niños

Afortunadamente, hoy día los niños tienen menos restricciones. Ángel tiene la suerte de que le permiten jugar con aquello que le resulta llamativo. Raúl, su padre, asegura que su hija recién nacida, a parte de heredar y compartir con su hermano, también podrá escoger sus pasatiempos libremente. En base a su experiencia, asegura que “los cochecitos les gustan a todos los pequeños, independientemente de que sean niño o niña.” Por lo que Sofía probablemente disfrutará de los juguetes de Ángel tanto como él.

Estereotipos

A pesar del avance, los estereotipos siguen vigentes. La psicóloga Irene Almazán, especializada en familia e infancia, expone: “No sorprende encontrar que los juguetes para chicas están relacionados con las cocinitas y con cuidar a muñecos y los de los chicos con coches y actividades de construcción y reparación. Encontramos también estereotipos de profesiones. Las asistenciales son las que más se unen a la idea de mujer y las profesiones de responsabilidad y dirección más a los hombres.”

Este aprendizaje desigual es una posible causa de las diferencias entre hombres y mujeres, que popularmente se consideran innatas. Según Rippon: “Los niños son pequeñas “esponjas sociales” que absorben información social, y la adopción de esos comportamientos eventualmente rediseñará sus circuitos neuronales. Un mundo de género produce un cerebro de género.” Lo que igualmente impacta en su autopercepción y la relación con el sexo opuesto.

Impacto psicológico

Respecto a la forma de crear y expresar su “identidad de género“, Almazán explica que: “Tiene una muy estrecha relación con la imagen mental de uno mismo a nivel cognitivo, afectivo, emocional y conductual. Por ejemplo, los estereotipos referentes al físico influyen en el juego de las niñas, ya que desde pequeñitas se les regalan muñecas para que peinen, maquillen y vistan. Con la edad se va reflejando en su propia apariencia, fuera de la muñeca.” Según la psicóloga, los primeros años de vida son decisivos.

Los primeros años de vida son decisivos

Por su parte Víctor Saiz, neuropsicólogo infantil, destaca la importancia de la integración de los pequeños de cara a su futuro. No solo para ser más inteligentes, sino mejores ciudadanos y, en esencia, mejores personas: “El aprendizaje cooperativo se relaciona  con una mejora en las notas, además, implica aprender a relacionarse con el sexo opuesto y a gestionar sus diferencias de opinión y contrastarlas. Incluso pueden romperse ciertos estereotipos. La cooperación tiene más ventajas que la segregación.”

El papel de la familia

Saiz afirma que los padres influyen en sus hijos, pero no se sabe hasta qué punto. “Si en la infancia te dicen que “está mal jugar con eso” es más probable que luego lo rechaces” ejemplifica. A lo que Almazán añade: “Tenemos que entender que los padres son los modelos principales de sus hij@s. Y para ellos, el juego es una forma más de transmitir los valores sociales con los que fueron educados.”

El juego es una forma más de transmitir los valores sociales

Asimismo, es habitual la implicación de otros adultos en el ocio de los pequeños. De los juguetes de Ángel “muchos son regalos, que traen sus abuelos o amigos, otros los escoge él” destaca Raúl.

Alijuguetes, empresa sensibilizada con el juego sin límites, hace referencia a posibles problemas: “Cuando las mamis y papis estamos concienciados de ofrecer juguetes sin género a nuestros peques, también podemos encontrarnos con la oposición por parte de familiares que no conciben o aprueban que nuestro niño juegue con cocinitas o nuestra niña con una caja de herramientas.”

¿Por qué algunos rehúsan el “juego libre”? Según Saiz, “es una respuesta más emocional que racional, que probablemente se deba a cómo fueron educados.” Este rechazo puede ser dañino para el pequeño, como explica Almazán: “Si un niño o niña no se comporta como la sociedad espera, puede haber lucha entre lo que siente y cómo quiere sentirse para encajar. Ante esto, puede tomar varios caminos. Uno, reprimir cómo se siente o piensa, cambiando su comportamiento. Otro, mantenerse fiel a lo que siente y piensa rechazando los estándares estipulados por la sociedad. Esto acarrearía una serie de consecuencias, a corto y largo plazo, en la adolescencia y la vida adulta que podrían desembocar en patologías.”

La repulsa es “una respuesta más emocional que racional”

Por suerte, padres como Raúl no someten a sus hijos a esta presión: “Si vamos a una tienda y al niño le gusta una cocinita y a ella una moto, eso les compraremos” declara. Aunque no ha oído hablar de las iniciativas del “juego libre”, las pone en práctica porque prioriza la diversión de sus hijos, antes que cualquier prejuicio basado en el sexo.

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La cara más humana del coronavirus https://www.cuv3.com/2020/06/23/la-cara-mas-humana-del-coronavirus/ https://www.cuv3.com/2020/06/23/la-cara-mas-humana-del-coronavirus/#respond Tue, 23 Jun 2020 05:20:23 +0000 https://www.cuv3.com/?p=87071 Antes de que saltara el Estado de Alarma, Pilar llevaba casi dos semanas trabajando con pacientes que daban positivo en coronavirus. En ese tiempo, ni ella ni sus compañeros contaban con medidas de protección. Lo más duro, cuenta, era al principio: esos primeros días viendo cómo enfermaban sus compañeros de trabajo por haber estado trabajando […]

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Antes de que saltara el Estado de Alarma, Pilar llevaba casi dos semanas trabajando con pacientes que daban positivo en coronavirus. En ese tiempo, ni ella ni sus compañeros contaban con medidas de protección. Lo más duro, cuenta, era al principio: esos primeros días viendo cómo enfermaban sus compañeros de trabajo por haber estado trabajando en esas condiciones. Todas las medidas eran precarias.

A finales de febrero y principios de marzo, los hospitales no disponían de plantas con camas vacías para el Covid-19. Los medios eran escasos, por no decir nulos. Empezó la histeria y la gente que iba a visitar a sus familiares ingresados por otros motivos robaba los geles de manos y las mascarillas: “A nosotros, el personal sanitario, nos daban material con cuentagotas. Con nombre y apellidos”.

“Muchos, cuando les despiertas para la medicación, se asustan o se desorientan por cómo vas vestido”

Estas condiciones empezaron a progresar. Los hospitales ya están habilitados y el personal sanitario cuenta con algo más de material. El outfit del personal sanitario cuenta con un traje de plástico, guante doble, bolsas de basura en los pies, gorro, gafas como de buceo y una doble máscara (si las hay). “Muchos, por la noche, cuando les despiertas para la medicación, se asustan o se desorientan por cómo vas vestido”, asegura Pilar.

Pero no es solo la barrera visual, sino el dolor de cabeza que sufren los sanitarios por la presión de las gafas y la mascarilla, las marcas que les dejan en la cara y el calor que produce el plástico que llevan en el cuerpo… Todo esto son muros que se construyen ante el paciente. La entrada de los pacientes al hospital suele ser la misma: llegan solos, cansados, desesperanzados. Muchos llegan con lo puesto y se quedan así los 15-20 días que están en el hospital, si no son más.

“Parece mentira lo feliz que les puede hacer un cepillo de dientes. Ver esto no te deja indiferente”

Las primeras semanas, los medios de comunicación decían que la curva estaba bajando y que había mejora, pero lo que se veía en los hospitales no tenía nada que ver con la realidad que contaban. En las primeras semanas, había más de 300 personas a la espera de una cama para su ingreso en el hospital donde trabaja Pilar; se quedaban en las sillas o en el suelo del hospital; con malestar, asfixia y mucha angustia.

“Desde que empezó todo esto, no veo las noticias. Para mí, el telediario es mi planta”

Pilar tiene 23 años y lleva ejerciendo 10 meses en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Una de las experiencias más duras que está viviendo es la cantidad de éxitus (así es como llaman a los pacientes que fallecen) de las personas que tuvieron que atender esos primeros 20 días. No había protocolo. El enfermero que había estado con el paciente avisaba a su compañero, en el cambio de turno, que el infectado estaba muy inestable, y una vez llegaba a atenderle ya se había ido. Se morían solos, nadie podía ir a despedirles. Los sanitarios se los encontraban así en la cama. Una escena devastadora que se quedará impresa en todos nuestros trabajadores: “Ver esto cada día que vas a trabajar es psicológicamente muy duro de llevar. Llegas a casa y tampoco cuentas mucho para que no se asusten y no se preocupen demasiado. Al final cargas día tras día tú con ello”.

Un ingreso muy cercano

En el caso de Pilar, esta presión aumentó el día que ingresaron a su padre tras dar positivo. Es entonces cuando empezaron esos sentimientos de culpabilidad, por si había sido ella la transmisora del virus. La preocupación se agrandaba cada día en su casa. Ella era consciente de lo que podía pasarle a su padre, esa imagen la llevaba viendo varias semanas. Cada vez que alguno de sus pacientes se ahogaba, ingresaba en la UVI o se moría solo, porque no había nadie que en ese momento pudiera atenderle, rezaba para que esa persona no fuera él. Sin embargo, esta lucha no se quedaba en el hospital. Pilar tenía que volver a casa, debía mantener viva la esperanza y contarles que todo iba a salir bien, aunque sabía que las probabilidades de que todo empeorase podían cambiar en décimas de segundo.

Ante este escenario tan oscuro, esa esperanza florecía y Pilar tuvo la suerte de tener a su padre ingresado en la planta donde ella trabajaba. No le podía tocar, no le podía besar ni abrazar y muchas veces no la reconocía por el “disfraz” que llevaba encima. Día a día, su padre le preguntaba por sus compañeros de la habitación, muchos ya fallecidos. Tener que quitarle el miedo a un padre no es fácil.

Cuesta hacer memoria de las cosas negativas que se ven diariamente, y más si se vive en medio de una película de terror. Que se  mueran ahogados en tus brazos, ver cómo la preocupación se apodera de sus caras, que la escasez de medios te impida actuar correctamente, el estrés que genera esta circunstancia… no es una batalla fácil, ni siquiera para los más valientes.

Pero siempre hay gente que trata de ver la luz en medio de todo el caos: Pilar se emociona contando la lucha diaria de los enfermos, la emoción del primer día que hablan con su familia después de estar incomunicados durante semanas, la ilusión y las lágrimas por la sanación de un compañero, cómo se cuidan y se preocupan unos de otros, los aplausos, los mensajes de motivación, las miradas de gratitud, las llamadas de amigos o familiares que se preocupan, las frases de algunos pacientes que te repiten incansablemente que te cuides mientras que ellos se van muriendo poco a poco…

“A veces necesitamos un “golpe” para sacarnos de nosotros mismos y pensar así en los demás”

El padre de Pilar salió hace unos días del hospital, sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer. Su padre se siente inseguro con el traslado a casa, le genera ansiedad pensar que puede contagiar a alguno de los suyos por no estar “completamente a salvo del virus”, además de una lucha interna al no poder manifestar su cariño en besos y abrazos a sus hijos y a su mujer.

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“Desde que tengo un TOC, mi peor enemigo es mi cabeza” https://www.cuv3.com/2020/06/18/desde-que-tengo-un-toc-mi-peor-enemigo-es-mi-cabeza/ https://www.cuv3.com/2020/06/18/desde-que-tengo-un-toc-mi-peor-enemigo-es-mi-cabeza/#respond Thu, 18 Jun 2020 08:40:45 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86240 ¿Te imaginas no poder salir a la calle sin antes mirar los zapatos? ¿O estudiar sin tener los bolígrafos alineados? ¿O que nadie se pueda sentar o apoyar en tu cama si recibes visita de algún amigo. Pues esto le ocurre a pacientes como Ainhoa, Alejandro, Cristopher y Alba, que han explicado a cuv3 la […]

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El TOC del orden El TOC del orden El TOC del orden El TOC del orden

¿Te imaginas no poder salir a la calle sin antes mirar los zapatos? ¿O estudiar sin tener los bolígrafos alineados? ¿O que nadie se pueda sentar o apoyar en tu cama si recibes visita de algún amigo. Pues esto le ocurre a pacientes como Ainhoa, Alejandro, Cristopher y Alba, que han explicado a cuv3 la angustia que les transmite vivir con un TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo).

Existe mucha desinformación con los TOC

Se estima que el Trastorno Obsesivo Compulsivo afecta al 2,5% de la población, pero aun así sigue existiendo un enorme estigma en torno a esta problemática debido a la desinformación.

“Si alguna vez no lo hago, me quito el zapato porque siento que me comen los bichos”

Ainhoa explica que se mira los zapatos antes de ponérselos porque si no su cabeza es su peor enemiga. Aunque esté en el transporte público, se quita los zapatos para mirar que no haya nada dentro. Se siente con angustia. Existen varios casos relacionados de gente que no puede dormir con las puertas de los armarios abiertas. En su caso, a eso le da poca importancia. “Fue progresivo, al principio sólo lo hacía con algunos zapatos, pero ahora con todos, hasta con los que me pongo ayer y sé que no tienen nada”, afirma Ainhoa.

“Me tengo que esforzar, porque sino no estoy cómoda”

No son “manías simples”

Ainhoa estudia Magisterio de Primaria en Cádiz. Afirma que le “da igual” contarlo, pero a veces siente un poco de vergüenza porque piensa que la gente va a pensar que está loca. “El problema fue cuando llegaron las supersticiones y vi que no era una manía simplemente, me vino una angustia y una ansiedad enorme, me preocupaba tanto que empecé a suspender asignaturas”, asegura Ainhoa.

“Me da igual que la gente no lo haga. Pero es verdad que va creciendo mi TOC”

Alejandro Robledo estudia Ingeniería Mecánica en Madrid y tiene una vida normal. “No creo que fuera capaz de suspender porque mi cabeza antes de estudiar tiene que ponerlo todo en orden, si no no me pongo”, afirma Alejandro. Este es un Trastorno Obsesivo Compulsivo que le ocurre a mucha gente, según la OMS. “Me relaja saber que todo está en orden y bajo control, si escucho o veo algo fuera de lugar tengo que dejar de hacer lo que esté haciendo”, asegura Cristopher Vilchez.

“No puedo ponerme a estudiar sino está todo ordenado”

Alba Mercado, estudiante de derecho, no puede vivir si las perchas no están en orden y si alguien se sienta en su cama cuando ha estirado todas las sábanas. “Aviso antes a la gente, porque si no me pongo de los nervios y no es culpa de ellos, es mi cabeza”, afirma Alba. Además, suele estar relacionado con trastornos de simetría de líneas según explica la Organización Mundial de la Salud, como por ejemplo: los pasos de cebra, los cuadros rectos, el orden en los armarios, etc.

Existen medicamentos y ayudas para los TOC

Entre los fármacos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos para tratar el TOC pueden mencionarse algunos como por ejemplo Clomipramina para adultos y niños de los 10 años o Fluoxetina para adultos y para niños a partir de los 7 años. Esto se usa para tratar la depresión también, alivia los pensamientos molestos y la necesidad de realizar algunas acciones una y otra vez. También se usa para los ataques de pánico repentinos e inesperados.

Según la OMS está entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes

En cuanto a acudir al psiquiatra es un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos intensivos, recurrentes y persistentes, que producen inquietud, aprensión, temor o preocupación. Son conductas repetitivas denominadas compulsiones dirigidas a la ansiedad asociada. Esto puede presentarse a cualquier edad. Según la OMS puede presentar una importante discapacidad. La OMS lo incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes con una prevalencia del 0,8% en adultos y 0,25% en niños y adolescentes.

A parte de los psicofármacos, existen varios tipos de especialistas que pueden ayudar a aliviar esas compulsiones por ejemplo la psicoterapia conductual, la psicoterapia cognitiva o la psicoterapia de orientación psicoanalítica.

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De Vinted a Pinkiz: la nueva vida de la ropa https://www.cuv3.com/2020/06/08/de-vinted-a-pinkiz-la-nueva-vida-de-la-ropa/ https://www.cuv3.com/2020/06/08/de-vinted-a-pinkiz-la-nueva-vida-de-la-ropa/#respond Mon, 08 Jun 2020 05:31:42 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86647 El mundo de la moda se reinventa cada día. Ya no hace falta acudir a las tiendas a comprar la ropa, lo podemos hacer por internet. Tampoco estamos supeditados a las grandes marcas y a sus precios, la aparición de aplicaciones de venta de ropa de segunda mano son una realidad y cada vez son […]

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El mundo de la moda se reinventa cada día. Ya no hace falta acudir a las tiendas a comprar la ropa, lo podemos hacer por internet. Tampoco estamos supeditados a las grandes marcas y a sus precios, la aparición de aplicaciones de venta de ropa de segunda mano son una realidad y cada vez son más usadas por los usuarios.

Esta nueva vida, sin alarmas ni etiquetas

En estas plataformas no existen etiquetas, tampoco alarmas ni bolsas con el logotipo de las marcas estampadas en ambos lados. La ropa la mayoría de las veces es usada, pero se encuentra en un estado aceptable, lo que hace posible su compra y que así alguien pueda volver a disfrutar de la prenda.

Vinted’ es un ejemplo de aplicación de venta de ropa de segunda mano. Se encuentra en el puesto 11 del ranking de descargas en la categoría “estilo de vida” del App Store. Bajo el eslogan “¿No lo usas? ¡Véndelo!” se reúnen millones de usuarios que suben a su perfil aquellas prendas que no quieren en su armario. Todas ellas comparten una cosa, la espera  de que alguien en cualquier lugar del planeta lo compre.

Con Vinted podemos llegar a muchísima gente

En ‘Vinted’ no existen las fronteras. Paloma, usuaria de esta aplicación afirma: “El mercado es más amplio, podemos llegar a muchísima gente, podemos vender más y comprar más ”. Y así es, a través del buscador puedes ver todo tipo de prenda o de marcas. “Es muy importante el estado de la prenda”, por ello cada prenda cuenta con una caja de características en las que puedes informarte sobre el estado en el que está”, sentencia la joven.

No solo compras a precios bajos, también puedes vender

Un altavoz muy importante para que estas aplicaciones lleguen a los usuarios son los influncers. Muchos de ellos se atreven a vender la ropa que no usan y de ese modo ganar dinero, y además no dudan en contar su experiencia, como es el ejemplo de Natalia. Con casi 80 mil seguidores en Instagram muestra a sus seguidores cómo pueden usarlo. “No solo compras artículos a precios bastante bajos, también puedes vender tu armario y deshacerte de cosas que no usas”, afirma Natalia.

“Tienes que decir al mundo que tienes perfil en Vinted y que vas a subir cosas chulísimas”

Además no todo reside en hacerte el perfil y que quede ahí. Tras crearlo comienza la labor de darlo a conocer a la mayor gente posible. “Tienes que decirle al mundo que tienes un perfil en Vinted y que vas a subir cosas chulísimas” confiesa la influencer. Y una de las cosas que tiene Vinted es la posibilidad de comprar por lotes y así disfrutar de descuentos.

“Teniendo en cuenta que los precios son muy bajos no está nada mal reforzarlo con ese porcentaje de descuento”, cuenta Natalia. Todo con un fin, vaciar nuestro armario de ropa que no usamos y de paso sacar partido de esa segunda vida de las prendas. “Al final de lo que se trata es de ganar un dinerillo y vaciar nuestro armario”, sentencia la joven.

‘Pinkiz’, el Instagram de la venta de ropa

Pinkiz’ es otra aplicación del mismo estilo. Conocida como el Instagram de la ropa, aquí lo importante no son las fotografías o la edición que has hecho en ellas, la atención se la lleva la ropa. Con una interfaz muy similar a la red social propiedad de Facebook, puedes subir las prendas que no usas y venderlas. Eso sí, sin comisiones y con el objetivo de darle una nueva vida a algo que no usas.

La moda de lujo de segunda mano en ‘Vestiaire Collective’

En estas aplicaciones se puede subir cualquier tipo de prenda y de marca, pero también hay espacio para la moda de lujo. Sus precios son muy elevados en las grandes tiendas pero muchos usuarios se decantan por ‘Vestiaire Collective‘. Esta aplicación es un espacio para la venta de moda de lujo en el que firmas como Louis Vuitton, Gucci o Hermés están presentes para dar una segunda vida a esos productos tan caros. Siendo conscientes del valor de la marca y de la ropa, la propia aplicación pone a disposición el poder financiar las compras.

Los centros comerciales han pasado a estar en nuestros móviles

Las formas de consumir están cambiando, es obvio. Ejemplo de ello son aplicaciones como ‘Vinted’ o ‘Pinkiz’ que sustituyen los paseos por los centros comerciales por un catalogo en la pantalla de nuestro smartphone. Además ya no solo compramos online en las principales tiendas, ahora también podemos vender y así permitir una segunda vida a nuestras prendas. Lo que está claro es que para los más forofos del mundo de la moda, la ilusión por la ropa es la mismo, eso sí, ahora más sostenible, de segunda mano y ganando un dinerillo.

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Fresnedillas de la Oliva: el pueblo de las 30 nacionalidades https://www.cuv3.com/2020/06/01/fresnedillas-de-la-oliva-el-pueblo-de-las-30-nacionalidades/ https://www.cuv3.com/2020/06/01/fresnedillas-de-la-oliva-el-pueblo-de-las-30-nacionalidades/#respond Mon, 01 Jun 2020 07:05:17 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86604 A unos 60 kilómetros de Madrid, apenas una hora de viaje, se encuentra un pueblo que es reconocido por sus gentes en particular. Se trata de Fresnedillas de la Oliva, un municipio que acoge entre sus habitantes a casi 30 nacionalidades diferentes. Marroquíes, chinos, armenios o argentinos son unas de las muchas identidades que habitan […]

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A unos 60 kilómetros de Madrid, apenas una hora de viaje, se encuentra un pueblo que es reconocido por sus gentes en particular. Se trata de Fresnedillas de la Oliva, un municipio que acoge entre sus habitantes a casi 30 nacionalidades diferentes. Marroquíes, chinos, armenios o argentinos son unas de las muchas identidades que habitan esta pequeña localidad madrileña.

Concejales argentinos y armenios en Fresnedillas de la Oliva

Son las 10 de la mañana cuando llega al ayuntamiento de la localidad uno de sus concejales, Andrés Rapaport, un afinador de pianos argentino que, tras venir al pueblo y considerarlo su hogar, decidió poner su granito de arena como concejal: “Me vine a vivir a este pueblo y en un momento dado me sentí muy acogido, y fui modelando un compromiso social con el pueblo que pasaba por la participación en la vida política. Es un orgullo ya que lo he hecho mi hogar”. Asegura con rotundidad que la política en los pueblos es diferente, al igual que la ideología: “Lo que importa es el compromiso con los vecinos y las necesidades del pueblo; calles, alcantarillado, pequeños proyectos…”.

“Lo que importa aquí es estar pendiente de las calles y del alcantarillado”

Entre sus calles se respira la vida de pueblo, ancianos contemplando obras, ‘reuniones’ de señoras en los bancos… Dependiendo de a donde te dirijas, puedes encontrarte con personas de diferentes países del mundo. En cada esquina del pueblo hay un pequeño trozo del mundo, y no, no estamos en la Puerta del Sol. Todos sus habitantes destacan que se vive en plena armonía y tranquilidad: “La convivencia es muy buena”, aseguran los vecinos. El acogimiento de sus paisanos es inmejorable en todos los sentidos, así nos lo cuenta una de las vecinas que vino a vivir después de una larga estancia en la gran ciudad: “Me vine aquí a vivir hace ya 15 años porque la gente te acoge estupendamente, es un gusto”.

“Me vine aquí a vivir hace ya 15 años porque la gente te acoge estupendamente, es un gusto”

El pueblo con más diversidad cultural de la Comunidad de Madrid

Con orgullo, presumen de ser el municipio con más integración cultural de la Comunidad de Madrid: “A Fresnedillas viene todo el mundo”, afirman los residentes. Otra de sus concejalas también proviene del extranjero, ella es Anna Avalyan y es armenia: “Llevo viviendo en Fresnedillas 23 años de los 30 que tengo y nunca ha habido diferenciación entre si yo soy armenia o soy de Fresnedillas. Es un pueblo muy abierto”. Y es que aseguran que todo el que viene aquí, es para quedarse.

(Con información de Juanma Moreno)

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Lo que me robó la cuarentena (10) / Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar… https://www.cuv3.com/2020/05/29/lo-que-me-robo-la-cuarentena-10-dormir-comer-estudiar-dormir-comer-estudiar/ https://www.cuv3.com/2020/05/29/lo-que-me-robo-la-cuarentena-10-dormir-comer-estudiar-dormir-comer-estudiar/#respond Fri, 29 May 2020 06:28:01 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86863 Arriba con energía. Son las 14:00. A pesar de haber comenzado hace poco, el confinamiento ya ha alterado mis horarios. Solo las ocasionales clases virtuales me permiten mantener cierto orden. Al menos no estoy sola, en todo momento hay algún amigo despierto, ya sean búhos o alondras. El trastorno está bastante extendido como evidencia la […]

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Arriba con energía. Son las 14:00. A pesar de haber comenzado hace poco, el confinamiento ya ha alterado mis horarios. Solo las ocasionales clases virtuales me permiten mantener cierto orden. Al menos no estoy sola, en todo momento hay algún amigo despierto, ya sean búhos o alondras. El trastorno está bastante extendido como evidencia la alumni de Villanueva María Palmero en VozPopuli: “Si el insomnio ya era frecuente en España, con una incidencia de entre el 20 y el 30%, ahora se ha agravado considerablemente con el encierro al que estamos sometidos.”

El insomnio se ha agravado con el encierro

Me preparo el desayuno para empezar bien el día… o la tarde. Engullo las tostadas, apuro los últimos sorbos de Colacao y me siento frente a mi portátil dispuesta a dar el 100%. Quiero que este receso sea una oportunidad para centrarme en mis estudios y, además, para hacer deporte, leer u ordenar el armario, todo para lo que nunca tenía tiempo.

Productividad

Termino la tarea y a comer de nuevo, esta vez me toca limpiar la cocina. “La casa se ensucia más rápido con toda la familia haciendo un uso constante de ella. Es importante mantener el orden y la limpieza para hacer el confinamiento más fácil y llevadero para todos”, expone Patricia Gubieda en Decoesfera.

“La casa se ensucia más rápido con toda la familia haciendo un uso constante de ella”

Me merezco un pequeño descanso. Ya he sido bastante productiva, así que me permito ver la televisión un rato porque es más relajante que hacer deporte, leer u ordenar el armario. Edith Sánchez explica en lamenteesmaravillosa.com que “al momento de mirar la tele, nuestro cerebro apenas funciona.” Y es precisamente lo que necesito: desconectar.

Otra vez deberes, comer, deberes, comer. Cuando acabo la rutina, hablo con mis amigos. Estando recluida es importante mantener el “contacto” con mis seres queridos. ¡Vaya! No he podido hacer tantas cosas como planeaba. Pero no pasa nada, aún queda mucho encierro por delante. Mañana será distinto.

Me levanto. Comer, universidad, televisión, comer, universidad, comer, televisión, comer, amigos. Qué lata ¿no? Querría hacer deporte o algo de ejercicio. Como recoge Infosalus: “El Grupo de trabajo de Endocrinología, Nutrición y Ejercicio Físico (GENEFSEEN) de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha insistido en la importancia de realizar actividad física durante el confinamiento”. Es fundamental para nuestra salud física y mental incluso.

Los expertos insisten en la importancia de realizar actividad física durante el confinamiento

Al día siguiente, lo mismo. Comer, universidad, televisión, comer, universidad, comer, televisión, comer, amigos. Algo cambia: por fin consigo sacar un momento para hacer deporte. Estoy más motivada porque he quedado con una amiga para hacerlo juntas por videollamada. Sienta bien, pero lamentablemente mi rutina no me permite ejercitarme con regularidad. No tengo tanto tiempo libre como creí que tendría. Vivo en una rueda de hámster, realizando las mismas actividades una y otra vez. Una y otra vez.

No tengo tanto tiempo libre como creí que tendría. Vivo en una rueda de hámster

Hastío

Arriba pero con menos energía y menos ganas. Comer, universidad, televisión, comer, universidad… Pff, las prácticas me tienen frita. Antes de la cuarentena tenía motivaciones ajenas a la ambición académica, pero ahora miro al horizonte y solo veo más trabajo. Cuando era libre tenía días mejores y peores, claro, pero había ilusión. Ilusión de que terminara la clase para pasar el descanso con mis compañeros, desahogándonos. Ilusión de que llegara la noche y el abrazo de mi novio me curase todos los males, de la misma forma que otros hallaban consuelo en sus amigos o familiares. Más allá, me ilusionaba culminar la semana con algún plan para evadirme. El tedio era sustituido por la esperanza de un futuro que podría brindar alivio, anécdotas, risas, buenos momentos… Pero eso ha desaparecido.

Miro al horizonte y solo veo más deberes

Toca despertarse ¿realmente tengo que hacerlo? No, por favor. Estoy harta. Me siento anulada como persona. Soy como un autómata con la misma tarea: Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar. Vivimos una condena. Al fin y al cabo, el “arresto domiciliario” es un castigo para los delincuentes.

El hoy y el mañana se han esfumado, solo quedan los plazos de entrega. La monotonía es un tormento que se cierne sobre mí, aparentemente inocua, como lo haría una gota sobre mi cráneo. Esther Samper en el diario.es muestra que la mayoría de personas en aislamiento padecemos “una gran variedad de efectos sobre la salud mental: depresión, ansiedad, insomnio, ira, miedo, síntomas de estrés postraumático, aburrimiento, nerviosismo, tristeza, sensación de soledad, agotamiento emocional…”

La cuarentena produce una gran variedad de efectos sobre la salud mental

Recurro a las redes sociales para asomarme a los agridulces recuerdos, que muchos comparten, de los días de esparcimiento. La cuarentena me ha robado las cervezas con mis amigos, comer en restaurantes, las fiestas de los fines de semana, las reuniones familiares, las citas con mi pareja, los cursos, las clases, los descansos con mis compañeros de universidad, las prácticas en verano, los viajes, la ilusión, la vida…

Esperanza

La esperanza está puesta en el verano. A pesar de que no esté permitido viajar, y aunque se nos trate como ganado, contados y dirigidos, al menos podremos salir. Podré ver a mis allegados, comer fuera, celebrar las ocasiones especiales… En esencia, disfrutar de un ocio que es vital, como verifica Christiane Lelievre en el medio Vanguardia : “El goce del tiempo libre es sano y necesario, permite pensar, descansar, desarrollar la creatividad y aptitudes artísticas.” La condena que sufrimos habrá terminado.

En verano podremos disfrutar de un ocio que es vital

Precisamente nuestro estilo de vida tan social y callejero, cuya pérdida ha dificultado sobrellevar el aislamiento, es el mismo que nos ayudará a recuperarnos y disipar el malestar emocional, explica Úrsula Perona, psicóloga, en su entrevista con la revista Casa Mediterráneo: “Nuestro estilo de vida mediterráneo va a convertirse en un factor de recuperación porque vamos a volcarnos en la vida social, en los amigos, en el disfrute, en el ocio… y eso nos va a ayudar a recomponernos.”

Ya queda poco. Después de la tormenta llega la calma. Erguidos frente a todo, resistiremos.

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Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado. Siempre ha estado ahí, pero para la gran mayoría de cosas, no hay tiempo.

El despertador que sonaba muy temprano, el viaje en autobús viendo como la ciudad despertaba entre faros de coches y luces rosadas que enmarcaban los edificios de la capital, los saludos precipitados con muchos pestañeos para aplastar el sueño, el café puesto con una sonrisa, los dedos cansados de tomar apuntes y el cerebro vivo de aprender cosas nuevas. No lo valorábamos, teníamos tiempo.

No lo valorábamos, teníamos tiempo

Las risas de los descansos, los cinco minutos robados entre clases, las lágrimas por la presión, los abrazos de tus amigos que recomponían todos los pedazos, la mirada de comprensión, la palma de la mano que frotaba tu espalda para infundirte valor. Un “hasta pronto”… que no se cumplió. El salto que íbamos a dar y el abismo con el que nos topamos.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado.

La foto para la orla que no nos hicimos, la graduación que no tuvimos, pensábamos que teníamos tiempo. Las prácticas sin contacto humano que tendremos, el último año que se nos va entre los dedos, porque era el momento del salto y encontramos un abismo. Cerrábamos un ciclo para empezar otro, comenzábamos nuestra nueva vida, estábamos listos para perseguir nuestros sueños.

La despedida

Lo que me robó la cuarentena: la despedida.

Para el colegio de psicólogos de Madrid la despedida simboliza un cierre necesario para transitar de una etapa a otra de la vida.

Los expertos dicen que todo cambio de etapa genera un duelo, no hay que meter la cabeza en el suelo como los avestruces ni dar la espalda a lo que sucede para evitar sentirnos mal. Lo que hay que hacer es repasar, paso a paso, cada una de las vivencias que formaron parte de este proceso y, finalmente, realizar un balance de las positivas y también de las complicadas. Aprender, por nosotros mismos, a decir adiós.

Aprender, por nosotros mismos, a decir adiós

Fogonazos de estos cuatro años se suceden por mis retinas como si se tratase de una película:

2016: tenía el pelo largo y las ilusiones puestas. Conocí a Raquel y a María. Me sonrieron. De compañeras pasaron a amigas. Entré en Cuv3, averigüé que me encanta contra historias.

2017: llevaba mechas rubias y la sonrisa despeinada. Tomaba cuatro cafés y me los ponían sin juzgar mi adicción a la cafeína. Gracias Eva y Cristina.

Recibía abrazos de Raquel y María todos los días. Viajé a Hollywood, conocí gente, conté historias, me reí hasta que las carcajadas se desbordaron de mis labios y vi un atardecer en Venice Beach. Las fachadas, decoradas con cuadros famosos, iban cambiando sus tonalidades conforme la luz se fundía por el horizonte, pasaban de azul a rojo para culminar en naranjas y explotar en rosa.

2018: “ojo por ojo y el mundo acabará ciego” respondí ante un dilema ético de antropología. Descubrí que Gandhi era un sabio. Conté mas historias, soñé más alto, me reí con mis amigas, aprendí de semiótica y también de psicología.

2019: me corté el pelo. Mucho. Raquel me abrazó y me miró como se miran las cosas que realmente valen la pena. Hice prácticas, conté historias. Regalé muchas sonrisas, compartí bocadillos de tortilla y me despedí de mis amigas diciendo que el 2020 sería nuestro año, llegaba el salto.

2020: abrazos, caricias en el pelo, lágrimas en el baño porque, a veces, el estrés se nos desbordaba por los ojos. Contar más historias, mirar vestidos para el gran día, el de la despedida. Planear el futuro con tus amigas… Sueños por cumplir y, de pronto, abismo.

Lo que he aprendido

El cerebro tiene que averiguar todo lo que le ha aportado algo para aprender de ello y poder cerrarlo. Cerebro, apunta todo esto: amistad, crecimiento, formación, pasión por el periodismo, sueños, metas y ganas de comerse el mundo.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado. Siempre ha estado ahí, pero para la gran mayoría de cosas, no hay tiempo.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado

¿Sabéis otra cosa curiosa del tiempo? Mientras estás viviéndolo solo te fijas en lo malo, pero cuando lo recuerdas piensas en lo bueno.

No hemos tenido la despedida que nos merecemos, pero la tendremos porque, quizás, para eso sí hay tiempo. Mientras tanto seguiremos contando historias, aunque nos veamos a través de una pantalla.

Hasta pronto Villanueva.

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Lo que me robó la cuarentena (8) / A mi derecha Alba, a mi izquierda María https://www.cuv3.com/2020/05/27/lo-que-me-robo-la-cuarentena-8-a-mi-derecha-alba-a-mi-izquierda-maria/ https://www.cuv3.com/2020/05/27/lo-que-me-robo-la-cuarentena-8-a-mi-derecha-alba-a-mi-izquierda-maria/#respond Wed, 27 May 2020 06:26:42 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86934 Nadie nos preparó para despedirnos el 10 de marzo. Tampoco nadie sabía que sería la última vez que iríamos a la universidad en nuestro último curso de Periodismo. Tras cuatro años de rutina, de caras dormidas, de cafés en la cafetería, de miedos, de alegrías y escaleras que nos iban a llevar, por última vez, […]

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Nadie nos preparó para despedirnos el 10 de marzo. Tampoco nadie sabía que sería la última vez que iríamos a la universidad en nuestro último curso de Periodismo. Tras cuatro años de rutina, de caras dormidas, de cafés en la cafetería, de miedos, de alegrías y escaleras que nos iban a llevar, por última vez, a nuestra clase. Y nos sentamos como siempre: A mi derecha Alba, a mi izquierda María. No éramos conscientes de que sería la última vez, ni de todo lo que me robaría la cuarentena. 

El coronavirus finalmente llegó a Madrid. Fueron días de nervios sin saber qué iba a pasar con las clases y, de un día para otro, llegó el confinamiento. Recibimos un correo el lunes 9 de marzo para anunciarnos que, definitivamente, se suspendían las clases al menos dos semanas. Nadie pensaba que el día siguiente sería la última vez que pisaríamos la universidad. Y fue la despedida más atropellada y fría que podíamos imaginar. 

El valor de lo cotidiano

Nadie te dice al entrar en primero de carrera todo lo que vas a vivir, y si te lo cuentan, no lo creerías, pero menos aún si te ha tocado pasar una pandemia mundial acabando la carrera. Amistades, clases, el aprendizaje más serio desde que empiezas a ir al colegio con 6 años, profesores que se convierten en padres. Pero, sobre todo, rutinas que no valoras hasta que las pierdes. 

Subimos por última vez las escaleras que nos llevaban a clase

Ese 10 de marzo nos reunimos, como siempre, Alba, María y yo a la entrada de la universidad. Hablábamos nerviosas, intranquilas, imaginando qué iba a ser de nosotras, y más con un trabajo de fin de grado a medio hacer. Antes de clase un café, era parte de nuestra rutina inconsciente. Hablamos un rato con Eva y Cristina, como llevamos haciendo desde el 2016 día tras día, convirtiéndose casi nuestras segundas madres. 

Nos dirigimos hacia las escaleras, esas que habíamos subido siempre como algo rutinario y que ese día nos llevarían, por última vez, a nuestra clase. Primera planta, al fondo a la derecha justo al lado de la biblioteca. “Perdonad chicos, llevaba un buen rato buscando la clase y no la encontraba”. Así era nuestro día a día cada vez que venían profesores nuevos. Nadie nos encontraba, pero eso nos gustaba. 

La última vez

Dejamos nuestros abrigos en la mesa del fondo, el bolso colgado en la silla, el ordenador y nos sentamos. A mi derecha Alba, a mi izquierda María. Como llevamos haciendo casi desde el primer día de universidad. El 2020 era nuestro año, o eso creíamos. Por fin nos graduábamos, habíamos conseguido terminar la carrera. Juntas. Pero todo esto iba a cambiar. Todos los planes que habíamos imaginado, todo lo que debíamos hacer las tres unidas, presentar los últimos trabajos, ir a las últimas clases, defender el trabajo de fin de grado tan temido, hacer nuestros últimos  y esperados exámenes en la clase de siempre… 

La cuarentena me robó terminar la carrera por la puerta grande

Ninguna sabíamos que ese día sería el último que nos sentaríamos las tres juntas. Simplemente lo dimos por hecho. Nos quedaba mucho por hacer, muchos momentos que vivir, pero me los robó la cuarentena. Egoístamente. Los últimos días de clase, las últimas experiencias, las últimas presentaciones, la defensa del trabajo de fin de grado y, por supuesto, nuestra graduación. Pero ese día no caímos. No sabíamos que sería el último que entraríamos y andaríamos a nuestras anchas por la universidad. No sabíamos y, por eso, no nos despedimos como nos merecíamos. Sabíamos tan poco, que nos dejamos muchas cosas por hacer. 

No nos despedimos como nos merecíamos

Pero sobre todo la cuarentena me ha robado mis últimos momentos con mis amigas. Los “Hola reina, ¿cómo estás?” de Alba, y el “confirmamos” de María. Nos ha robado el acabar por la puerta grande, como llevábamos esperando cuatro años. Ese momento de subir las tres juntas de la mano y llorar de felicidad porque, por fin, lo habíamos conseguido. Juntas. En vez de esto, hemos tenido que terminar el curso a través de una pantalla y conformarnos con vernos en la distancia. Sin despedidas a la salida de la universidad y un “hasta mañana” sabiendo que llegaría de verdad. Porque, de golpe, la cuarentena me ha enseñado a sentarme sola, sin Alba a mi derecha y sin María a mi izquierda. 

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Lo que me robó la cuarentena (7) / Una maleta llena de sueños a medias https://www.cuv3.com/2020/05/26/lo-que-me-robo-la-cuarentena-7-una-maleta-llena-de-suenos-a-medias/ https://www.cuv3.com/2020/05/26/lo-que-me-robo-la-cuarentena-7-una-maleta-llena-de-suenos-a-medias/#respond Tue, 26 May 2020 06:25:57 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86911 Camisetas, vaqueros, chaquetas y calcetines para no sé cuántos días, pero, no importa, siempre son necesarios. ¿Dónde guardo los libros? No puedo dejármelos, no sé cuándo podré volver a la universidad y tengo que terminar el TFG. Quizá debería llevarme también el manual de la autoescuela, así podré seguir haciendo test en casa. La maleta […]

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Camisetas, vaqueros, chaquetas y calcetines para no sé cuántos días, pero, no importa, siempre son necesarios. ¿Dónde guardo los libros? No puedo dejármelos, no sé cuándo podré volver a la universidad y tengo que terminar el TFG. Quizá debería llevarme también el manual de la autoescuela, así podré seguir haciendo test en casa. La maleta comienza a llenarse,  ¿qué más echaré de menos?

“Sin darme cuenta, me lo había dejado todo”

Con el paso de los meses, he visto cómo el coronavirus y la cuarentena han ido transformando el escenario social. Ya nada es como lo recordaba entonces. Siento que mi vida ha cambiado, estoy cansada. El tiempo pasa con mucha rapidez, pero al final, los días se repiten. Toda la ropa que me traje no la necesito, no se puede salir a la calle. Al final me doy cuenta de que todo lo que me había llevado de Madrid, no lo necesitaba, en realidad, sin darme cuenta, me lo había dejado todo.

“No fui consciente en el momento de la gravedad de la situación”

Las primeras semanas fuera de la que había sido mi casa durante cuatro años, no habían sido malas del todo. Dejar atrás las prisas de los madrugones en el metro, mis tres cafés mañaneros en clase y el ritmo frenético de una ciudad que no descansa me vinieron bien, o eso creía. Sin embargo, nada tuvo que ver con la realidad.

Adiós abuelas, hasta pronto

Sin apenas despedirme con el tiempo suficiente, había dejado a mis abuelas en la capital. No fui consciente en el momento de la gravedad de la situación hasta que ya me había ido, las abuelas no son para siempre. Se acabaron las buenas noches en bata y las comidas de domingo por el barrio, ahora nos conformamos con llamarnos cuando podemos. “Qué ganas de verte hija, cuídate” es una frase que ahora se repite.

“No sabíamos cuándo volveríamos a reencontrarnos, a día de hoy tampoco”

Amigas y confidentes

Las que habían sido mis reuniones matutinas en la universidad con mis amigas Raquel y Alba, se habían transformado en encuentros virtuales con la clase. No sabíamos cuándo volveríamos a reencontrarnos, a decir verdad, a día de hoy, tampoco lo sabemos. Hemos tenido que adaptarnos a nuevas plataformas y escenarios de encuentro virtuales, pero nada que ver con un abrazo caluroso de quienes están ahí siempre. Por ahora, solo nos queda conformarnos con nuestras nuevas mejores amigas, las pantallas.

No habrá saraos suficientes donde poder descargar en bailes la energía acumulada

Además, se han quedado en el aire miles de futuros planes y cumpleaños por celebrar. Echo de menos mi hogar, Galicia, donde me esperan mis amigas y todas las terrazas que nos quedan por ocupar. No habrá saraos suficientes donde poder descargar en bailes la energía acumulada.

Sueños a medias

Me doy cuenta de que tampoco me traje la ilusión. Me dejé en Madrid todos los sueños a medias de una nueva etapa de mi vida que estaba a punto de comenzar, la incorporación al mercado laboral. Imagino que poco a poco podré ir recuperando la esperanza a la vez que todos podamos coger las riendas de nuestras vidas de nuevo.

Las cosas que más necesitamos son invisibles a nuestros ojos

Una maleta diferente

Espero poder volver pronto, esta vez, con una maleta diferente, con las cosas que más necesitamos y que solemos olvidar. Aquellas que son invisibles a nuestros ojos, pero imprescindibles en el día a día.

Ánimo, ya queda menos.

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Lo que me robó la cuarentena (6) / El último pincho de tortilla en la universidad https://www.cuv3.com/2020/05/25/lo-que-me-robo-la-cuarentena-6-el-ultimo-pincho-de-tortilla-en-la-universidad/ https://www.cuv3.com/2020/05/25/lo-que-me-robo-la-cuarentena-6-el-ultimo-pincho-de-tortilla-en-la-universidad/#respond Mon, 25 May 2020 06:25:02 +0000 https://www.cuv3.com/?p=86874 Universidad Villanueva, Innovation Lab, 10:40 de la mañana, el profesor recoge sus cosas y se acaba la clase, mi compañero Jorge Richter y yo nos levantamos como un resorte, nos miramos de reojo y decimos a la vez: ”¿¡Un desayunito no?!”. La respuesta no es necesaria, agarro la mochila, abro la cremallera y cojo mi […]

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Universidad Villanueva, Innovation Lab, 10:40 de la mañana, el profesor recoge sus cosas y se acaba la clase, mi compañero Jorge Richter y yo nos levantamos como un resorte, nos miramos de reojo y decimos a la vez: ”¿¡Un desayunito no?!”. La respuesta no es necesaria, agarro la mochila, abro la cremallera y cojo mi cartera: ”¡Hoy invito yo!”. El pincho de tortilla recién hecho nos espera. Solo podemos sonreír.

Mi madre no para de repetirme como si estuviera en el colegio, que me lleve un bocadillo, unas galletas o una pieza de fruta… pero nunca le hago caso. A mí me gusta desayunar o tomarme un tentempié en la universidad: los pinchos de tortilla, las tostadas, los donuts, las foccacias… Este último año de la carrera me he pulido el dinero de las prácticas en desayunos en la universidad, dos o tres euros al día se acaban notando en la cuenta corriente. Pero vale la pena.

El mejor momento del día

Sin duda, uno de los mejores momentos del día era el desayuno en la cafetería. Entraba y veía la comida en las bandejas, me gustaba todo y tenía mucha hambre. En ese momento no quería otra cosa. Veía la tortilla recién hecha, cuajadita, con un color perfecto, su trozo de pan crujiente al lado y no podía resistirme, se me hacía la boca agua.

Para nosotros ya formaba parte de la rutina, salíamos de clase, nos dirigíamos al comedor y mientras elegíamos la comida charlábamos con Eva y Cristina, el personal de cafetería. Siempre con una sonrisa en la boca, te preguntaban qué tal el día y tú se lo contabas.

A veces pienso que su trabajo es más difícil de lo que puede parecer, no son simplemente personas que te ponen un café o que te preparan un ColaCao… Al final su labor es estar de cara al público, forman parte del ambiente de la cafetería.

Muchos alumnos llegamos a la barra con nuestros problemas; hemos suspendido un examen, nos ha salido mal una práctica, o nos hemos enfadado con un compañero. Sin embargo, ahí están ellas para preguntarte, hacerte reír o quitarle hierro al asunto, te dan tu café caliente, tu pincho de tortilla y te vas más contento. Parece sencillo, pero no lo es.

Ahí están ellas para preguntarte, hacerte reír o quitarle hierro al asunto

Me despido de la universidad y me siento raro, no ha sido como lo hubiera imaginado, cambiaría muchas cosas, maldito coronavirus… Sin embargo, al igual que otras muchas cosas, echaré de menos el ambiente en la cafetería, las charla con amigos, los paseos por el barrio en el descanso y como no… a las personas, lo más importante de todo, lo que recordaré 20 años después. Tal vez no pueda despedirme ahora pero en un futuro muy cercano lo haré. De momento, me comeré un pincho de tortilla como recuerdo.

Como dice Tallahassee en la película ‘Zombieland’: ”Hay que disfrutar de las pequeñas cosas“.

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