El ejemplo de la teniente Ripley para entender la covid-19

Hace 35 años que se estrenaba ‘Alien, el octavo pasajero’, la cual daría lugar a una saga de películas relacionadas con el terrorífico xenomorfo. ¿Quizá este monstruo nos daba miedo porque estaba hecho para ese fin? Sin embargo, en el momento que no vemos (o no podemos ver) lo que tenemos ante nosotros, nos relajamos, nos volvemos incrédulos. Eso es lo que ha pasado, y sigue pasando, con la COVID-19.

Podría decirse que el virus ha pasado por tres fases, cada una identificada con las tres primeras películas. En la primera, en cuanto entienden que el Alien es algo peligroso, todos trabajan juntos para derrotarlo. Encontrarse aislados en una nave espacial es algo que también les ayuda a contenerlo, algo similar al brote en Wuhan y sus increíbles medidas restrictivas. Pero, como todo, es un escenario demasiado bonito para que dure. A pesar de que la teniente Ripley es la única superviviente y lucha para evitar que el xenomorfo llegue a extenderse por otros planetas, no consigue lograrlo.

En el momento que no vemos (o no podemos ver) lo que tenemos ante nosotros, nos volvemos incrédulos

A medida que el virus comienza a extenderse sigilosamente, podemos ver como la población no le da importancia ninguna al virus. ‘Es solo un resfriado’ es uno de los miles de comentarios que se repetían antes de entender la gravedad del asunto. Esta misma situación se ve reflejada en la segunda película, cuando a pesar de las advertencias de Ripley, nadie cree que exista una amenaza real.

El camino que tenemos que recorrer

La tercera fase supone el culmen al que aún tenemos que llegar como sociedad. Un final donde todos trabajamos juntos para derrotar una amenaza externa, donde respetamos las medidas de distanciamiento social para evitar que este virus se siga extendiendo. Al igual que Ripley se sacrificaba para evitar que el xenomorfo se desarrollase, nosotros como sociedad tenemos la obligación de “sacrificarnos”, de respetar las medidas de seguridad.

Un futuro donde los países se pelean por distribuir una vacuna, donde algunos quieren quedársela para ellos mismos y que esto sea un ‘sálvese quien pueda’, es un futuro condenado a no prosperar. Por eso debemos quedarnos con la moraleja que nos da ‘Alien’ y la teniente Ripley: la cooperación y el sacrificio de uno mismo.