La huella del coronavirus en Madrid (2): Dos centímetros en el tren, dos metros en el bingo

“Cómo la gente puede viajar tan tranquila en el metro cuando la distancia de seguridad no se respeta y luego no atreverse a venir al salón. Están a dos centímetros de separación en el vagón y aquí no se pueden juntar”, se lamenta una empleada de uno de los salones de juego más transitados de la calle Bravo Murillo de Madrid. Su queja es común, cada uno con sus circunstancias personales, a la de los dueños y trabajadores de muchos negocios, que ven cómo la crisis de la COVID-19 les está poniendo en una situación económica límite.

Según esta trabajadora las consecuencias del coronavirus han sido devastadoras. La poca gente que visita el salón, Luckia, debido a la disminución del aforo, no gasta ni una cuarta parte de lo que se gastaba anteriormente. Debido a esto la situación económica de la empresa empeoró dejando también algún que otro ERTE entre los trabajadores. La entrevistada afirma no haber recibido su salario durante dos meses consecutivos a pesar de tener dos hijas y una hipoteca que pagar.

Meses después del comienzo de la pandemia la economía española se ha quedado estancada. La calle Bravo Murillo, una de las arterias de la villa madrileña, da la bienvenida a un otoño con más de una decena de establecimientos que han echado el cierre, y otros a punto de hacerlo. La mayoría de los sectores se ha visto afectado por los efectos de la COVID-19, sobresaliendo entre ellos el de la hostelería, un sector tan amplio que abarca desde bares, restaurantes y hoteles hasta casas de apuestas. Los propietarios de estos negocios no entienden aún las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno y encuentran incongruencias en estas.

“Tengo dos hijas y una hipoteca que pagar”

Prueba de estas palabras son las declaraciones que ofrece el director de una asesoría financiera ubicada en esta misma calle, al que todavía le cuesta creer la cantidad de negocios vecinos que han acudido a su empresa para solicitar sus servicios. Todos y cada uno de ellos con una mala situación económica. “España no aprende”, se lamenta este asesor de empresas, que resume de esta forma la situación que atraviesa el país. Gran parte de los autónomos que acude a este negocio lamenta que nada más terminar el confinamiento la gente fuese directa a la playa olvidándose de la pandemia y sus consecuencias económicas haciéndoles enfrentarse a una segunda ola con los mismos gastos pero menos ingresos. Sin embargo, la asesoría afirma que los servicios de limpieza domiciliaria han aumentado sus ingresos gracias a la higienización de los hogares.

Según sus datos las empresas que más se han aprovechado de los ERTES han sido las multinacionales. Por el contrario los pequeños comerciantes han intentado mantener el salario habitual de sus trabajadores. Además, asegura que la mayoría de las ayudas destinadas a la supervivencia de estas ha sido a las empresas menos necesitadas.

“Solo salen al supermercado”

Negocios como los quioscos, que ya se encontraban en un inestable nivel económico, van en descenso de ventas y declaran haber cambiado sus productos tradicionales por mascarillas. “Era la única forma de sobrevivir”, asegura el propietario de uno de los quioscos de Bravo Murillo.

El teletrabajo ha reducido aún más las ventas en los quioscos de Prensa

A esto se le suma la pérdida de clientes que todavía compraban prensa en papel, entre los que se encuentran trabajadores de las grandes multinacionales y funcionarios que ya no pasan frente a su local, debido al teletrabajo o al despido. Al igual que las personas de tercera edad, que por el peligro que supone salir “siguen en Fase 1”, según detalla este quiosquero, y que tienen miedo al contagio mediante el papel. “Solo salen al supermercado”, declara el mismo vendedor.

El suyo es uno de los muchos gremios a los que el coronavirus ha afectado de lleno. Y su lamento, el mismo que otros muchos comerciantes. Da igual que se dediquen a asesorar a empresarios en apuros o a vender cartones de bingo.

Con información de Paula Gosende

(*): Este reportaje forma parte de un proyecto de los alumnos de 1º de Periodismo de la Universidad Villanueva en la asignatura de Redacción Periodística

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