Trump contra Biden: todo lo que tienes que saber sobre las elecciones de EE.UU.

Cuatro años después de la victoria de Trump en Estados Unidos, los ciudadanos vuelven a ser convocados a las urnas para decidir si quieren mantener al republicano en la Casa Blanca o si prefieren optar por un cambio. Trump y Biden se han visto las caras en dos debates en los que han disentido en asuntos como política exterior, racismo, aborto, tenencia de armas, cambio climático, economía, la reforma del cuerpo policial y, por supuesto, la gestión de la COVID-19. Son dos candidatos muy polarizantes con un elemento en común: gane quien gane, será el presidente de mayor edad de la Historia de EEUU. 

Pero, ¿en qué se diferencian Trump y Biden? ¿Qué dicen las encuestas que va a pasar? ¿Por qué en Estados Unidos puedes gobernar aunque no ganes las elecciones? ¿Qué perfiles de ciudadanos votan a cada uno? 

Biden parte con ligera ventaja respecto a Trump

Trump vs Biden: las diferencias

La crisis del coronavirus. Si algo ha marcado el 2020 ha sido la COVID-19, y Estados Unidos es el país más afectado, con 8,4 millones de contagiados y 220.000 muertos. El negacionismo del presidente contra el virus y su crítica a que Biden defienda escuchar a los científicos y el uso de las mascarillas ha sido una de las principales bazas a favor de los demócratas, a los que Trump les ha puesto en bandeja la campaña en este aspecto. La grave crisis, sumada a la tardía reacción de la Administración, ha provocado que la economía estadounidense haya entrado en una grave recesión. Esto es especialmente negativo para los republicanos, que tenían como argumento fundamental para pedir el voto la buena gestión económica del gobierno a lo largo de estos tres años y medio, y cuyos resultados se están desmoronando. 

El aborto. Este espinoso asunto está en el centro del debate político y social en EEUU, especialmente después de que Trump eligiese a la juez antiabortista (y pro armas) Amy Coney Barrett como sustituta de la progresista Ruth Bader Ginsburg en la Corte Suprema. Trump hace años defendía el aborto, diciendo que, aunque le resultaba desagradable, era un derecho de la mujer. Sin embargo, desde que entró en política su idea de la interrupción voluntaria del embarazo se ha vuelto más conservadora, incluyendo la retirada de fondos federales para clínicas abortivas y organizaciones de planificación familiar. Resulta curioso que los que más apoyan a Trump en esta cruzada son los evangelistas, de los que él constantemente reniega, mientras que Biden, católico practicante, se posiciona abiertamente a favor del aborto. Quien se tiene que pronunciar al respecto es la Corte Suprema, de mayoría conservadora, pero si los demócratas gobiernan podrían sacar adelante una ley federal que blinde el derecho al aborto, siempre y cuando ganen las elecciones de mitad de mandato en 2022, en las que se configura la composición del Senado y de la Cámara de los Representantes. 

Black Lives Matter. La brutalidad policial es uno de los principales problemas de EEUU desde mucho antes de que Trump llegase a la Casa Blanca, pero todos los índices señalan que se ha agravado a lo largo de estos años, y es difícil defender que las ideas de Trump no tengan nada que ver. Su apoyo a grupos supremacistas blancos, así como su posición a favor de la policía (“los verdaderos héroes”, según él) tras la muerte a manos de agentes de varios ciudadanos afroamericanos inocentes, han dilatado la brecha social del país, donde nunca se ha llegado a cerrar las heridas de su racismo histórico. Biden, por su parte, se califica a sí mismo como “antirracista”, y la elección de Harris, una mujer negra hija de inmigrantes, como vicepresidenta no es casualidad. Pese a esto, su ahora flamante compañera de ticket electoral le acusó durante las primarias -cuando eran contrincantes- de no legislar a favor de la población afroamericana durante sus años como senador. Desde el Partido Demócrata le han trasladado a Biden su incomodidad con la escalada de violencia que está habiendo en el país a raíz de estas protestas, y si llega a ser presidente va a tener un papel complicado porque deberá atajar el problema para volver a la normalidad en las calles y a su vez muchos votantes le exigirán que haga una reforma seria del cuerpo policial, lo cual sería, cuanto menos, polémico. 

Cambio climático. Trump se mantiene en un estricto punto de vista negacionista con respecto al calentamiento global, asegurando que “el aire está bien” y que “no se pueden tomar medidas que perjudiquen a las empresas”, ya que precisamente lo que critican los activistas medioambientales es que la crisis ecológica se debe en gran parte a la irresponsabilidad de las grandes corporaciones. Los demócratas han tenido mucho debate interno alrededor de esta cuestión. Los más izquierdistas (liderados por el senador Bernie Sanders y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez) defienden el Green New Deal, un plan de choque contra el cambio climático que Biden rechaza tajantemente. El candidato propone inversiones federales en energía renovable y oponerse a la deforestación del Amazonas contra el gobierno de Bolsonaro, así como volver al Acuerdo de París, un convenio internacional promovido por la ONU del que Trump decidió irse en verano de 2017.

En esta ocasión hay menos voto oculto, lo cual beneficia a los demócratas

Encuestas: quién puede ganar y quién vota a cada uno

Según las encuestas Trump ha ido alejando a lo largo de estos años a muchos jóvenes que le votaron en 2016, a raíz de su falta de propuestas contra la deuda estudiantil, que asciende a más de mil millones y medio de dólares. También a los más ancianos, que pensaban votarle por su eficaz gestión económica pero que están decepcionados con cómo se ha enfrentado a la COVID-19, que ha afectado de una forma especialmente dramática a los más mayores. El suelo electoral de Trump tiene tendencia menguante, y es complicado pensar que otra persona pueda ganar unas elecciones dentro de unos años con su mismo discurso. El republicano tiene a su favor que el 65% de la población estadounidense son blancos de ascendencia no hispana, un sector que tiende a votar al candidato conservador. Además, según las encuestas, el número de mujeres que se inclinarán por Trump en esta ocasión aumenta de forma sutil respecto a 2016, aunque son mayoría las que a priori apostarán por Biden.  

A Biden se le pronostica una ventaja ligeramente mayor con respecto a Trump, pero lo mismo pasó con Clinton hace cuatro años. Cabe destacar que el votante conservador en EEUU cada vez tiene menos complejos, y parte de la sorpresa de la victoria de Trump en 2016 fue debida a que había mucho voto oculto, lo cual ahora mismo no sucede, con lo que las posibilidades de Biden son más sólidas. El demócrata atrae más el voto afroamericano que Hillary Clinton, pero ella reunía a su alrededor a muchas mujeres y Biden no tanto. Él tiene como principal beneficio a su candidata a vicepresidenta, Kamala Harris, que convence mucho más a los votantes jóvenes, muy movilizados en estas elecciones.

Llama la atención que los votantes hispanos no tienen una tendencia evidente hacia ningún partido, y aún así ni Biden ni Trump ponen mucho de su parte para buscar el voto de este sector. Además, las ciudades tienden a votar a los progresistas mientras que el campo (“la América profunda”) se inclina por los conservadores.

Las encuestas señalan que Biden ganaría con ligera ventaja, pero la situación es muy polarizante, y es complicado de predecir. Los demócratas llevan la delantera en estados clave como California, Nueva York o Illinois, mientras que Trump solo tiene asegurados algunos de los que son históricamente republicanos como Alabama, Utah o Kentucky. Además, el voto está en el aire en los dos estados conservadores más relevantes, Texas y Florida, con población muy envejecida que está decepcionada con la gestión de la pandemia

Pero si hay un estado del cual hay que estar pendiente en todas las elecciones es Ohio, ya que en los últimos 60 años (desde la época de Kennedy), quien gana allí termina gobernando el país. Las encuestas esta vez lo presentan como un swing state, es decir, un estado en el que la balanza puede inclinarse para cualquier lado a última hora, ya que la diferencia entre Trump y Biden es de un 1%, sin un claro favorito

Trump podría gobernar aunque pierda las elecciones

¿Se puede gobernar sin ganar las elecciones?

Sí. El sistema electoral estadounidense es presidencialista, aunque no se vota directamente al presidente sino a una serie de delegados que conforman un Colegio Electoral, que son quienes eligen al presidente. Cada estado elige a un número concreto de delegados dependiendo de cuántos congresistas y senadores les representen (California es el que más tiene, con 55, mientras que el mínimo es 3). Quien gana en un estado se lleva todos los delegados que le corresponden al territorio, independientemente del margen con el que haya vencido, excepto en Maine y Nebraska. Aún así, los delegados no están obligados a votar a quien haya ganado en su estado (aunque históricamente se ha respetado y solo nueve delegados han ignorado la disciplina de voto en 229 años). Para que un presidente sea elegido necesita al menos 270 apoyos. Es por esto que pese a que Clinton en 2016 tuvo dos millones y medio más de votos que Trump, no pudo gobernar porque él ganó en estados clave que le otorgaron mayor número de delegados. 

Los domingos eran día de religión y viajes, y la mayoría de la población no podía ir a votar

Por qué las elecciones son un martes

En Europa estamos acostumbrados a que las elecciones sean los domingos, mientras que en Estados Unidos históricamente siempre han votado el segundo martes después del segundo lunes de noviembre. Esto se debe a que a mediados del siglo XIX el país era eminentemente agrario. Para los trabajadores del campo suponía demasiado tiempo transportarse hasta la ciudad el fin de semana, ya que los sábados trabajaban y los domingos iban a la Iglesia u organizaban algún viaje, para volver el lunes (día que, por lo tanto, también quedaba descartado para ser jornada electoral). Los miércoles eran tradicionalmente el día del mercado, y el resto de la semana se trabajaba, así que en 1845 se fijaron los martes, por descarte, como día de las elecciones. 

El motivo de que sean siempre en noviembre es que en los meses de primavera y verano la población estaba ocupada con la plantación de las cosechas, que eran recolectadas en invierno. Noviembre era un mes de transición, en la que tenían mayor disponibilidad tanto las zonas rurales como las grandes urbes, y que además tenía una situación meteorológica estable en todos los estados. 

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