“En la guerra si no obedecías te mataban; ahora si no llevas mascarilla te mueres”

Carmen Pérez Sobrino es una ourensana de 90 años que hace casi una década que cambió la estancia en su casa por una residencia de ancianos, donde estos últimos meses de pandemia no han sido fáciles. Hemos seguido los avances en los asilos a través de las pantallas, pero ¿cómo se ha vivido todo allí dentro?  Después de casi 8 meses de pandemia Carmen nos habla de su experiencia y de cómo se está actuando.

Pregunta: ¿Cuántos años lleva ingresada en la residencia?

Respuesta: En esta de la Fundación Valdegodos llevo dos años, pero he estado 5 años en otra.

P: ¿Considera que para alguien de la tercera edad supone más riesgo estar sólo en casa que en el geriátrico?

R: En estos tiempos pandémicos sí, yo no me atrevería a salir a comprar. Pero para mí lo peor de estar sola en casa era la noche. Escuchaba un pequeño ruido y ya tenía miedo. Estuve 5 años en mi casa con teleasistencia y estaba bien, pero nada que ver con ahora.

La llegada del Covid

P: ¿Cuáles son las primeras informaciones que recuerda recibir de la Covid?

R: No sabíamos nada más que unas pequeñas pinceladas de la Covid, hasta que quitaron los manteles del comedor, hay algunos nos dimos cuenta y supimos que algo pasaba.

P: ¿Alguna vez se imaginó que su vejez pasaría por algo así?

R: Nunca me podría esperar algo así. Creo que nos ha pillado a todos desprevenidos.

P: Viviendo tiempos de guerras, de dictaduras, ¿podría comparar esas sensaciones con las que está dejando la Covid?

R: Los tiempos de guerra fueron horrorosos, nada que ver con esto. Antes si no obedecías te mataban, ahora te mueres si no llevas mascarilla y no cumples las medidas y restricciones.

“Nos quedó obedecer y punto”

P: Con mucha antelación la dirección de su asilo actuó con precaución a la hora de restringir entradas y salidas; en ese momento ¿pensó que era una forma de actuar precipitada o acertada?

R: Cuando es así es así. Solo hablaba con mis compañeros a través del cristal. No entraba ni la más mínima cosa que no estuviera desinfectada. Nos quedó obedecer y punto.

La cuarentena del geriátrico

P: Psicológicamente sin recibir visitas, sin hablar con sus compañeros… ¿cómo ha sido?

R: Los primeros días cuesta, después te vas acostumbrando. Al final el encierro que se ha vivido fuera nosotros también lo hemos sentido. No podíamos hablar con nuestros compañeros pero yo hablaba con los trabajadores cuando pasaban por mi pasillo.

P: ¿Cree que el no haber tenido casos dentro de la residencia ha calmado el ambiente dentro de la gravedad?

R: Por supuesto. Aunque bueno, nosotros, los residentes, tampoco lo sufrimos tanto, solo teníamos que ponernos la mascarilla y estar en nuestra habitación. El personal es quien se tiene que adaptar a una nueva forma de trabajo.

P: ¿Usted considera que el Gobierno está haciendo las cosas como debería?

R: Yo creo que no, si se hicieran las cosas bien desde el principio pienso que no estaríamos así. Pero, ¿quién sabía que iba pasar todo esto?

P: Para una persona en sus plenas facultades mentales no es nada fácil, ¿pero cómo cree que es para una persona con alzheimer o demencia llevar mascarilla, ver llegar a los trabajadores como “astronautas”…?

R: Hay algunos que no saben lo que está pasando, se quitan la mascarilla a la media hora y tienen que insistirle para que se la pongan otra vez pero ellos no entienden porque. Hay otros que tienen la mascarilla pero ni se enteran.

“Dicen que después de la tempestad viene la calma. Estamos a la espera de esa calma”

P:¿Sería capaz de aproximar una fecha final para la Covid?

R: Rezo a Dios todos los días para que sea pronto, cuanto antes mejor. Pero bueno dicen que después de la tempestad viene la calma, estamos todos a la espera de esa calma.

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