La obesidad infantil, la consecuencia oculta de la pandemia

La pandemia, que ha dejado ya más de 70.000 muertes en España y más de 2.5 millones en todo el mundo, también ha afectado a los menores. No sólo se han beneficiado del confinamiento por su mejor manejo de las tecnologías y por no ir al cole. Ahora están sufriendo consecuencias derivadas del coronavirus: comen más y hacen menos ejercicio, según un estudio de Qustodio.

Los datos son preocupantes si se comparan con los del resto de las naciones europeas. La obesidad infantil y juvenil en España es del 14%, sólo superada por Grecia (18%) e Italia (15%). Los famosos PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) aparecen casi al completo. En el último Estudio Nutricional de la Población Española quedó reflejado que el 40% de los menores españoles sufre obesidad o sobrepeso, siendo mayor en los niños que en las niñas.

“Una de cada cinco niños come más desde el confinamiento”


La preocupación de los expertos ha aumentado aún más con la pandemia. Los niños pasan ahora más tiempo en casa, donde consumen más alimentos. Según Qustodio, una de cada cinco familias sostiene que sus hijos comen más desde el confinamiento. Los hábitos de consumo y actividad física de los menores son una de las mayores preocupaciones que han surgido durante la pandemia para siete de cada diez familias. Asimismo, el 10% de las unidades familiares aseguran que los hábitos de alimentación de los menores han variado desde el pasado marzo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no sólo se ha preocupado por las vacunas. Este organismo advierte que el 80% de los menores no hacen el mínimo ejercicio recomendado (una hora diaria). Esto no es sólo consecuencia de no hacer deporte, también por no ir a clase y por no realizar otras actividades de ocio. El 67% de los menores practica menos deporte que antes de la pandemia: más los niños (72%) que las niñas (65%). Casi el 30% de los menores no pasa una hora diaria al aire libre.

La psicóloga experta en tecnología y familias de Qustodio, María Guerra, afirma que “una rutina sana reporta beneficios fisiológicos, sociales y psicológicos, además del desarrollo integral de la persona. Por este motivo es tan importante asegurarnos de que los menores adquieran hábitos alimentarios sanos y equilibrados y combinarlos con una actividad física adecuada, ya que estos se mantendrán en su vida adulta. Pero no se trata solo de controlar la cantidad, debemos apostar por una dieta basada en alimentos de calidad, aumentar la ingesta de frutas y verduras, evitar las bebidas azucaradas, intentar comer en familia alejados de pantallas”.

Con colaboración de Ana de Paz