Fútbol popular: yo soy el dueño de mi club

En España son numerosos los equipos que plantan cara al modelo tradicional de sociedad deportiva. El accionariado popular ha ido adquiriendo un notable protagonismo durante los últimos años y Pablo Prados, redactor jefe de ‘El Fútbol Popular‘, ha explicado el motivo que lo ha desencadenado.

Una nueva forma de gestionar los clubes. Así se define este concepto tan novedoso para algunas de las entidades más tradicionales futbolísticamente hablando. Se trata de cambiar el guion de las ya conocidas sociedades anónimas deportivas, en las cuales una estructura administrativa decide todo lo que ocurre en torno al club y su respectiva gestión, por un accionariado popular que transmita estos valores al socio, haciéndole partícipe de lo que muchos llaman ‘locura’.

Aquel fútbol callejero que nació espontáneamente como un mecanismo de transformación social promoviendo valores como la tolerancia, la solidaridad y el trabajo en equipo, remontan sus orígenes -parece ser- al Lejano Oriente para después extender sus fronteras a Europa. Este fútbol -popular- nos acompaña en esta sociedad de consumo como un bien necesario para distraernos y, a la vez, conseguir hacernos partícipes de nuestra inclusión en sus despachos y terrenos de juego como un miembro más de la plantilla.

Somos los nuevos románticos del fútbol

Yo soy el dueño de mi club

Los socios tienen el ‘control’ de la dirección del equipo. Bajo el lema ‘1 socio, 1 voto’, se reúnen en asambleas como las de cualquier otro club y aprueban y discuten las decisiones deportivas y administrativas que más benefician a la entidad. Son los nuevos dueños.

Atrás queda ese fútbol que nació con fines meramente recreativos y desinteresados que se ha ido convirtiendo con el paso de los años en actividades donde priman esencialmente los intereses económicos y, a veces, extradeportivos. Era necesario buscar una solución con un poco de sensatez para responder a esa vorágine de aficionados descontentos. Cada socio tiene una pieza del puzle, y si una falla, nada tiene sentido. Se complementan entre ellos para sacar el máximo ‘beneficio’ posible sin dañar la imagen institucional.

Una de las cosas que nos animó a seguir con el proyecto fue la cercanía con los clubes

Fútbol desinteresado

Prados, aficionado fervoroso y pasional, ha trasladado su visión y opinión de la situación actual de estas ‘entidades’. Un enamorado del fútbol que nos abre la concepción que cualquiera de nosotros pudiera tener acerca de este complejo modelo futbolístico: “cada aficionado siente el proyecto como suyo.

Antiguamente, este deporte era de la gente, de las masas. Tras una gran crisis que hubo en España, llegó la nueva ley del deporte, que estableció una serie de normas que obligaban a todos los equipos que estuviesen en el fútbol profesional (a excepción de los que tenían las deudas saneadas) a convertirse en sociedades anónimas. Eso alejó mucho al aficionado del fútbol, pero creo que un equipo popular se acerca mucho más a la verdadera concepción del romanticismo en este deporte; explica Pablo. “El trato con cada uno de los clubes a los que hemos contactado ha sido excelente; sin duda, un impulso para seguir este maravilloso proyecto”, añade.

El proyecto tuvo mucha acogida desde el inicio

‘Hermanados’ por un mismo sentimiento

Desde el 2007 hasta este año, se han incorporado a la agenda de nuestro deporte rey hasta 16 equipos, todos ellos con la única finalidad de acercar la práctica y gestión del fútbol a sus seguidores y socios descontentos o cansados por la ‘manipulación’ que han sufrido en la mayoría de las situaciones. Un nuevo mecanismo democrático basado en la fundación o refundación empieza a engrasar un eje cada vez más sólido.

Dos de estos ejemplos son el Atlético Club de Socios y el Unión Club Ceares. Ambos abogan por un modelo que sigue los patrones que definen al equipo popular.

Sede del Atlético Club de Socios

El primero de ellos, y merced a la iniciativa de antiguos socios del Atlético de Madrid, es el pionero del fútbol popular en España. Surgió con un fondo social y crítico contra la directiva de los colchoneros por la mala gestión económica que se estaba dirigiendo hacia una espiral de derroche y nefasta planificación. Ahora, intentar no alejarse de su principal inspiración: ‘el club es una familia’.

En el norte de España, el Unión Club Ceares intenta abrirse un hueco dentro del fútbol modesto. Lo han conseguido. Lucen, con orgullo, su escudo por el barrio. No quieren nada más para ser felices. Comparten ciudad con uno de los históricos del fútbol, el Sporting de Gijón y, además, no nacen con la intención de suplantar ni combatir con un equipo que nunca ha bajado más allá de la Segunda División.

La suma de todos los valores de cada uno de los equipos que representan esta interminable lista coinciden en que, sin sus aficionados, nada de esto sería posible. Vivir o morir, pero siempre de la mano.

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