20 años de ‘El viaje de Chihiro’: los peligros de los espíritus del siglo XXI

Chihiro

Dos décadas después de que se estrenase El viaje de Chihiro, el mundo que Hayao Miyazaki describió parece menos ficticio que nunca. Era la historia de una niña de 11 años que se ve abandonada accidentalmente por sus padres y que queda encerrada en un desconocido reino de espíritus del que solo puede salir con una madurez y astucia que no son propias de su edad. La película, un clásico moderno del cine japonés, es esencialmente el viaje liminal de la niñez hacia la vida adulta. 

En su viaje transicional la protagonista se encuentra con espíritus buenos y malos, ricos y pobres, trabajadores y sus superiores. Son los adultos de ese mundo, tan diferente y a la vez tan cercano. No sería justo diferenciarlos entre héroes y villanos, porque es más complejo: los motivos que les mueven no son extremos. 

La educación de los niños se ve influenciada por las redes sociales y la televisión

Los niños y niñas que nos rodean se enfrentan a lo mismo: ¿De quién puedo fiarme? ¿De quién debo aprender? Aquellos nacidos en el nuevo siglo se ven enfrentados a una infancia rodeada por Internet y todas sus ramas, lo que implica que su educación se ve influenciada por la tecnología, donde los espíritus son las redes sociales, los ‘influencers’ y las series de televisión.

En una de las escenas más recordadas de Los Simpson, una extraordinaria ficción sobre las deficiencias morales de la familia del siglo XXI, la esposa del reverendo de la ciudad grita “¿pero es que nadie piensa en los niños?”, lo cual podría titular cualquier texto que hable sobre lo que pretende versar este artículo: el abandono de los hijos. Porque, ante todo, están abandonados a su suerte, igual que Chihiro. 

Instagram es quizás la red social más mezquina, alimentándose de los celos y complejos de sus usuarios

Saber identificar a los espíritus

¿Qué se encuentran los niños y adolescentes en redes sociales? Podríamos centrarnos en Instagram, donde, como Narciso, se miran en el agua para verse reflejados, en su eterna belleza y juventud. La comparación, la envidia, los complejos. Es quizás la red social más mezquina (una especie de Sin Cara, si continuamos con la metáfora de El viaje de Chihiro), cuyas millonarias cifras se nutren de los trastornos y los celos de sus usuarios. Instagram le da espacio a muchas celebridades para, en teoría, acercarse a sus seguidores.

Pero esto se ha convertido en un pozo de amargura, en la que personajes como las hermanas Kardashian -cuya dolorosa influencia en la forma con la que las niñas se autoperciben será estudiada por los terapeutas de las próximas generaciones- retocan sus cuerpos, modifican su apariencia a través de Photoshop y cirugía y recomiendan productos de belleza para ser como ellas que en realidad nunca han usado. 

Hay muchas formas de ser famoso, porque hay muchos tipos de espíritus.

Las Kardashian son los espíritus del siglo XXI. Pero no solo ellas, porque, como en el mundo mágico de Chihiro, también hay buenos ejemplos. Podemos pensar en actrices jóvenes como Zendaya o Emma Watson, que utilizan sus redes -donde suman 149,1 millones de seguidores- para dar voz a activistas antirracistas, hablar de conflictos sociales o promocionar campañas y organizaciones solidarias. Hay muchas formas de ser famoso, porque hay muchos tipos de espíritus. Lo importante es saber detectarlos, y enseñar a los más pequeños a identificarlos.