Una caja de puros, el periodismo al servicio del amor y unos stickers

Ya no se escriben cartas de amor, ya nadie pregunta si alguien tiene un boli porque no los usamos, ya no empleamos los folios en blanco ni para dibujar garabatos.

A la gente se le olvidó la sensación de recibir una carta, de tocar el papel al pie de la letra, de conocer la firma, reconocer a alguien en la palabra, se desacostumbró a la magia y dejó que el cartero se convirtiera en un transportador de paquetes”, dice Carolina Calle, nacida en Medellín, Colombia, licenciada en periodismo por la Universidad Pontificia Bolivariana, ganadora de varios premios y creadora de Cartas a la carta, web dedicada a las cartas por encargo.

Dos historias y una predicción

Dos historias y una predicción: una del pasado, una del presente y otra que, si seguimos así, será del futuro. Juan Carlos guarda más de 20 cartas de cuando no existía el WhatsApp; Carolina intenta revivir la correspondencia y para ello, no le pone un precio, sino que pide un trueque, “un intercambio de favores porque seguro que esa persona sabe hacer algo que a mi o a Cartas a la carta nos puede servir”, aclara; y una recreación de una conversación de amor del siglo XIX, una predicción sobre cómo estamos perdiendo las palabras.

“No pido un precio si no un intercambio de favores”, explica Carolina Calle

Juan Carlos, de 60 años, abre una caja de madera, una de esas que antes se usaban en las bodas y que venían repletas de puros. En su interior hay numerosas hojas amarilleadas por los años. Sus manos recorren las letras que pueblan los folios. En su rostro se dibuja una sonrisa y los ojos, ocultos tras sus gafas, brillan. “Esta me la escribió mi hermano pequeño cuando yo estaba en la mili, me pide que le conteste”, dice sonriendo. “Es que era un poco despistado”, añade.

“La escribió mi hermano pequeño cuando estaba en la mili”, dice Juan Carlos

Según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, 7 de cada 10 hogares aseguraron no haber recibido ninguna carta personal en 2019, pero cada día se envían 60 millones de WhatsApp con sus respectivos stickers (pegatinas con frases o caras), a pesar de que varios informes avisan de la relación que existe entre la depresión en los jóvenes y el abuso de internet.

60 millones de WhatsApp al día

“He tenido temporadas de silencio y a mí también se me han ido las palabras, ya no publico con la frecuencia que quisiera”, comenta Carolina Calle.

Las nuevas tecnologías han tenido un profundo impacto en la sociedad; en 2008 el 60% de la población mundial tenía un teléfono móvil. Según Cisco Systems, empresa dedicada a la fabricación, venta, mantenimiento y consultoría de equipos de telecomunicaciones, en 2020 el 88% de los españoles (lo que supone 40,8 millones), tendrán una cuenta en una red social. Se pasan 50 días al año mirando internet, lo que se traduce en una media de 2 horas y 34 minutos al día.

“La carta no se pierde en el muro de Facebook”, dice Carolina Calle

“A diferencia de un mensaje de texto a través del celular, de un chat o de un correo electrónico, una carta escrita con puño y letra tiene poder y vigencia. No se va a perder en bandejas de entrada ni en el muro del Facebook”, explica Carolina Calle.

Cartas por encargo

Ya no se escriben cartas de amor, ya nadie pregunta si alguien tiene un boli porque no los usamos, ya no empleamos los folios en blanco ni para dibujar garabatos. Ahora, enviamos emoticonos, damos likes y subimos fotos.  

Ya no se escriben cartas de amor, pero cuando una relación va a la deriva, cuando tienen un problema y no saben expresarlo, cuando necesitan saber qué es lo que sienten y cómo decirlo, Carolina Calle pone el periodismo al servicio del amor.

“La carta es como una mediadora”, explica Carolina Calle

Cartas a un esposos alcohólico, a un hombre que todavía no quiere casarse, a una mujer que quiere evitar el divorcio… Cartas cuando el amor ya no es lo mismo o incluso cuando no se está de cuerdo con que la relación sea abierta. Sobre esto escribe ahora Carolina. “La carta entra como una mediadora, por eso cuando la termino quedo en ascuas, con ganas de saber qué va a pasar, qué detona, qué cataliza, qué pasa cuando llega al destinatario. Me encanta poder traducir esos enredos que trae la gente”, aclara.

La web tiene una media de 8 mil visitas mensuales y 40 mil visitantes al año. Además, cuenta con más de 2 mil suscriptores. “Ya hay más de 100 cartas que resultan siendo una respuesta a miles de personas que semanalmente llegan por azar. Que le preguntaron a Google: cómo escribir una carta, cómo decir que…”, explica Carolina Calle.

“Hacia dos meses que no sabían nada de mi”, dice Juan Carlos

Juan Carlos deja la carta al lado de la caja y continúa buscando en su interior. Se ríe. “Pues sí que era despistado”, bromea. “Esta era de mi padre y estaba muy enfadado porque hacía 2 meses que no sabían nada de mí”, explica Juan Carlos, mientras señala una caligrafía inclinada.

Carolina asegura que escribir cartas por encargo le ha traído situaciones divertidas y otras complejas.  “He escrito como si fuera un adolescente, como si fuera una madre. He hecho discursos para bodas y funerales. Me han buscado niños, adultos y mayores. He logrado reconciliaciones y también separaciones”, dice.

“Se llama Cartas a la carta porque hay cartas de todo tipo”, explica Carolina Calle

Para encargar una carta hay que cumplir una serie de requisitos: no se pedirá transcribir mentiras, debe haber un propósito noble, el tiempo no es negociable y no hay que esperar cursilerías porque, para Carolina, la carta perfecta es la que utiliza formas no convencionales, la que se sale de lo cliché, “cuando presto este servicio hago una investigación en la persona, trato de construir metáforas según la mirada y la sensibilidad de cada uno. El blog se llama Cartas a la Carta porque en él se pueden encontrar cartas de todo tipo”, explica.

Al otro lado del océano, la sonrisa de Juan Carlos se ensancha al leer las líneas de una carta: “Hola, monstruito”, dice en voz alta, “esta me la escribió mi entonces novia y ahora mujer en agosto de 1984”. ​

De una caja de puros a unos stickers, pasando por un periodismo al servicio del amor. Pasado, presente y, quizá futuro, de nosotros depende.

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