La Vaquilla de Colmenar Viejo, tradición de toda la vida

Las fiestas de pueblo son eventos muy importantes para los habitantes del lugar. Representan tradiciones que se han hecho durante “toda la vida”. Estas festividades son el orgullo de la población.

En este caso es la Vaquilla. Esta fiesta se celebra el último sábado de enero, hasta 2016 que se celebraba el día 2 de febrero todos los años. 25 vaquillas de mentira recorren las calles de Colmenar Viejo, empiezan en su casa y concluyen en todas en la plaza del pueblo. Las vaquillas irán acompañadas con mayorales, vaquilleros y talegueros.

En esta fiesta participa el protagonista de hoy, Agustín Cabanillas, 36 años, padre de familia y colmenareño desde que nació. Agustín contará hoy desde primera mano qué es la Vaquilla y cómo se siente. Participa en la Vaquilla desde los 16 años.

Sus palabras están llenas de sentimientos, buenos recuerdos o datos históricos.

“Para mí la vaquilla es un evento en el que me reúno con gente que muchos de ellos no veo durante el año”

“La tradición de la Vaquilla se supone que rememora una tradición antigua en la que un mayoral o el que posee la vaca la va a llevar desde el campo hasta la ciudad, donde va a matar la vaquilla. El mayoral es el que dirige el grupo, hay un taleguero que es el que lleva el dinero, porque lleva el talego. Necesita ayuda del resto de vaquilleros para guiar a la vaca hasta su casa o al sitio donde van a matar la vaquilla. Por eso después se simula que se mata a la vaquilla, se dispara al aire y se bebe la sangría que simula la sangre de la vaquilla”, explica Agustín.

La preparación es muy laboriosa: “Unos días antes me preocupo por la ropa, tener la camisa, collares, campanas, etc. Unos días después de navidad, después de que las madres se reúnan para decidir si hay que hacer algún cambio en la vaquilla, decidimos quien es el mayoral, el taleguero, donde se va a vestir la vaquilla, en que casa lo van a hacer y donde se va a matar la vaquilla. La tradición dice que la casa tiene que ser la del mayoral aunque nosotros en los últimos años lo hemos hecho en algún bar. Así todo el mundo tiene acceso a ser mayoral y es menos lío para quien pone la casa. Por último, horas antes quedo con mi madre para que me ayude a vestirme.”

Y llega el día. “Quedo con los demás y salimos a bailar la vaquilla, chascando la honda, por las calles del pueblo. Después todas las vaquillas llegan a la plaza del pueblo donde la bailarán delante de muchas personas reunidas allí para verlo. Las vaquillas salen en orden, de los más pequeños a los más mayores. En esta parte, se celebra un concurso y hay dos categorías, vaquilla infantil y vaquilla adulta. Después se celebra la entrega de premios donde el mayoral de la vaquilla recibe el premio. Por último se va al sitio acordado, se baila por última vez a la vaquilla, se disparan tres tiros al aire y hace que muere. Y aquí empieza la fiesta donde se invita a familiares y amigos a beber sangría y a comer rosquillas”, explica.

“Para mí la vaquilla es un evento en el que me reúno con gente que muchos de ellos no veo durante el año. Gente que cuando éramos más jóvenes, éramos más cercanos, pero cuando hemos crecido, nos hemos distanciado. Llega el día y es como si todo siguiera igual y quedases con ellos a tomar algo todos los fines de semana. Es una fiesta que tengo marcada en el calendario y que espero con muchas ganas -rememora Agustín-. Me acuerdo de la primera vez porque me hizo mucha ilusión. Yo he sido mayoral dos veces. La primera vez me hizo mucha ilusión, era lo único que me faltaba por hacer y la segunda vez que fui mayoral, fue la primera vez que mi vaquilla ha ganado un premio”.

Entrando a la Plaza del Pueblo

“Llega el día de la Vaquilla, el día de la Candelaria, el 2 de febrero y se hace la limonada, simulando la sangre de la vaquilla”

Las personas que se encargan de que todo salga bien, impecable, sin ningún fallo, etc. son las madres. Sin ellas, sería imposible que se hiciera esta tradición. Es indispensable darles la importancia que merecen. Lupe Cabanillas, madre de Agustín, comenta lo que hace año tras año.

“Las madres quedan para vestir la vaquilla. Lleva un armazón simulando al toro, que va vestido con mantones de manila y luego todo de pañuelos, lleva unos cuernos, un rabo y todo va cosido, luego lleva rosquillas, que llevan azúcar glas por encima -relata Lupe-. También se viste a los hijos, simulan a los ganaderos de antes, pantalón de pana negro, camisa blanca, un fajín azul, un pañuelo rojo, la gorra de cuadros típica de ganadero y unas medias gordas que tapan el pantalón y luego las alpargatas que llevan cintas rojas al rededor de las piernas cruzadas. Además llevan una honda para chasquear con ella a la vaquilla. Llega el día de la Vaquilla, el día de la Candelaria, el 2 de febrero y se hace la limonada, simulando la sangre de la vaquilla. Luego se bebe esta y se comen las rosquillas.”

“Para mí la vaquilla tiene un valor místico”

La Vaquilla no solo afecta a la gente que participa, también hay tiendas que venden productos acerca de esta, como el caso de la guarnicionería del pueblo, que entre otras cosas de cuero, vende productos para la fiesta. Cuenta Raquel que la tienda la tiene desde hace 29 años, vende productos de la vaquilla por varios factores, como que es una tradición cultural del lugar, es una fecha especial, al ser una tienda del pueblo, hay un factor emocional en la venta de estos productos por supuesto. Para ella tiene un valor sentimental y místico, puesto que sus hijos la han corrido, es una tradición de toda la vida.

En esta fiesta, al final, todo el mundo se ve implicado. Los vaquilleros que participan, las madres que preparan todo, los familiares que van a la fiesta, las tiendas que venden productos o la gente que va a la plaza a ver el espectáculo. Por eso es una fiesta tan especial.