La ópera no se olvida, se versiona

Entre Bad Bunny y Luciano Pavarotti, ¿quién está en tu lista de Spotify? Puede que conozcas a los dos, pero el que seguramente esté más presente en tu colección musical sea el cantante puertorriqueño y no el de ópera. Y es que esto muestra cómo las influencias musicales pueden variar de forma abismal entre generaciones.

La joven compositora Marina Ortega quiere demostrar que el género de la ópera no está muerto, sino que además es compatible con la juventud. La artista alicantina conoce ambos estilos musicales, aunque es cierto que siente cierta devoción hacia la música clásica, con la que crea bandas sonoras. Tanto es así que su pasión y trabajo le han llevado a ser becada en ciudades como Los Ángeles o Nueva York para seguir así su formación y trayectoria profesional. Pero, ¿cómo es el punto de vista de esta joven de 24 años sobre un género tan difícil de relanzar?

No es un trabajo fácil pero así consigue fusionar ambos estilos como es esta versión producida por Marina Ortega exclusivamente para este medio del éxito ‘Dance Monkeys’ al estilo de ópera.

Entrevista a Marina Ortega

Pregunta: Bajo tu punto de vista, ¿realmente la ópera está en decadencia por los gustos los jóvenes?

Respuesta: No solamente por eso. Hay muchos factores que influyen en que esto sea así. Lo cierto es que este género surgió en un contexto determinado, sus historias reflejan unos valores que ahora nos resultan muy ajenos y, aunque es cierto que hay una tendencia a modernizarlas con cambios escénicos que las adaptan a la actualidad, el repertorio que se representa sigue siendo muy cerrado y limitado a los clásicos.

Hay compositores contemporáneos que estrenan nuevas óperas, pero en general cuentan con poco apoyo para su difusión. Además, estas nuevas óperas se asocian a la música más experimental, que tampoco atrae a un gran número de gente por tacharlas de excesivamente conceptuales. A eso súmale la alternativa que supone el musical, con un estilo que bebe cada vez más de la música popular, que tratan temas que resuenan más con la sociedad en la que vivimos y donde los nuevos estrenos tienen una red de difusión amplia.

P: ¿España es un país en el que por la cultura el estilo de la ópera pueda triunfar o la está dejando morir?

R: En general la vida de un género musical o una corriente estética se parece a la de un producto de una empresa, por mal que pueda sonar eso. Nace, crece, llega a su madurez y poco a poco desaparece o es sustituido por otro similar. En el caso de la música se llega a la madurez cuando se establecen estándares estéticos rígidos que impiden que siga evolucionando con el tiempo. A veces, una vez que una corriente ha desaparecido del todo, con el paso de los siglos se vuelve a recuperar y se siente como un soplo de aire fresco frente a la corriente predominante del momento. Pero la ópera no ha desaparecido, sigue sobreviviendo y cuenta con un público fiel.

Volver a triunfar como tal me parece muy difícil si no se renueva, tanto en España como en cualquier sitio donde lleve asentada mucho tiempo. De todas formas, España en general invierte poco en cultura, pero dentro de lo que invierte hay más dinero para subvencionar lo clásico que a las nuevas generaciones de creadores. Parece que lo que se pretende no es tanto renovar el género como mantenerlo intacto, como un cuadro en un museo. Eso no tiene nada de malo; de hecho, la única manera de conservar una obra musical es mediante su representación, pero la consecuencia es que no atraiga a gran cantidad de público salvo al especializado. Los precios no ayudan mucho, tampoco.

“Se dejan de percibir como clásicos porque se asocian a una película actual”

P: El cine es una disciplina artística que sí que sigue muy presente en la rutina de los jóvenes. Por lo general, sus bandas sonoras tienen tanto ópera como música clásica instrumental; en cambio, sigue sin calar en los gustos. ¿Crees que los jóvenes son conscientes de que mucha de la música que escuchan en las películas es clásica? ¿Puede ser el cine una vía de educación o retorno a este estilo?
R: Para mí lo ha sido. De hecho, la música de cine tiene un efecto muy interesante porque el valor de esa música ya no está solamente en ella misma. Cuando se establece una conexión en el imaginario colectivo entre una obra y una escena, da igual que esa obra sea música original o tenga siglos de antigüedad, lo cierto es que su significado se renueva y pasa a ser de actualidad. Un ejemplo es el “Así habló Zarathustra” de Richard Strauss en la película “2001: Una odisea en el espacio”. Yo creo que los jóvenes sí que son conscientes de la relación entre música de cine y música clásica, pero eso no tiene por qué dar lugar a que crezca su interés en los clásicos precisamente por este efecto que tiene el cine: se dejan de percibir como clásicos porque se asocian a una película actual.

P: ¿Cuál crees que sería la mejor forma de acercar la música clásica a los jóvenes?, puesto que tienes 24 años y eres compositora cercana a este estilo de música.
R: Creo que la generación actual valora mucho el sonido como tal, todo lo que es la producción musical. La electrónica ha pasado a tener un papel fundamental en la estética musical del siglo XXI, tanto en música para cine o comercial como en la música experimental de nueva creación, que es la que prosigue ahora con la tradición clásica del estreno en concierto. Por eso creo que una buena manera de acercar la música clásica es adaptando su instrumentación a la electrónica. Con esto no digo que con meter un beat ya hayas adaptado un clásico, sino que implica versionarlos de manera integral. De hecho, hay muchos productores que hacen versiones de clásicos, los adaptan a géneros muy diversos y esto atrae a todo tipo de gente.
Con esto se consigue acercar el clásico, pero hay muchos elementos de la obra que se pierden porque lo que se versiona mayormente es ese trocito que todo el mundo conoce, no la obra en su conjunto. Se versiona lo que hace reconocible a la pieza, pero no lo que hizo que la pieza se considerara una obra maestra.

P: Como compositora y creadora de bandas sonoras, ¿qué haces para que tus obras destaquen y se acerquen al público juvenil?
R: Depende de la obra. Hay veces que parto con un formato que está de actualidad. Por ejemplo, empiezo componiendo una canción para sacar los temas principales de una película, aunque luego no incluya la canción en sí. También le presto mucha atención a todo el aspecto de producción y trato de que cada obra tenga su propia personalidad y su propio mundo sonoro.

“Aunque esté haciendo una pieza para orquesta, al final casi siempre hay algo de electrónica por medio”

P: Estás pendiente de una beca para componer bandas sonoras en Estados Unidos, ¿crees que te enfrentas al mismo reto que cuando lo haces para componer en España? ¿El público de la música clásica es el mismo en ambos países?
R: La verdad es que no lo sé. Creo que el reto es diferente. En el caso de las bandas sonoras no dependes del público interesado en música clásica sino en el que va al cine.

P: Ahora que has logrado algo “sorprendente” para una persona tan joven, ¿qué próximos retos tienes de cara al futuro?
R: La verdad es que me interesa mucho los puentes que se puedan establecer entre la creación musical y la inteligencia artificial. Hice mi TFG sobre esto y me gustaría seguir profundizando. La música experimental lleva décadas con ello, pero en bandas sonoras todavía no se está incorporando porque no deja de ser un idioma diferente al que estamos acostumbrados la mayoría de compositores.

P: Tus piezas se distinguen por fusionar diversos estilos musicales, ¿por qué te decantaste por esto? ¿Qué objetivo buscas? ¿De qué manera influyen cada uno en tu vida?
R: No fue un proceso consciente. Supongo que tiene que ver con que mis gustos musicales no han estado alineados con mi formación, que ha sido más clásica. Creo que esto también me ayuda a tener más referencias de las que beber para poco a poco ir formando recursos propios. Al final no dejan de ser herramientas para la expresión artística, así que el tener cierta versatilidad como creador te da más libertad para responder mejor a lo que te pida una obra.

De todas formas, no sólo influye aquello que te es familiar, sino también lo que desconoces pero que despierta tu interés. Hay muchos proyectos artísticos que surgen precisamente por el impulso de aprender algo nuevo.

“El arte está repleto de tensión entre la emoción y la razón”

P: Estás muy presente en ambos estilos, pero ¿con cuál te sientes más cómoda en tu día a día y a la hora de trabajar?
R: Como intérprete estoy cómoda en el punto intermedio. He tenido formación en canto lírico, pero la mayoría de las veces interpreto música que requiere otro tipo de técnica y aun así siempre termino haciendo algo entre medias. No se necesita la proyección de voz que requiere la ópera y eso hace que pase más desapercibido, pero la verdad es que la técnica que utilizo es la que he aprendido en la lírica.
Por otro lado, como compositora la verdad es que no soy muy clásica, ni en lo que se refiere a instrumentación ni a forma. Me gusta mucho la parte de producción y en general todo lo relacionado con electrónica. Por mucho que esté haciendo una pieza para orquesta, al final casi siempre hay algo de electrónica por medio.

P: ¿Qué producción te parece más artística: una composición de Beethoven o una de Bad Bunny, por ejemplo, y todas las bases que componen las canciones de este.
R: En mi opinión es como sumar peras con manzanas. Para empezar, son formatos de artistas de épocas diferentes, que responden a realidades sociales diferentes y que tratan temas diferentes. Además, los retos que presenta componer una sinfonía no son los mismos que los relacionados con la producción de un disco. Son perfiles diferentes que requieren de habilidades diferentes. En cuanto al valor artístico, lo cierto es que no es la primera vez que una corriente que defiende la simplicidad en las formas en aras de la expresión se impone sobre otra en principio más compleja. El arte en general está repleto de esta tensión entre la emoción y la razón y eso es lo que la hace una profesión tan gratificante.

Si miramos de forma retrospectiva solo había hueco para la música clásica, mientras que ahora lo ha ocupado la música pop. Un claro ejemplo de que estos dos género se pueden fusionar es la versión producida exclusivamente para este medio por Marina Ortega del gran éxito reciente ‘Dance Monkeys’ con estilo de ópera.

Con información de Ana Vera