Afganistán: un año militar perdido, un año humanitario ganado

Ilusión y preocupación. Así recuerda el sargento García los momentos previos a la misión internacional de Afganistán. Ilusionado por poner en práctica el trabajo de preparación del día a día, pero todavía más por tener la oportunidad de aportar un granito de esperanza a una población tan maltratada. Preocupación por ti y por los que te rodean, familiares y amigos que dejas en España a los que les cuesta entender que vas a estar más de 6 meses en un país de estas características. 

Casi 10 años después la tristeza y la impotencia sustituyen aquella primera ilusión. Tras años de lucha los objetivos no han sido los esperados. “No he sentido que mi trabajo haya sido tiempo perdido -asegura-, mientras estuvimos allí la gente pudo mejorar su calidad de vida y optar a unos derechos que no tenían. Ojalá eso hubiera perdurado en el tiempo”.

En el año 2012 las tropas españolas se dirigen a Afganistán con unos objetivos fijos: entrega de ayuda humanitaria, construcción y reparación de hospitales y escuelas, y lo más importante preparar al ENA (Ejército Nacional Afgano) y policía con la finalidad de que al abandonar la zona ellos pudieran mantener la seguridad y la democracia de su país. 

Hace apenas dos meses que Estados Unidos decidió retirarse y a los talibanes les sobró tiempo para dar rienda suelta a su estilo de gobierno, pero, ¿cuáles eran sus movimientos en plena misión internacional?

Los ataques de los talibanes

El sargento García nos cuenta su modus operandi. Los talibanes atacan con medios muy rudimentarios y siempre evitando enfrentamientos directos, saben que en cuanto a medios y armas no tienen nada que hacer contras las principales fuerzas militares del mundo. Su objetivo es hacer el máximo daño y causar bajas a las tropas extranjeras, pero también a la población civil, mediante IED (Improsived Explosive Device) o ataques con fusilería. 

Esa población civil era atacada por sus compatriotas y defendida por nosotros. El recuerdo más triste de la misión fue ver la desilusión en sus caras. Ellos veían como sus vecinos echaban a perder un país entero y no podían hacer nada, estaban desgastados por la vida. “Siendo personas jóvenes daban la sensación de ser ancianos”, recuerda. Uno de los países más pobres del mundo, con un clima que dificulta la supervivencia, hasta 50º en verano y-20º en invierno, y que además cuenta con una mortalidad infantil del 80%, “solo sobreviven a selección natural, los más fuertes”.

La situación hace 10 años fue caótica y triste, pero nada supera estos últimos meses: “He sentido impotencia al ver a la gente intentando llegar al aeropuerto dejando todo atrás y dando todo por perdido”. Población afgana que no apoya la dictadura y que ha perdido la esperanza.

Una guerra constante, con unas consecuencias abismales. “A Afganistán se le avecina un futuro muy oscuro y un retroceso inimaginable de derechos fundamentales. Tendrían que pasar al menos 3 generaciones y 50 años para suavizar la situación”, explica el sargento García.

“Siento pena al ver que el ejército afgano no luchó por defender la democracia”

Una parte de la población afgana perdió la esperanza antes que nadie, el ENA (Ejército Nacional Afgano): “Siento pena al ver que el ENA con alrededor de 300.000 efectivos no luchó por defender la libertad y la democracia de su país.”

Después de años de conflicto, pocas soluciones quedan por ofertar. Quizás una fuerza internacional de estabilización que perdure en el tiempo proporcionando seguridad en todo el país, pero supondría un gasto excesivo según el sargento.

El coste de 20 años de misión

¿Fue por esto que EEUU decidió “levantar el campamento”? EEUU era el principal participante en número de efectivos y materiales. El principal actor en el inicio y desarrollo de la Operación Internacional desplegada allí. Continuar supondría grandes gastos para el país americano. “Asumir el coste de una misión de este tipo durante 20 años no es tarea fácil”, señala García.

Hasta el momento no parece que ninguna fuerza militar vuelva a Afganistán, pero no se descarta, según el militar español: “Desde el primer momento de la salida de las tropas españolas, la posibilidad de volver está ahí. No sé cuál sería la respuesta de la vuelta, pero yo volvería todas las veces que me lo pidieran”.

“Fue una experiencia dura, pero de mucho aprendizaje”, concluye. Tras haber vivido en el país durante meses te das cuenta de todo lo que no valoras. “Vestirte con ropa civil o tomar una cerveza, tiene mucha importancia”. Pequeñas cosas que esperamos con ansia, y que los afganos llevan años esperando. “Aunque el resultado no sea el esperado, ningún año es perdido”, sentencia convencido el sargento García.