“Gratis no trabajo” y otros mensajes en el muro de pago de los periódicos

muros de pago

El 22 de octubre de 2019, el mismo día que su portada la ocupaba una entrevista al encarcelado activista independentista Jordi Sánchez, el diario El Mundo cerraba parte de su contenido online solo para suscriptores. Quien quisiera acceder a la información más exclusiva y a los mejores artículos, tendría que colaborar económicamente con el medio. 

Fue el primer gran diario en España que se sumaba al tsunami de muros de pago o paywalls, que en la prensa anglosajona, con The New York Times a la cabeza, es la norma desde hace varios años. En España, solo algunos pequeños como InfoLibre o un puñado de regionales habían apostado por este método. A lo largo de este año se han sumado a las restricciones de acceso a contenidos más o menos estrictas otros grandes periódicos como El País, La Vanguardia o El Confidencial, que solo ofrecen determinados contenidos a sus suscriptores a través de pagos de entre 40 y 120 euros al año. 

Los muros de pago en España

Mientras la venta de medios impresos sigue con tendencia decreciente y la publicidad en Internet continúa en manos de grandes plataformas como Google, los diarios han buscado una manera de reinventarse. Francisco Pascual, subdirector de El Mundo, asegura que “en España hemos llegado tarde a los muros de pago”, pero “el futuro de los medios tradicionales pasa por cobrar por sus contenidos”. En la era digital, dice Pascual, “las barreras de entrada al mercado son muy bajas. Toda transformación entraña riesgos. El principal, en estos momentos, es educar a los lectores en la cultura del pago ofreciéndole contenidos de mucha calidad que no pueda encontrar gratis”. 

José Apezarena es editor de El Confidencial Digital, un medio que no restringe contenidos a los no suscriptores, ya que “al estar especializado en informaciones propias y exclusivas, no necesita toda esa cobertura”. Sobre la rentabilidad opina que “los muros de pago pueden resolver en parte el problema, pero esos portales van a sufrir descensos en la audiencia, lo que seguramente beneficiará a aquellos que no han cerrado el acceso”. Apezarena considera que algunos medios tradicionales pueden encontrar inconvenientes si los suscriptores no tienen acceso a “contenidos propios que justifiquen el pago de un dinero”, mientras que Francisco Pascual piensa que “cuanto más sostenible sea la financiación de un medio, más garantías tendrá de que su oferta sea de muy alta calidad y totalmente independiente de presiones externas”.

Calidad y ética

Los eruditos de los medios de comunicación llevan años lamentándose de los efectos negativos de la publicidad. Desde despolitizar y dar un toque sensacionalista a las noticias hasta reducir el abanico de voces y puntos de vista. La única esperanza que les queda a los medios es que los lectores acudan al rescate y así eviten que las grandes corporaciones influyan en la información debido a una cuestión monetaria. Pero, ¿podrían todos los lectores darse el lujo de pagar por la información? ¿Dónde establecemos la línea entre qué información debe ser de pago y cuál debe ser accesible para todos?

En Paths to subscription: Why recent subscribers chose to pay for news, el sociólogo estadounidense Rodney Benson, profesor de la Universidad de Nueva York, llegó a la conclusión de que “los nuevos suscriptores tendían a ser desproporcionadamente suburbanos y urbanos”, de clase social media-alta (67% total vs 57% de la población nacional), con estudios superiores (67% con estudios universitarios vs 33% de la población nacional) y blancos (88%).  Aunque “para algunos, las pequeñas élites de audiencias no son necesariamente algo malo, una democracia supervisada no puede sobrevivir en condiciones óptimas si estas minorías que actúan como ‘élites supervisoras’ tiene sus propios intereses e ideas que divergen del conjunto y se imponen a ellos”.

Por estas razones, es de vital importancia, según Rodney, que el grueso de la ciudadanía pueda acceder y leer tantas noticias de calidad como sea posible. Este profesor concluye que “para poder cumplir plenamente con sus responsabilidades cívicas, el periodismo debe sobrevivir no solo como institución, sino también económicamente, para poder llevar noticias de calidad a los ciudadanos independientemente de sus ingresos, educación, raza, género o ubicación geográfica”. 

Lo que no podemos permitirnos es trabajar gratis porque moriríamos de hambre

El estudio Newspaper’s Content Policy and the Effect of Paywalls on Pageviews, de Ho Kim, Reo Song y Youngsoo Kim, profesores de la surcoreana Universidad de Yonsei, fijó una muestra de cuarenta y dos periódicos en un periodo que abarcaba desde el 1 de enero de 2010 hasta el 31 de diciembre de 2017 para estudiar el impacto de los paywall en la prensa. La conclusión de este estudio fue que estos diferentes modelos de suscripción tenían un impacto negativo en las visitas diarias a la página para la mayoría de los medios estudiados, sin embargo, el impacto variaba cuantos más artículos de política, economía, deportes y de sociedad se publicaban. 

Si en algo coinciden todas las fuentes consultadas es que los muros de pago son una cuestión de supervivencia, porque como afirma Francisco Pascual “lo único que no podemos permitirnos los periodistas es trabajar gratis porque moriríamos de hambre”. Pero a través de estos métodos de suscripción también se consigue una relación más estrecha con el lector, que exige al medio más y mejores contenidos e informaciones, porque los paywall resucitan los medios desde un punto de vista económico, pero también ético y de calidad.

Con información de Lucía Sáez, Alba Ortega y Laura Muñetón.

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