Nobel al periodismo (3): Dos caras de una misma moneda

Miles de ciudadanos practican el silencio cada día en todo el mundo. A pesar de que la libertad de expresión es un derecho recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo cierto es que en sociedades como China, Irán o Vietnam es una farsa. Sin embargo, estas tres ya las conocíamos. 

Desde hace años la libertad de expresión se encuentra sumida en un volcán que de vez en cuando erupciona. En algunos países como España parece que se ha conseguido instaurar, aunque son muchos los detractores que aseguran que se trata de una libertad manipulada por el poder. En otros, como Rusia o Filipinas, parece que ni siquiera la conocen. Es posible que esta sea la razón por la que los ganadores del Premio Nobel de la Paz 2021 sean dos periodistas de países donde se ejerce una incesante censura sobre los medios de comunicación.  

Nos referimos a Maria Ressa, periodista en Filipinas, y Dmitry Muratov, periodista y presentador de televisión ruso, dos profesionales de la comunicación que sienten que su vida peligra cada vez que intentan impartir un poco de justicia política y social en su país. El Nobel de la Paz es sólo un pequeño homenaje a todos aquellos que luchan por instaurar la libertad de expresión en países donde se brinda con la censura y se castiga con la verdad. 

Analizando la censura que hacen los gobernantes en países como Irán, China, Filipinas o Rusia se puede observar una ligera diferencia. Mientras que en los países como Irán o China inventan sistemas que permitan controlar el acceso a la información, limitando así la libertad de los ciudadanos, en otros como Filipinas o Rusia ni siquiera les hace falta, porque directamente no se contempla que exista. 

La era democrática de Putin siempre fue una farsa

En el caso de Filipinas, el miedo a opinar, criticar o denunciar un suceso elimina cualquier intento que consiga dar voz a lo que sucede en el país: “Hay gente con mucho poder a la que no se le puede sacar trapos sucios, aunque los tengan y sean conocidos por todo el mundo. También hay sectas de las que no se puede hablar, porque la gente tiene miedo de hablar de ellas.”, expresa Bacefi Ozawa, residente en Filipinas desde 2019.

Mientras tanto, en Rusia “la presión del Gobierno sobre los periodistas extranjeros ha ido creciendo con los años, pero la que sufren los propios comunicadores rusos es mucho más grande”, comenta Xavier Colas, actual corresponsal de El Mundo en Rusia. 

Un paseo por la historia de la Rusia censurada

Daniel Utrilla ha sido corresponsal en Rusia durante 11 años (2000-2011) para el diario El Mundo y escritor afincado en Moscú. El escritor, porque ahora esa es su gran pasión y profesión, explica que la llegada de la “reestructuración” rusa derivada de la Glasnost, inaugurada por el expresidente Mijaíl Gorbachov en 1985, supuso un antes y un después en el periodismo, ya que hasta ese momento “el panorama informativo soviético había sido completamente monocromo y monocorde”, señala Utrilla. 

La Glasnost provocó un debilitamiento de la censura y la eliminación de múltiples barreras informativas que caracterizaban el periodismo de la Unión Soviética (URSS). Utrilla recuerda cómo la reforma también permitió la vuelta de libros censurados, y hasta el momento prohibidos, y la desclasificación y revelación de archivos secretos. Llegaron las primeras elecciones libres y los partidos políticos opositores en Rusia, algo impensable hasta el momento. 

Hace exactamente 30 años que cayó la URSS, de la misma forma que la información llegó al país: de un golpe. “La naciente libertad de prensa se vio impregnada del mismo desorden, caos y violencia que envileció todos los ámbitos de la sociedad rusa post soviética”, recuerda Utrilla. A pesar de que parecía que iba a comenzar una nueva era en la libertad de expresión, la realidad es que nunca llegó. De hecho, muchos periodistas fueron asesinados por encargo en la década de los 90 debido a sus publicaciones. Esa nueva “Rusia democrática” era una farsa. La criminalidad económica y social se iba propagando sin cesar. Cuando llegó Vladímir Putin al poder en el año 2000, una de sus primeras hazañas fue arrebatarle a la sociedad ese altavoz mediático que se le había concedido 10 años atrás, y Putin comenzó a controlar todos los medios de comunicación. 

Sin embargo, los asesinatos a periodistas no cesaban, asegura Utrilla: “Entre los casos más sonados figura el de Yuri Shchekochikhin, un periodista que investigaba tramas de corrupción y que murió en 2003, supuestamente envenenado; pero sobre todo el de Anna Politkóvskaya, otra periodista muy conocida en Occidente y que fue tiroteada en 2006 en el portal de su casa cuando investigaba secuestros y asesinatos de periodistas y activistas en Chechenia”.

Los periodistas de Filipinas deberían dejar de tener miedo y escribir sobre ciertas cosas

Han pasado 20 años desde que Putin tiene el poder de Rusia, y las fuentes públicas siguen siendo muy inaccesibles, algo totalmente impensable en España, donde, solo por derecho, puedes acceder a ellas en busca de cualquier tipo de información. Hablando del presente, Colas cuenta que desde Madrid le piden declaraciones de los ciudadanos rusos, pero “apenas hay”, lamenta. “La sociedad civil es más endeble”, concluye. 

Las famosas listas negras de periodistas también juegan un papel fundamental en países como Rusia. En esta línea, las multas y la presión que ejerce el Gobierno sobre las empresas de comunicación, fuerza que a su vez practican sobre los periodistas, es la forma de actuar más habitual de los mandatarios. Sin embargo, Colas, que habla desde su perspectiva y situación particular, apunta que su relación con el Gobierno ruso no es mala. A pesar de que admite que es frecuente que los periodistas sean señalados en países como Ucrania, también señala que prefiere no hablar de los casos particulares de otros periodistas censurados, ni siquiera del suyo.

Filipinas, ¿la prensa más libre de Asia?

Además de ser una caza de brujas, el periodismo en Filipinas es poco más que una profesión de riesgo. Alice Herrera es periodista en Manila, capital de Filipinas, y asegura que su profesión “es muy peligrosa”. En contraposición, y aunque pueda parecer una enorme incongruencia, la profesional defiende que “Filipinas es conocida por tener la prensa más libre de Asia”. 

Ferdinand Marcos fue un dictador filipino que estuvo en el poder nada menos que 20 años (1965-1986). Centrándonos en un contexto meramente periodístico, en el país se le conoce especialmente por la imposición de la Ley Marcial. A pesar de que oficialmente la Ley Marcial se trata de un estatuto militar aplicable únicamente en situaciones excepcionales y pensada especialmente para apaciguar guerras y rebeliones, lo cierto es que en Filipinas sirvió para censurar la libertad de expresión de los medios de comunicación: “En la época de Ferdinand Marcos había oficiales del ejército asignados a todas las oficinas editoriales que revisaban todas las historias para asegurarse de que solo se publicaran las historias aprobadas. Los oficiales acabaron abandonando los periódicos, pero los periodistas sabían que si escribían algo fuera de la línea editorial que el Gobierno exigía, volverían”, apunta Herrera. 

Durante la época, muchos periodistas fueron arrestados y detenidos. Herrera apunta que “ahora la censura es menos oficial”, es decir, no hay oficialmente un comandante militar, como antaño, que condene las publicaciones y te diga qué información puedes divulgar y que no. Sin embargo, sí hay amenazas económicas: “Si se molesta a la persona equivocada, como a un funcionario del Estado, el Gobierno perseguirá los intereses comerciales del editor o propietario del periódico, como le pasó a Philippine Daily Inquirer”.

Las fuerzas políticas de Filipinas están controladas por familias que tienen mucho poder

La estación de televisión ABS-CBN ha tenido su franquicia cancelada durante un largo tiempo. A pesar de que los mandatarios niegan este tipo de acusaciones, lo cierto es que entre los ciudadanos del país es un secreto a voces. En la actualidad, en Filipinas se imponen leyes de difamación. La más conocida es la que actúa sobre la “ciberdelincuencia”. María Ressa se tuvo que enfrentar hace aproximadamente un año a una acusación de “difamación cibernética”, en la que finalmente fue declarada culpable. Ahora, se la considera una “criminal”. Este tipo de denuncias muchas veces sólo se utiliza para amenazar, intimidar o incomodar a los periodistas, explica Herrera, ya que estos pueden acabar en la cárcel. 

3 millones de euros de multa

La filipina explica que, en su caso concreto, el peligro no se adhiere a su profesión, ya que actualmente trabaja en un medio económico de Manila y el contenido que redacta está relacionado con el estilo de vida, aunque ahora también es redactora jefa de una columna de opinión, donde encuentra más problemas de publicación. La ventaja de este tipo de contenido es que no es polémico, por lo que resulta “seguro”. Sin embargo, recientemente su medio se ha visto involucrado en un conflicto judicial debido a un artículo que acusaba a un funcionario del Gobierno. Sólo por cada publicación, la justicia filipina exige por cada reportero y editor involucrado 200 millones de pesos (aproximadamente tres millones de euros). 

A raíz de lo ocurrido, ahora la situación periodística es mucho más tensa: “En el periódico ya nos han dicho que tengamos cuidado con lo que escribimos sobre el caso y sobre la historia de la que se nos acusa. También nos han dicho que no publiquemos contenido sobre la situación en nuestras cuentas de redes sociales para evitar que puedan alegar malicia. Pero, incluso antes de esto, ya teníamos cuidado con lo que escribíamos.” En general, el modus operandi del Gobierno es indicar a los medios sobre qué personas y compañías se pueden escribir críticas y sobre cuáles no.

Mientras tanto, ciudadanos como Bacefi opinan que “los periodistas deberían dejar de tener miedo y escribir sobre ciertas cosas”, pero también admite que hay que estar en la posición para poder apreciar lo que ocurre. De hecho, el ciudadano valora que algo parecido sucede en España, aunque no al mismo nivel: “Las fuerzas políticas de Filipinas están controladas por familias que tienen mucho poder, y esas familias son las que dirigen los medios de comunicación, pero eso también pasan en España, y por eso los periodistas independientes no se atreven a hablar de nada”. De cualquier manera, Bacefi admite que  “la profesión es jodida”. 

Para terminar, acuérdense de que esta es “la prensa más libre de Asia”. Y para rematar, ahora podemos entender un poco mejor por qué es necesario que el Premio Nobel de la Paz 2021 luche por la libertad de expresión y la eliminación de la censura, que en muchos casos conduce a profesionales a la muerte.