Historias enterradas en polvo

En mi habitación reside una pequeña biblioteca. No había otro sitio donde ponerla en la casa y fue sentenciada a morir en mi cuarto. Ahora está llena de libros, que alguna vez fueron leídos por alguien, bañados por el polvo de los años. Hace tiempo que nadie abre una de esas historias encuadernadas.

Repasando con los dedos los títulos envejecidos, descubro de nuevo la primera historia que me cautivó: Peter Pan, escrito por J.M. Barrie a principios de siglo XX.

Peter Pan

Personalmente, creo que es una de las obras más brillantes que jamás se han escrito. Por supuesto, cuando leí el cuento con apenas diez años, apenas extraje nada más significativo que el deseo de volar o de hacerle la vida imposible a los piratas.

No obstante, al reelerlo unos años más tarde, me llené de asombro al ver cómo Peter Pan (que originalmente se escribió como una obra de teatro y tras su posterior estreno y éxito rotundo, se decidió editar y publicar en forma de cuento) era una creación que entretenía a los niños y hacía reflexionar a los adultos.

Todos necesitamos una madre que nos quiera y cuide

El famoso cocodrilo que una vez probó la carne del Capitán Garfio y en la contienda se tragó un reloj no era otra cosa que una metáfora del tiempo. El tiempo que nos acaba dando caza a todos.

Y entre los muchos mensajes que nos transmite indirectamente el autor, hay uno que destaca por encima de todos los demás: todos necesitamos una madre que nos quiera y cuide. No diré que a partir de ese descubrimiento traté de forma diferente a mi propia madre, pero sí empecé a verla de forma diferente.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Continúo repasando los títulos de la estantería y pronto me topo con un volumen extenso: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Recuerdo que fue el primer libro de la saga que me atreví a leer. En aquel momento las películas correspondientes todavía no se habían estrenado y fue la curiosidad la que me impulsó a abrir la tapa por primera vez.

La primera vez que lo leí no me di cuenta. Fue a la segunda, cuando devoré los títulos anteriores. Al terminar de leerlos todos, me quedé perplejo al constatar como todas las piezas acaban encajando, desde las más grandes a las más pequeñas e insignificantes. Para mí era como la vida misma y el tiempo que acaba poniendo cada cosa y a cada persona en su lugar. Pero hubo otro detalle que me asombró.

Las madres: sin ellas, no hay nada

Lilly, la madre de Harry, era la figura clave de toda la historia. Si uno lo piensa bien, todas las madres son la pieza fundamental de cada una de las historias de cada ser humano. Sin ellas, no hay nada.

Sin embargo, la historia de Potter es, al fin y al cabo, la de alguien a quien se le dice que tiene un destino del que no puede escapar. Y en el ocaso de la última entrega vemos cómo se acaba cumpliendo.

Antígona

Mis ojos siguen observando la biblioteca. En un extremo hay un pequeño librillo. Su título: Antígona, de Sófocles. Cuando cayó en mis manos hace unos años, fue el recuerdo de un antiguo musical que me encantaba y se llamaba de la misma manera, lo que me animó a sumergirme en esta tragedia griega.

Esta, como todas las obras de su época y estilo, acababa mal. Antígona acaba sellando su destino al suicidarse mientras era enterrada viva. No pudo evitar huir de su destino. A pesar de que uno de los mensajes claros es que morir por una buena causa merece la pena, la otra enseñanza que traslada Sófocles es la incapacidad del hombre de escapar de su sino.

No perder nunca el niño resguardado en mi interior

No obstante, personalmente no me hizo creer que el destino existiera. Todo lo contrario, uno es dueño de sus actos. Es el timonel de su historia. Decides libremente sobre tu vida y la conduces por el camino que más desees, siempre que sea posible. El destino lo decides tú.

Cierro el libro y lo vuelvo a colocar en su sitio. Ahora destaca limpio entre el mar de polvo que le rodea. Miro todos esos libros que marcaron mi existencia hasta ahora y solo puedo pensar en el deseo de no perder nunca el niño resguardado en mi interior. Pienso en la suerte que tengo de tener a mi madre. Pienso que soy dueño de mis actos y que de mí depende hacer las cosas bien. Esos libros me enseñaron mucho más que muchísimo y muchísimo más que más.

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