El cerebro de género empieza con los juguetes

Su juego preferido es limpiar, con trapos o con su pequeña fregona. Pero los cochecitos, las motos y un carro de la compra son también sus favoritos. Tradicionalmente, los estereotipos de género establecen que son las niñas las que se inclinan por todo lo que tenga que ver con el cuidado del hogar. Sin embargo, estos tópicos se alejan de la realidad. Gracias a que su familia permite el “juego libre“, el pequeño Ángel, de dos años, tiene la posibilidad de divertirse como quiera, sin ser cohibido por limitaciones que pudieran marcarle de por vida.

Ángel no es cohibido por limitaciones de género

En la actualidad, se entiende que permitir a los pequeños jugar con todo tipo de juguetes es prioritario para su correcto desarrollo. Por esta razón, han surgido diversas asociaciones que buscan concienciar a los padres. Por ejemplo, desde “Play Unlimited” (Australia) defienden que “se debe alentar a todos los niños a aprender sin limitaciones según su género, sin estereotipos destinados a desalentar el acceso igualitario a todos los juguetes.”

Impacto cognitivo

Pero, ¿por qué tanto revuelo por los juguetes? Porque son decisivos en la formación de los niños. Con ellos exploran el mundo y fomentan habilidades mentales y motoras. Además, según expone la neurocientífica Gina Rippon en su libro The Gendered Brain, pueden determinar su desarrollo cognitivo: “Hay implicaciones bastante profundas acerca de los juguetes que tenemos cuando somos muy jóvenes. Por ejemplo, cuando un bebé juega, rota ladrillos y encuentra formas cada vez más ingeniosas para unirlos en nuevas estructuras, su mente forma las redes neuronales involucradas en el procesamiento visual y espacial.”

Limitar su juego en base al género restringe la mejora de ciertas aptitudes. La asociación “Let toys be toys” (Reino Unido) afirma: “Se sabe que cada juego afecta de forma distinta a los niños. Por ejemplo, los rompecabezas a menudo están dirigidos a las chicas, debido a la suposición de que “es natural” que ellas se sienten quietas y disfruten de este tipo de juguete mientras los chicos “tienen” que moverse. Sin embargo, ellos también necesitan entrenar habilidades motoras finas, resolver problemas…”

Se sabe que diferentes formas de juego afectan de forma distinta a los niños

Afortunadamente, hoy día los niños tienen menos restricciones. Ángel tiene la suerte de que le permiten jugar con aquello que le resulta llamativo. Raúl, su padre, asegura que su hija recién nacida, a parte de heredar y compartir con su hermano, también podrá escoger sus pasatiempos libremente. En base a su experiencia, asegura que “los cochecitos les gustan a todos los pequeños, independientemente de que sean niño o niña.” Por lo que Sofía probablemente disfrutará de los juguetes de Ángel tanto como él.

Estereotipos

A pesar del avance, los estereotipos siguen vigentes. La psicóloga Irene Almazán, especializada en familia e infancia, expone: “No sorprende encontrar que los juguetes para chicas están relacionados con las cocinitas y con cuidar a muñecos y los de los chicos con coches y actividades de construcción y reparación. Encontramos también estereotipos de profesiones. Las asistenciales son las que más se unen a la idea de mujer y las profesiones de responsabilidad y dirección más a los hombres.”

Este aprendizaje desigual es una posible causa de las diferencias entre hombres y mujeres, que popularmente se consideran innatas. Según Rippon: “Los niños son pequeñas “esponjas sociales” que absorben información social, y la adopción de esos comportamientos eventualmente rediseñará sus circuitos neuronales. Un mundo de género produce un cerebro de género.” Lo que igualmente impacta en su autopercepción y la relación con el sexo opuesto.

Impacto psicológico

Respecto a la forma de crear y expresar su “identidad de género“, Almazán explica que: “Tiene una muy estrecha relación con la imagen mental de uno mismo a nivel cognitivo, afectivo, emocional y conductual. Por ejemplo, los estereotipos referentes al físico influyen en el juego de las niñas, ya que desde pequeñitas se les regalan muñecas para que peinen, maquillen y vistan. Con la edad se va reflejando en su propia apariencia, fuera de la muñeca.” Según la psicóloga, los primeros años de vida son decisivos.

Los primeros años de vida son decisivos

Por su parte Víctor Saiz, neuropsicólogo infantil, destaca la importancia de la integración de los pequeños de cara a su futuro. No solo para ser más inteligentes, sino mejores ciudadanos y, en esencia, mejores personas: “El aprendizaje cooperativo se relaciona  con una mejora en las notas, además, implica aprender a relacionarse con el sexo opuesto y a gestionar sus diferencias de opinión y contrastarlas. Incluso pueden romperse ciertos estereotipos. La cooperación tiene más ventajas que la segregación.”

El papel de la familia

Saiz afirma que los padres influyen en sus hijos, pero no se sabe hasta qué punto. “Si en la infancia te dicen que “está mal jugar con eso” es más probable que luego lo rechaces” ejemplifica. A lo que Almazán añade: “Tenemos que entender que los padres son los modelos principales de sus hij@s. Y para ellos, el juego es una forma más de transmitir los valores sociales con los que fueron educados.”

El juego es una forma más de transmitir los valores sociales

Asimismo, es habitual la implicación de otros adultos en el ocio de los pequeños. De los juguetes de Ángel “muchos son regalos, que traen sus abuelos o amigos, otros los escoge él” destaca Raúl.

Alijuguetes, empresa sensibilizada con el juego sin límites, hace referencia a posibles problemas: “Cuando las mamis y papis estamos concienciados de ofrecer juguetes sin género a nuestros peques, también podemos encontrarnos con la oposición por parte de familiares que no conciben o aprueban que nuestro niño juegue con cocinitas o nuestra niña con una caja de herramientas.”

¿Por qué algunos rehúsan el “juego libre”? Según Saiz, “es una respuesta más emocional que racional, que probablemente se deba a cómo fueron educados.” Este rechazo puede ser dañino para el pequeño, como explica Almazán: “Si un niño o niña no se comporta como la sociedad espera, puede haber lucha entre lo que siente y cómo quiere sentirse para encajar. Ante esto, puede tomar varios caminos. Uno, reprimir cómo se siente o piensa, cambiando su comportamiento. Otro, mantenerse fiel a lo que siente y piensa rechazando los estándares estipulados por la sociedad. Esto acarrearía una serie de consecuencias, a corto y largo plazo, en la adolescencia y la vida adulta que podrían desembocar en patologías.”

La repulsa es “una respuesta más emocional que racional”

Por suerte, padres como Raúl no someten a sus hijos a esta presión: “Si vamos a una tienda y al niño le gusta una cocinita y a ella una moto, eso les compraremos” declara. Aunque no ha oído hablar de las iniciativas del “juego libre”, las pone en práctica porque prioriza la diversión de sus hijos, antes que cualquier prejuicio basado en el sexo.

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