Lo que me robó la cuarentena (9) / Perdí una despedida, pero conté historias

Tiempo. Antes juntos y ahora a través de la pantalla

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado. Siempre ha estado ahí, pero para la gran mayoría de cosas, no hay tiempo.

El despertador que sonaba muy temprano, el viaje en autobús viendo como la ciudad despertaba entre faros de coches y luces rosadas que enmarcaban los edificios de la capital, los saludos precipitados con muchos pestañeos para aplastar el sueño, el café puesto con una sonrisa, los dedos cansados de tomar apuntes y el cerebro vivo de aprender cosas nuevas. No lo valorábamos, teníamos tiempo.

No lo valorábamos, teníamos tiempo

Las risas de los descansos, los cinco minutos robados entre clases, las lágrimas por la presión, los abrazos de tus amigos que recomponían todos los pedazos, la mirada de comprensión, la palma de la mano que frotaba tu espalda para infundirte valor. Un “hasta pronto”… que no se cumplió. El salto que íbamos a dar y el abismo con el que nos topamos.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado.

La foto para la orla que no nos hicimos, la graduación que no tuvimos, pensábamos que teníamos tiempo. Las prácticas sin contacto humano que tendremos, el último año que se nos va entre los dedos, porque era el momento del salto y encontramos un abismo. Cerrábamos un ciclo para empezar otro, comenzábamos nuestra nueva vida, estábamos listos para perseguir nuestros sueños.

La despedida

Lo que me robó la cuarentena: la despedida.

Para el colegio de psicólogos de Madrid la despedida simboliza un cierre necesario para transitar de una etapa a otra de la vida.

Los expertos dicen que todo cambio de etapa genera un duelo, no hay que meter la cabeza en el suelo como los avestruces ni dar la espalda a lo que sucede para evitar sentirnos mal. Lo que hay que hacer es repasar, paso a paso, cada una de las vivencias que formaron parte de este proceso y, finalmente, realizar un balance de las positivas y también de las complicadas. Aprender, por nosotros mismos, a decir adiós.

Aprender, por nosotros mismos, a decir adiós

Fogonazos de estos cuatro años se suceden por mis retinas como si se tratase de una película:

2016: tenía el pelo largo y las ilusiones puestas. Conocí a Raquel y a María. Me sonrieron. De compañeras pasaron a amigas. Entré en Cuv3, averigüé que me encanta contra historias.

2017: llevaba mechas rubias y la sonrisa despeinada. Tomaba cuatro cafés y me los ponían sin juzgar mi adicción a la cafeína. Gracias Eva y Cristina.

Recibía abrazos de Raquel y María todos los días. Viajé a Hollywood, conocí gente, conté historias, me reí hasta que las carcajadas se desbordaron de mis labios y vi un atardecer en Venice Beach. Las fachadas, decoradas con cuadros famosos, iban cambiando sus tonalidades conforme la luz se fundía por el horizonte, pasaban de azul a rojo para culminar en naranjas y explotar en rosa.

2018: “ojo por ojo y el mundo acabará ciego” respondí ante un dilema ético de antropología. Descubrí que Gandhi era un sabio. Conté mas historias, soñé más alto, me reí con mis amigas, aprendí de semiótica y también de psicología.

2019: me corté el pelo. Mucho. Raquel me abrazó y me miró como se miran las cosas que realmente valen la pena. Hice prácticas, conté historias. Regalé muchas sonrisas, compartí bocadillos de tortilla y me despedí de mis amigas diciendo que el 2020 sería nuestro año, llegaba el salto.

2020: abrazos, caricias en el pelo, lágrimas en el baño porque, a veces, el estrés se nos desbordaba por los ojos. Contar más historias, mirar vestidos para el gran día, el de la despedida. Planear el futuro con tus amigas… Sueños por cumplir y, de pronto, abismo.

Lo que he aprendido

El cerebro tiene que averiguar todo lo que le ha aportado algo para aprender de ello y poder cerrarlo. Cerebro, apunta todo esto: amistad, crecimiento, formación, pasión por el periodismo, sueños, metas y ganas de comerse el mundo.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado. Siempre ha estado ahí, pero para la gran mayoría de cosas, no hay tiempo.

Tiempo, el concepto más contradictorio que se ha creado

¿Sabéis otra cosa curiosa del tiempo? Mientras estás viviéndolo solo te fijas en lo malo, pero cuando lo recuerdas piensas en lo bueno.

No hemos tenido la despedida que nos merecemos, pero la tendremos porque, quizás, para eso sí hay tiempo. Mientras tanto seguiremos contando historias, aunque nos veamos a través de una pantalla.

Hasta pronto Villanueva.

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