La Pasión que vence a la Covid

Pasión

Antonio Bernal es un escultor e imaginero español. Para él, en donde los demás ven barro y simple madera, él encuentra un soporte en el que crear, expresar, reflejar y transmitir a través de la belleza, la pena, el dolor, etc. Pero esto no es una tarea sencilla, pues requiere de inspiración y paciencia para poder dar con aquello que uno quiere reflejar. “La imaginería es todo un reto por todo lo que implica, pero lo más complicado es conseguir transmitir espiritualidad y recogimiento a través del camino y la guía a la oración”, precisa. 

Marta Rosa de Haro es estudiante de orfebrería en la Escuela de Artes y Oficios Dionisio Ortiz. La joven cuenta que siempre sintió especial interés por el arte, pero que terminó decantándose por esta área porque de entre todas las ramas y opciones disponibles, fue la que más le cautivó. Comparte que esta materia le ofrece la posibilidad de expresarse libremente, como uno quiera. Y aunque confiesa que en algunas ocasiones se desespera, la satisfacción de crear una joya desde cero, lo compensa.

Ellos ejemplifican como nadie que el arte es pasión, el arte es sentir, el arte es expresar. Los artistas respiran dosis de inspiración, emanan emoción y desprenden regeneración creativa. Pero desgraciadamente con la llegada del coronavirus han tenido que dejar a un lado sus inquietudes artísticas para centrarse en la faceta que prima en estos tiempos tan difíciles, sobrevivir. Esto se ha intensificado en los sectores de la orfebrería y la imaginería, disciplinas que dependen enormemente de festividades religiosas, de las que más han sufrido las consecuencias de esta maldita enfermedad.

Pero, como buenos artistas, orfebres e imagineros no se han rendido ante la adversidad. Han decidido seguir adelante, anteponiendo su devoción y persistiendo en su afán estético. Dos de sus representantes comparten la esencia de sus respectivas pasiones que les ha hecho invencibles. 

Además, destaca la gran labor que lleva a cabo la imaginería, especialmente en los tiempos más difíciles, cuando Bernal considera que es cuando sale a relucir la verdadera esencia de este arte. “En los momentos de penumbra y dolor solicitamos ayuda y en los buenos damos las gracias, es por eso que conseguir plasmar unción en las imágenes que realizo es lo más importante”, destaca. 

Experiencia única

El imaginero comenta que esta disciplina le permite experimentar y sentir un sin fin de diversos sentimientos, fruto de la fusión del arte con la Fe y la espiritualidad. Experiencia que considera como plenitud creativa. Añade que la convergencia de elementos tan dispares le ofrecen alcanzar un desarrollo creativo máximo, el cual siempre enfoca a transmitir. 

Su principal inquietud es despertar emociones, sugerir estados de ánimo, conectar con la religión y lo místico a través de sus obras. “Hay que dar vida y llenar la imagen, ya sean Vírgenes Dolorosas o de Gloria y Cristo Crucificados o Resucitados , porque se tienen que apreciar y observar con gran intensidad, tratando que despierten los cinco sentidos”, insta. 

Objetivo intacto

El escultor desprende verdadero entusiasmo y fervor por su profesión. Actitud que le ha impedido doblegarse ante la llegada arrasadora de la covid. Las ganas intactas de seguir aprendiendo y mejorando como imaginero, unidas a su incansable tesón le han llevado a afrontar una pandemia, que reconoce ha supuesto un duro golpe, de la forma más optimista posible. “Nuestros encargos vienen principalmente de las hermandades, y se han reducido, al igual que los ingresos al no poder celebrarse los distintos, aunque tengo la confianza de que lo peor ya ha pasado”, explica. 

Bernal finaliza lanzando un mensaje de optimismo, admitiendo que la Imaginería está experimentando un gran auge. Con la filosofía de seguir aprendiendo y el empeño de no cejar nunca en el afán de transmitir y emocionar, la Imaginería seguirá deleitando a creyentes y a simples admiradores del arte. 

Sin duda alguna, la orfebrería es otra de las disciplinas que está arraigada y relacionada profundamente a la religión y la vida eclesiástica. Y al igual que sucede en la imaginería, como en cualquier arte, la premisa consiste en sorprender, cautivar, despertar. 

Un sueño

Por su parte, la estudiante Marta Rosa de Haro señala que la llegada de la crisis económica motivada por la pandemia no le detuvo en su plan de dedicarse a esta modalidad, todo lo contrario, más bien, ha ratificado su deseo de crecer y desarrollarse en este mundo. “Para nada me he desmotivado, he querido seguir luchando por trabajar en este sector porque me encantaría, aunque en alguna ocasión el aspecto económico me haya hecho reflexionar sobre si vale la pena”, sentencia. 

Considera que uno de los aspectos positivos que ha traído la covid es que ha visibilizado, por fin, la precaria situación en la que se encuentran los artesanos. “Siempre se ha querido pagar poco por nuestras obras, la gente quería adquirir nuestros productos a precios bajos. Ahora quizás entiendan que un orfebre necesita que le paguen de forma justa por su trabajo”, clama. 

Preguntada sobre el impacto que ha dejado el virus, la joven destaca que la ausencia de pasos estos dos últimos años ha menguado los ingresos, pero apunta que, en algunas hermandades, los miembros han ido a visitar sus figuras y han querido mantener a punto estas, hecho que ha permitido mantener un mínimo de ingresos que han sido decisivos para no acusar demasiado la suspensión de las festividades religiosas. 

Ese sentimiento de pertenencia, de veneración hacia lo que sientes como propio, lo que te hace conectar con dimensiones que se alejan de lo terrenal y se acercan a lo espiritual, que sienten en las cofradías ha ayudado enormemente a esta disciplina. Cuando un arte ayuda a las personas a desconectar, a reparar en elementos que permiten desconectarse de la realidad y acercarse a una introspección sensitiva, y a no dejar de sonreír, es cuando triunfa. 

La orfebrería no ingresó seguramente la misma cantidad de dinero que otros sectores, pero permitió a la gente alejarse del tormentoso Covid, volver a recordar lo que su hermandad les hace sentir, rememorar aquellos viejos tiempos en los que disfrutar, vibrar y contemplar orgulloso lo que les rodeaba. 

En definitiva, la orfebrería y la imaginería, sobrevivieron, creyeron, y, sobre todo, nunca perdieron la Fe. 

Con información de Beatriz Carmona y José Manuel Abad