Nobel al periodismo (4): Un premio a la libertad de expresión

Detrás de cada premio Nobel de la Paz siempre ha habido una Ressa y un Muratov. Detrás de cada historia siempre están ellos, los periodistas. Siempre está la libertad de expresión. Periodismo y libertad. Libertad y periodismo. Dos palabras que, si las unes, surge uno de los mejores sistemas políticos: la democracia. Estas tres palabras están completamente unidas, de modo que si una cae, caen las otras dos. Sin periodismo es imposible que haya democracia, pero, sin libertad, es imposible que haya periodismo. Pero, ¿cuál es la figura que une estos tres términos? Los periodistas. Son ellos los que, día a día, luchan contra la censura, el silencio, la precariedad y las presiones. Gracias a ellos, este año el premio Nobel de la Paz se le ha concedido a la libertad de expresión.

María Ressa, una periodista de Filipinas, y Dmitry Muratov, un periodista de Rusia, han sido galardonados con el premio Nobel de la Paz gracias a su labor contra gobiernos autoritarios y otras fuerzas hostiles. Ella es fundadora de un medio digital de investigación que denuncia los excesos del Gobierno de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas. Él es fundador del periódico “Novaya Gazeta”, del que seis de sus periodistas fueron asesinados. Ambos son defensores de la libertad de expresión.

¿Merece un Nobel de la Paz una profesión cuestionada? 

Según la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), en el año 2020, 50 periodistas fueron asesinados, dos de cada tres en países en paz, como México, Honduras o Filipinas (país de origen de Ressa). Esto demuestra que, en algunos países, la defensa de la libertad de prensa y de la democracia se convierte en una lucha entre la vida y la muerte. 

Si echamos la vista atrás, podemos ver miles de ejemplos en lo que los periodistas han jugado un papel fundamental para garantizar la democracia. El “caso Watergate” es, posiblemente, el caso de corrupción más famoso destapado por la prensa. Un caso que, de no haber sido por los periodistas, nunca se hubiera descubierto. Lo mismo ocurre con “Los Papeles del Pentágono”. O en España con “Los Ere” en Andalucía que, de no haber sido gracias a unos audios que el periódico “ABC” filtró, quizá nunca hubiesen salido a la luz. 

Sin embargo, en la otra cara de la moneda nos encontramos con ejemplos en los que la prensa se ha visto en peligro y, en algunas ocasiones, los periodistas han sido asesinados. El atentado en París contra la revista “Charlie Hebdo” hizo que todo el planeta, periodistas y no periodistas, se preguntaran cómo era posible que, en un país como Francia, el diálogo y la libertad se viesen opacados por la censura y la maldad. Por otro lado, el hashtag #DavidyRobertoSoisPeriodismo inundó las redes sociales aquel triste día del 28 de abril. Ellos murieron al contar la verdad. Su oficio consistía en eso, en compartir. 

Según la APM, en 2020 fueron asesinados 50 periodistas

Y eso es, en realidad, lo que hacen los periodistas. Compartir historias. ¿Qué sería del mundo sin que los periodistas contasen los hechos? ¿Cómo se informaría la gente de lo que ocurre en África si los periodistas no denunciasen el hambre de los niños? ¿De los casos de corrupción? De no ser por ellos, el mundo no estaría nada informado. Y son muchas las ocasiones en las que los periodistas se juegan el tipo por contar una verdad. Acuden a zonas de guerra para hacer ver la realidad al resto de la población.

Una pandemia sin periodistas, una verdad a medias

En este último año, el papel del periodista ha sido fundamental, probablemente más que nunca. Han tenido que librar una guerra invisible, la del coronavirus. Mientras que el mundo se encontraba encerrado, los periodistas, junto a sanitarios, cajeros y banqueros, tuvieron que salir a la calle. De no ser por ellos, ¿quién hubiese contado los miles de contagiados que había por día? ¿Quién hubiese informado acerca de la saturación de los hospitales? Sin embargo, una vez más, fueron los olvidados. Mientras que todo el mundo agradeció, por supuesto y sin quitarles razón, a sanitarios y demás trabajadores esenciales, fueron muy pocas las personas que reconocieron la gran labor de aquellos periodistas que se recorrieron todos los rincones del mundo, aún cuando su salud estaba en juego.

Uno de los puntos más importantes a destacar es la relevancia que tiene que dos periodistas sean los ganadores del premio Nobel de la Paz. En los últimos 21 años, este premio se ha otorgado 9 veces a personas relacionadas con la lucha por los derechos humanos, 5 a aquellas que han hecho frente a un conflicto internacional y 6 a las que han aportado su granito de arena para que el mundo se convierta en un lugar mejor. Sin embargo, este año se ha hecho historia. Ellos, Ressa y Muratov, han hecho historia. Es la segunda vez en la trayectoria de estos premios, tras la entrega del galardón a Carl Von Ossietzk por desvelar los programas de rearme de Alemania en 1935, que se lo conceden a dos personas relacionadas con el mundo de la comunicación. La libertad de expresión ha ganado.

De los últimos 21 años, esta es la primera vez que se concede el Premio Nobel de La Paz a dos periodistas

Pero ha ganado una batalla, no la guerra. Esta es una lucha en la que hay que pelear día tras día. Y en la que todos, no solo periodistas, tienen que ayudar. Porque sin libertad de expresión es imposible que haya periodismo. Y, sin periodismo, es imposible que haya democracia. Esto es lo que hoy nos quiere recordar este premio Nobel de la Paz. Un premio más que merecido y que es por y para todos los que conforman el maravilloso mundo de la comunicación.