La huella del coronavirus en Madrid (3): rascacielos vacíos, hospitales llenos

Un martes del mes de octubre, Madrid, Cuatro Torres. Se presenta un ambiente peculiar debido a la pandemia y el teletrabajo, algo nunca antes visto en empresas tan grandes como las que se alojan en este parque empresarial. Apenas acaba de empezar la “vuelta a la rutina”, pero las calles están poco concurridas y el tráfico no es tan abundante como lo habría sido en otras circunstancias. 

A pesar de esto, continúa siendo la ciudad de Madrid en un día laborable, y las personas, trajeadas, con maletines y expresión seria, caminan a toda prisa en dirección a sus puestos de trabajo, como si de un día normal se tratase, a excepción de una cosa: todo el mundo lleva mascarilla. 

En las zonas de oficinas encontramos un ambiente muy tranquilo, vacío y en el que se nota que no todo el mundo ha vuelto a trabajar. 

Los pros y contras del teletrabajo

Lola y Javier, informáticos en Microfocus, una empresa de software de la Torre Espacio, confirman que tanto el trabajo de modernización de las empresas durante este año como el del próximo hubiese llevado 10 años en una situación normal pero, debido a la COVID-19, “se han acelerado muchos procesos informáticos, sobre todo en lo referente a la digitalización de las empresas”.

También explican el lado negativo del teletrabajo, pues es muy difícil compaginarlo con la vida familiar por la dificultad de desconexión. Pero la flexibilidad horaria que conlleva esta forma de trabajar les permite “escaparse” para hacer otras cosas. “Ahora puedo pasar más tiempo con mi familia y me facilita mucho todo. Puedo ir a buscar a mi hijo al colegio si quiero, y pasar un rato con él en familia”, explica Lola. A nivel profesional, Javier expresa la complicación que supone el trato con los clientes y su instalación de software, porque “no puedes estar ahí comprobando que todo sea como tiene que ser”. 

Para los informáticos, el teletrabajo complica algunos procesos cotidianos, como la instalación de un software

En su empresa ya han comunicado oficialmente que la vuelta a las oficinas no tendrá lugar hasta febrero. 

El 31 de enero, el primer caso

En España, el primer paciente positivo en COVID-19 se registró el 31 de enero de 2020. Su rápida expansión obligó al Gobierno a decretar el Estado de Alarma el 14 de marzo de 2020, lo que supuso el establecimiento de medidas extraordinarias que limitasen la movilidad de los ciudadanos.

Entre ellas, se encuentra la legislación del teletrabajo, una de las medidas que más controversia ha generado por su falta de regulación y la indecisión de los distintos sectores a la hora de aplicarlo.

Muchas de las medidas del Estado de Alarma continúan vigentes en en la Comunidad de Madrid debido a su extrema situación, pues es la capital europea con mayor incidencia de COVID-19. 

La mayoría de las empresas ha optado por el teletrabajo como principal contención del virus, pero otras como KPMG prefieren compaginar los protocolos anti-COVID -distanciamiento de seguridad y limpieza constante de zonas comunes-, con el teletrabajo. 

Isabel, consultora en KPMG, explica que su empresa necesita la presencialidad tanto para reuniones con clientes, como para formar y firmar los contratos de nuevas incorporaciones. Por ello, su empresa ha establecido un horario de trabajo rotativo, que permite “compaginar la vida laboral con la familiar”. Según ella, el teletrabajo y la rotación por turnos “van para largo y con previsión de quedarse”. 

Como Isabel hay muchos más, entre ellos Pedro (consultor) y Cristina (administradora), trabajadores en la Torre Cepsa, que manifiestan las situaciones vividas durante esta extraña situación en su empresa: “Muchas horas de trabajo extra, mucho estrés y poca vida familiar, casi nula”. 

“Todo volverá a la normalidad”

Dependiendo de la empresa y el puesto, hay más o menos facilidades para teletrabajar, como cuentan José y Juan, trabajadores en la construcción. Han trabajado durante el confinamiento con escasos recursos para protegerse del virus, y según ellos, no ha habido ningún cambio significante en sus jornadas laborales, “si no fuera por la mascarilla”. 

Al finalizar la conversación con ambos, Juan muestra sus dudas con respecto a lo que está ocurriendo: “Esto es todo una mentira y pasará a ser solo una gripe, entonces, todo volverá a la normalidad”. 

La COVID-19 es una enfermedad causada por la familia de los coronavirus, que en humanos produce “infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado hasta enfermedades como el SRAS”, según la Organización Mundial de la Salud. 

Fue descubierta en diciembre de 2019, cuando hubo un brote de neumonía de causa desconocida en la ciudad de Wuhan (China), y se expandió rápidamente por el resto del mundo. Con 500.000 infectados a nivel global en marzo de 2020, se declaró la emergencia sanitaria de preocupación internacional, y los gobiernos comenzaron a tomar medidas extraordinarias para contener la propagación del virus. 

Otra realidad en los hospitales

Sin embargo, las medidas no tuvieron el impacto esperado y la realidad de los hospitales es muy distinta a la deseada. 

En el hospital La Paz nos encontramos con la saturación de especialistas sanitarios, un ambiente cargado de tensión y la idea generalizada de que la situación no es favorable, como han confirmado algunos trabajadores.

Hablamos con dos celadores. Aseguran que esta segunda ola del virus no viene tan fuerte como la primera, pero “se pondrá a su nivel”. Una de ellos, Gema, expresa que el número de muertes será menor, pero el sistema sanitario colapsará igual: “El problema es la falta de recursos tanto materiales como personales”, sin estos, por muchas medidas que se tomen, la expansión del virus no será frenada. 

“Ahora sabemos a qué nos enfrentamos, pero las condiciones de trabajo son extremas”, se lamenta un médico

Un médico, que prefiere no decir su nombre, declara que la preparación de los centros sanitarios es mayor, ya que cuentan con experiencia previa y saben a lo que se enfrentan, pero las condiciones de trabajo continúan siendo extremas: guardias de mayor duración, sobrecarga de trabajo y escasez de recursos que derivará en la incapacidad para atender a todo el mundo. “Los medios de comunicación no están siendo del todo sinceros”, afirma. 

Desde el punto de vista de Alonso, técnico de emergencias en traslados generales, la situación es muy dura. “No paras de trabajar, los traslados de medicina general están saturados y tienen mucho retraso”, afirma. 

Denuncia la falta de personal y de ambulancias, pues al transportar un paciente COVID-19 dejan de ser útiles durante unas horas, hasta ser ozonizadas. “A nivel personal es algo muy difícil de llevar; ver a la gente entrar y salir de la UCI, ver lo mal que lo pasan…”, dice,pero es mi trabajo y se tiene que continuar como se puede”. 

Independientemente del sector, la pandemia por COVID-19 ha afectado a todos. Y mientras intentamos recuperar esa ansiada normalidad “pre-covid”, todos los testimonios coinciden en una cosa, que resume Alonso: “La toma de medidas y concienciación social son fundamentales para hacer frente al rebrote del coronavirus y evitar que su impacto sea igual que el primero”. 

En colaboración con Lydia Pérez Herrera

(*): Este reportaje forma parte de un proyecto de los alumnos de 1º de Periodismo de la Universidad Villanueva en la asignatura de Redacción Periodística

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