Lo que me robó la cuarentena (10) / Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar…

Arriba con energía. Son las 14:00. A pesar de haber comenzado hace poco, el confinamiento ya ha alterado mis horarios. Solo las ocasionales clases virtuales me permiten mantener cierto orden. Al menos no estoy sola, en todo momento hay algún amigo despierto, ya sean búhos o alondras. El trastorno está bastante extendido como evidencia la alumni de Villanueva María Palmero en VozPopuli: “Si el insomnio ya era frecuente en España, con una incidencia de entre el 20 y el 30%, ahora se ha agravado considerablemente con el encierro al que estamos sometidos.”

El insomnio se ha agravado con el encierro

Me preparo el desayuno para empezar bien el día… o la tarde. Engullo las tostadas, apuro los últimos sorbos de Colacao y me siento frente a mi portátil dispuesta a dar el 100%. Quiero que este receso sea una oportunidad para centrarme en mis estudios y, además, para hacer deporte, leer u ordenar el armario, todo para lo que nunca tenía tiempo.

Productividad

Termino la tarea y a comer de nuevo, esta vez me toca limpiar la cocina. “La casa se ensucia más rápido con toda la familia haciendo un uso constante de ella. Es importante mantener el orden y la limpieza para hacer el confinamiento más fácil y llevadero para todos”, expone Patricia Gubieda en Decoesfera.

“La casa se ensucia más rápido con toda la familia haciendo un uso constante de ella”

Me merezco un pequeño descanso. Ya he sido bastante productiva, así que me permito ver la televisión un rato porque es más relajante que hacer deporte, leer u ordenar el armario. Edith Sánchez explica en lamenteesmaravillosa.com que “al momento de mirar la tele, nuestro cerebro apenas funciona.” Y es precisamente lo que necesito: desconectar.

Otra vez deberes, comer, deberes, comer. Cuando acabo la rutina, hablo con mis amigos. Estando recluida es importante mantener el “contacto” con mis seres queridos. ¡Vaya! No he podido hacer tantas cosas como planeaba. Pero no pasa nada, aún queda mucho encierro por delante. Mañana será distinto.

Me levanto. Comer, universidad, televisión, comer, universidad, comer, televisión, comer, amigos. Qué lata ¿no? Querría hacer deporte o algo de ejercicio. Como recoge Infosalus: “El Grupo de trabajo de Endocrinología, Nutrición y Ejercicio Físico (GENEFSEEN) de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha insistido en la importancia de realizar actividad física durante el confinamiento”. Es fundamental para nuestra salud física y mental incluso.

Los expertos insisten en la importancia de realizar actividad física durante el confinamiento

Al día siguiente, lo mismo. Comer, universidad, televisión, comer, universidad, comer, televisión, comer, amigos. Algo cambia: por fin consigo sacar un momento para hacer deporte. Estoy más motivada porque he quedado con una amiga para hacerlo juntas por videollamada. Sienta bien, pero lamentablemente mi rutina no me permite ejercitarme con regularidad. No tengo tanto tiempo libre como creí que tendría. Vivo en una rueda de hámster, realizando las mismas actividades una y otra vez. Una y otra vez.

No tengo tanto tiempo libre como creí que tendría. Vivo en una rueda de hámster

Hastío

Arriba pero con menos energía y menos ganas. Comer, universidad, televisión, comer, universidad… Pff, las prácticas me tienen frita. Antes de la cuarentena tenía motivaciones ajenas a la ambición académica, pero ahora miro al horizonte y solo veo más trabajo. Cuando era libre tenía días mejores y peores, claro, pero había ilusión. Ilusión de que terminara la clase para pasar el descanso con mis compañeros, desahogándonos. Ilusión de que llegara la noche y el abrazo de mi novio me curase todos los males, de la misma forma que otros hallaban consuelo en sus amigos o familiares. Más allá, me ilusionaba culminar la semana con algún plan para evadirme. El tedio era sustituido por la esperanza de un futuro que podría brindar alivio, anécdotas, risas, buenos momentos… Pero eso ha desaparecido.

Miro al horizonte y solo veo más deberes

Toca despertarse ¿realmente tengo que hacerlo? No, por favor. Estoy harta. Me siento anulada como persona. Soy como un autómata con la misma tarea: Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar. Dormir, comer, estudiar. Vivimos una condena. Al fin y al cabo, el “arresto domiciliario” es un castigo para los delincuentes.

El hoy y el mañana se han esfumado, solo quedan los plazos de entrega. La monotonía es un tormento que se cierne sobre mí, aparentemente inocua, como lo haría una gota sobre mi cráneo. Esther Samper en el diario.es muestra que la mayoría de personas en aislamiento padecemos “una gran variedad de efectos sobre la salud mental: depresión, ansiedad, insomnio, ira, miedo, síntomas de estrés postraumático, aburrimiento, nerviosismo, tristeza, sensación de soledad, agotamiento emocional…”

La cuarentena produce una gran variedad de efectos sobre la salud mental

Recurro a las redes sociales para asomarme a los agridulces recuerdos, que muchos comparten, de los días de esparcimiento. La cuarentena me ha robado las cervezas con mis amigos, comer en restaurantes, las fiestas de los fines de semana, las reuniones familiares, las citas con mi pareja, los cursos, las clases, los descansos con mis compañeros de universidad, las prácticas en verano, los viajes, la ilusión, la vida…

Esperanza

La esperanza está puesta en el verano. A pesar de que no esté permitido viajar, y aunque se nos trate como ganado, contados y dirigidos, al menos podremos salir. Podré ver a mis allegados, comer fuera, celebrar las ocasiones especiales… En esencia, disfrutar de un ocio que es vital, como verifica Christiane Lelievre en el medio Vanguardia : “El goce del tiempo libre es sano y necesario, permite pensar, descansar, desarrollar la creatividad y aptitudes artísticas.” La condena que sufrimos habrá terminado.

En verano podremos disfrutar de un ocio que es vital

Precisamente nuestro estilo de vida tan social y callejero, cuya pérdida ha dificultado sobrellevar el aislamiento, es el mismo que nos ayudará a recuperarnos y disipar el malestar emocional, explica Úrsula Perona, psicóloga, en su entrevista con la revista Casa Mediterráneo: “Nuestro estilo de vida mediterráneo va a convertirse en un factor de recuperación porque vamos a volcarnos en la vida social, en los amigos, en el disfrute, en el ocio… y eso nos va a ayudar a recomponernos.”

Ya queda poco. Después de la tormenta llega la calma. Erguidos frente a todo, resistiremos.

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