Español… pero ¿de dónde?

“He sufrido discriminación desde niña. Algunos padres separaban a sus hijos de mí (y de mis hermanos) para que no jugaran con negros. Han llegado a tomarme por prostituta en Majadahonda, mi propia casa.” Alejandra (21), nació en Madrid, aunque su madre procede de Malabo, Guinea Ecuatorial; aún así, es tratada como una intrusa en su propio hogar. “Incluso, he vivido la situación de que la policía me pida mi documentación, sin motivo, y con más gente alrededor”, añade.

Alejandra se siente y es española, pero ¿es considerada una más nuestra sociedad? “No, me tratan como si fuera extranjera” protesta. No es la única que se queja de este tipo de situaciones.

¿Qué dicen los expertos?

Si alguien nacido fuera de nuestras fronteras pasa años viviendo aquí (cumpliendo una serie de requisitos) adquiere la nacionalidad española. Sin embargo, esto no le asegura la aceptación social.

Asimismo, en ocasiones ocurre que personas nacidas en España, es decir, sin ninguna otra nacionalidad, tampoco son tratadas como nativos. Esto es habitual entre los que se conocen como “inmigrantes de segunda generación”, o sea, hijos de inmigrantes.

Una encuesta del Real Instituto Elcano afirma que “la integración de la segunda generación de inmigrantes está aumentando en España: mejoran sus aspiraciones y expectativas, aumenta su identificación con el país y son muy pocos los que se sienten discriminados.” Otros estudios, como el que se muestra de la Caixa, secundan estas afirmaciones.

Percepciones de discriminación en los hijos de inmigrantes en España, ILSEG 2012. La Caixa. Crecer en España. La integración de los hijos de inmigrantes. 2014.

Sin embargo, cada caso es un mundo. Algunos extranjeros están completamente integrados. Por el contrario, existen españoles que, como Alejandra, se sienten extraños en su país.

Existen españoles que se sienten extraños en su país

De primeras, el término “inmigrantes de segunda generación” no es preciso, puesto que si nacieron aquí significa que no han migrado, y menos inmigrado. Nabil Sayed-Ahmad Beiruti, psiquiatra, nacido en Damasco, lleva en España desde 1970. En una entrevista para lamarea.com expone que “es un término equivocado que lo único que consigue es estigmatizar a las personas, siempre llamándoles los “otros”. Eso es lo que les puede empujar a situaciones ambivalentes, de rechazo y de crisis de identidad.”

¿Qué dicen las personas?

Luna (17) es española de origen chino, y fue adoptada a la edad de 6 meses. Asegura no haber sentido discriminación. De todos modos, sí se ha encontrado ante la típica pregunta con segundas “española… ¿pero de dónde?” Es consciente de que la idea es averiguar su procedencia, debido a sus rasgos asiáticos, pero no le molesta. “La gente siente curiosidad, de la misma forma que yo puedo sentirla por el acento de alguien”, explica.

Pero no todo el mundo tiene su misma suerte. A este respecto Alejandra ofrece un duro testimonio: “Las personas racializadas nos enfrentamos a miradas y comentarios sutiles a diario. Y, en ocasiones, a situaciones más explícitas de racismo. A mí me han rechazado en alguna entrevista de trabajo o a la hora de alquilar un piso. Pertenecí a una asociación de mujeres afrodescendientes, en la cual todas comentaban que habían sufrido casos de discriminación como los míos. Incluso, algunas de ellas han llegando a sufrir situaciones de violencia (de diversa índole) por parte de la policía. Es habitual la imagen de los cuerpos de seguridad del estado utilizando agresividad desmedida contra personas como nosotras.”

“Mis compañeras afrodescendientes han llegado a sufrir abusos de la policía”

Fátima (21) es marroquí y vive en España desde que tenía 8 años. Asegura que jamás se quitará la etiqueta de “extranjera” porque “es parte del racismo. Puede que si llevase otro modo de vida, más parecido al de la sociedad española en cuanto vestimenta o religión, me aceptasen más. Pero como tengo mi propia identidad cultural, y no renuncio a ella, siempre seré la que viene de otra parte. Y sería así aunque hubiese nacido aquí mismo.”

Alejandra también ha sentido que tiene que renunciar a sus raíces para encajar: “He tendido a recluir la parte “negra” de mí, porque inconscientemente le culpo de todas las discriminaciones que he sufrido y sufro. Debido al rechazo no termino de sentirme española, así que me encuentro en un limbo llamado “perdida de identidad cultural”.

Fátima y su familia también han sufrido graves situaciones de discriminación. Por ejemplo, declara que “cuando acompañé a mi madre a una entrevista de trabajo no se la hicieron. Ni siquiera la dejaron entrar porque llevaba velo.”

“A mi madre no la entrevistaron por llevar velo”

A la derecha Hamed, a su izquierda Nacho.

La idea sobre cómo te percibe tu comunidad es importante. Hamed (21), es un crisol cultural: su madre es peruana, su padre iraní y nació en Lima. Lleva viviendo en España desde que tenía 3 meses de vida. Aún así, no se presenta como español cuando le preguntan porque “la definición de español, por mucho que yo me lo considere, depende del entorno. Ser parte de un grupo social implica ser aceptado por ellos. Para ser español me tienen que considerar español. Pero no me ven como uno más, sino como un extranjero, sobre todo por el físico”.

Por otra parte, Hamed evidencia que la discriminación es relativa, no solo depende del aspecto o del acento, también de tu estatus: “Si viviera en Aluche y no tuviera estudios, al coincidir con los estereotipos, supongo que la notaría más”.

Extranjeros tratados como españoles

Cabe destacar el caso contrario, cuando se “pone en duda la extranjería” de algunas personas. Eric (21), relata que normalmente es tratado como un español más, “de hecho, cuando digo que soy argentino suelen reaccionar con sorpresa” afirma. Lo mismo ocurre con Nacho (21), de origen venezolano que explica que “es principalmente porque soy blanco. Pero es incultura, porque no hace falta ser negro para ser venezolano ni blanco para ser español, existe mucha diversidad. Esto no es tan dañino como el racismo que viven las personas racializadas, pero entra dentro de la misma categoría, es la otra cara de la moneda.”

“Me consideran español porque soy blanco”

Es irónico que ser blanco sea un requisito para ser visto como español, cuando internacionalmente no se nos considera como tal. A raíz de la polémica de Antonio Banderas, que fue calificado como “actor de color”, el escritor Ed Morales afirmó que “antes de la Segunda Guerra Mundial ningún estadounidense hubiese considerado blanco a ningún europeo del sur”, en una entrevista para El País. Además, nosotros también sufrimos rechazo cuando emigramos al norte de Europa.

A la derecha Luz, a su izquierda Pilar.

Pilar (21) nació en Valledupar, Colombia. Llegó con 5 años, pero afirma no ser tratada como una extranjera. La razón, según ella, “es que me parezco a mi padre que es español: soy blanca de pelo negro. Por mi aspecto y no tener acento es más fácil que me identifiquen como española.” Sin embargo, sí que ha presenciado discriminación cuando era niña: “en la zona pija en la que vivía, cuando mi madre me sacaba al parque le preguntaban por qué no me vigilaba más ya que para eso le pagaban.” Su madre sí es tratada como extranjera “por su color de piel y su forma de hablar.”

He presenciado discriminación hacia mi madre por ser extranjera

¿Hay integración en España?

España ha progresado con los años. Muchos de los entrevistados coinciden en que la situación era peor hace tiempo. Luz (22) nació en Lima, Perú. Reside en España desde 2003 y afirma que, cuando era pequeña, se sentía más excluida, “me miraban como la rara. No se me acercaba nadie. Una vez en educación física (por obligación) un niño me dio la mano, puso cara de asco y luego se la limpio en el pantalón.” Ella ha notado un progreso: “en la actualidad se ha mejorado, la integración se nota sobre todo en edades en proceso de maduración, que incluye hasta la universidad.”

En palabras de Hamed, habrá verdadera integración cuando “podamos aceptar que puedes ser español con ojos rasgados, budista, de origen latino o árabe.”

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