El día en el que la realidad arruinó un gran titular

Maricón”. Palabra grabada en el verano de 2021; al igual que quedó grabada en el glúteo del joven que denunció una agresión homófoba el pasado 5 de septiembre en Malasaña, por ocho encapuchados y un cúter.

Agresión que luego resultó ser falsa, y que dio lugar a una oleada de críticas, no solo entre los diferentes medios y asociaciones, sino entre las distintas ideologías presentes en la sociedad. Esta vez, y en contra de lo que proclama el periodismo sin escrúpulos, la realidad había estropeado un gran titular.

¿Cómo alguien podría inventarse algo así? “Dejando a un lado la mentalidad periodística, a cualquier persona le explicas que a un joven le han grabado la palabra “maricón” a punta de cuchillo, y lo primero que piensa es que se trata de un agresión homófoba”, reflexiona Luis Casal, periodista de El Español. 

Cabe recordar que este medio fue uno de los pocos que no calificó la agresión de homófoba en ningún momento, pues las investigaciones policiales todavía esclarecían lo sucedido. “Solo faltaría publicar el hecho como agresión homófoba cuando la investigación ni siquiera se había abierto”, agrega Casal. 

Pero no todos pensaron de la misma forma; prueba de ello son los titulares con los que amaneció España el 6 de septiembre: Agresión homófoba en Malasaña”, informaban la gran mayoría de medios. 

Como declara Casal, la historia en sí “era todo un caramelito”, pues no solo generaría un gran debate social entre las distintas escisiones ideológicas, sino que también contaría con un precedente que haría del verano 2021 todo un hito para el periodismo; este es el caso de Samuel, en A Coruña. 

“La historia de la agresión homófoba en Malasaña era todo un caramelito”

Tras un año en que las agresiones homófobas en España brillaban por su ausencia, el 4 de julio de 2021 tuvo lugar el asesinato, al grito de “maricón”, de Samuel Luiz, un joven homosexual que fue brutalmente agredido al salir de fiesta. 

La agresión que acabó con la vida de Samuel no fue recibida con la misma claridad que la denunciada por el joven de Malasaña, ya que la primera fue sometida a numerosos debates: ¿Era, como denunciaban los amigos de Samuel, un asesinato de odio? ¿O era, según grupos conservadores, una simple pelea que había acabado mal? Lo que estaba claro, era que el caso Samuel no pasaría desapercibido; se trataba de una información de calidad que podría ser utilizada por los distintos periódicos y medios de información para divulgar distintos discursos. 

Los periódicos son fábricas de ideología”, relaciona Casal, y el caso de Samuel contaba con lo necesario para “petarlo” a nivel informativo e ideológico.

Sin embargo, se vuelve a la cuestión de cómo informar de un caso en el que todo apunta a ser una agresión homófoba, sin mencionarla como tal porque la investigación continua en curso.

Desde un primer momento, los medios optaron por restarle importancia, dejando a un lado lo que personalmente pensaban de lo ocurrido en A Coruña, y basándose en los hechos, que por el momento, no estaban claros. 

El Español, al igual que otros diarios, hacía menciones a una “posible agresión homófoba”, pero sin entrar de lleno en el asunto, pues en caso de que finalmente no lo fuese, “habría muchas preguntas por responder”.

Por desgracia, no fue así, y un mes y medio más tarde, la policía confirmó que el móvil del asesinato de Samuel era la homofobia, lo que dio lugar a una avalancha de asociaciones recriminando a los medios su falta de determinación: “A Samuel lo han matado por maricón”, se leía en los carteles de las manifestaciones que tuvieron lugar días después del asesinato. 

“Pecamos de cautos”, se lamenta Luis Casal.  

El caso Samuel contaba con lo necesario para “petarlo” a nivel informativo e ideológico, admiten los periodistas

Con el caso Malasaña no podía pasar lo mismo. Y menos con una diferencia clave entre ambos casos: las pruebas. 

Mientras el caso Samuel fue recibido como una pelea en la puerta de una discoteca, el caso Malasaña fue denunciado directamente por su víctima con un parte médico. Obviamente, un caso tan polémico no sería tratado de la misma forma. Los medios no podían volver a cometer el mismo error

Pero, ¿era la solución a la inacción del caso Samuel publicar un hecho tan brutal como el de la agresión, sin tener en cuenta la opinión policial? 

Muchos periodistas admiten la costumbre de los medios de ir “de avanzadilla” cuando hay investigaciones policiales en cauce, y para Conchi Gil, periodista en La Sexta, la llegada de un información “tan noticiosa” debía ser publicada, pues con unas pruebas tan claras, “en ningún momento se dudó de la veracidad de la historia”.

Nos dejamos llevar por la notoriedad de la noticia

Sin embargo, la periodista explica que sus compañeros especializados en temas judiciales optaban por mantener la calma y “nos aconsejaban esperar”. Al principio no entendíamos el porqué”, y por ello, continuaron con las informaciones al respecto; luego resultó que las fuentes policiales de estos “ya les estaban poniendo en sobre aviso”. 

Los hechos no cuadraban, y cuando el joven confesó haberse inventado la agresión, ya era demasiado tarde. Con las investigaciones abiertas, los medios se dejaron llevar “por la notoriedad de la noticia”, justifica Gil, que reconoce “haber ido a ciegas” por mucho tiempo en este tipo de sucesos, pero haber aprendido la lección: 

“Ahora nos lo tomamos con más tranquilidad para que algo así no vuelva a suceder. Aun así, siempre estaremos del lado de la víctima hasta que se demuestre lo contrario”, concluye.

El árbol y el bosque

Después de un verano marcado por las agresiones homófobas – comenzando por Samuel, cuya muerte incentivó a otras muchas personas a denunciar y no callar –, la sociedad y gran parte de los políticos se movilizaron activamente contra la LGTBIQfobia mediante manifestaciones y declaraciones como las de Irene Montero o Marlaska. En mitad de esta lucha contra la homofobia, la falsa noticia del 5 de septiembre sentó como una jarra de agua fría al colectivo, que se lanzó a las calles a protestar con todavía más rabia: “Lo mayoritario no es una mentira, son las agresiones”, se escuchaba entre los manifestantes, temerosos de que un suceso apartado perjudicase por completo a la comunidad LGTIBQ+.

Tras la paliza propinada a Samuel, los medios fueron conscientes de la importancia que debía darse a este tipo de agresiones, y es por ello que todos se inundaron de denuncias similares: Habían decidido – por fin – dar visibilidad a todas y cada una de las agresiones homófobas registradas a diario . Pero ahora, ¿Qué ha pasado? Desde que les salió el tiro por la culata con el caso Malasaña ya no se ha informado de más agresiones. Buenas noticias, ¿no?

“Necesitamos a los medios de comunicación para luchar contra el odio; los necesitamos de nuestra parte”

“Por supuesto que las ha habido, y las hay, pero con qué cara denuncias ahora un caso de agresión homófoba…”, reflexionan dos miembros de la comunidad LGTBIQ+.

Ambos reconocen tener “más miedo al ir por la calle”, ya no solo por ser conscientes – desde el amor de verano entre los medios y el movimiento LGTBIQ+ – de la cantidad de agresiones que su comunidad sufre a diario, sino por los nuevos vengadores en busca de “dar escarmiento a los maricones mentirosos” que podría desatar este conflicto, expresan ambos.

Los medios de comunicación lo hicieron mal con Samuel, luego lo hicieron bien dando cobertura y visibilidad al resto de sucesos homófobos de los que apenas se informaba; después vino la gran metedura de pata con Malasaña. Y finalmente, callaron.

¿Por qué? ¿Por qué no hacer lo mismo que con Samuel? ¿Por qué no aprender la lección sin cortar la bonita relación establecida con la comunidad LGTBIQ+? Son muchas las preguntas, y pocas las respuestas, ya no solo de los medios, sino de las propias asociaciones que respaldan el movimiento, una de las cuales ha declarado “no querer hablar del tema con periodistas o similares”. 

Necesitamos a los medios para dar visibilidad al odio presente en la sociedad” concluye uno de ellos; “pero los necesitamos de nuestra parte; de nuestra parte de verdad”, añade su compañero, dando por finalizada la conversación.