Lo que me robó la cuarentena (8) / A mi derecha Alba, a mi izquierda María

Lo que me robó la cuarentena

Nadie nos preparó para despedirnos el 10 de marzo. Tampoco nadie sabía que sería la última vez que iríamos a la universidad en nuestro último curso de Periodismo. Tras cuatro años de rutina, de caras dormidas, de cafés en la cafetería, de miedos, de alegrías y escaleras que nos iban a llevar, por última vez, a nuestra clase. Y nos sentamos como siempre: A mi derecha Alba, a mi izquierda María. No éramos conscientes de que sería la última vez, ni de todo lo que me robaría la cuarentena. 

El coronavirus finalmente llegó a Madrid. Fueron días de nervios sin saber qué iba a pasar con las clases y, de un día para otro, llegó el confinamiento. Recibimos un correo el lunes 9 de marzo para anunciarnos que, definitivamente, se suspendían las clases al menos dos semanas. Nadie pensaba que el día siguiente sería la última vez que pisaríamos la universidad. Y fue la despedida más atropellada y fría que podíamos imaginar. 

El valor de lo cotidiano

Nadie te dice al entrar en primero de carrera todo lo que vas a vivir, y si te lo cuentan, no lo creerías, pero menos aún si te ha tocado pasar una pandemia mundial acabando la carrera. Amistades, clases, el aprendizaje más serio desde que empiezas a ir al colegio con 6 años, profesores que se convierten en padres. Pero, sobre todo, rutinas que no valoras hasta que las pierdes. 

Subimos por última vez las escaleras que nos llevaban a clase

Ese 10 de marzo nos reunimos, como siempre, Alba, María y yo a la entrada de la universidad. Hablábamos nerviosas, intranquilas, imaginando qué iba a ser de nosotras, y más con un trabajo de fin de grado a medio hacer. Antes de clase un café, era parte de nuestra rutina inconsciente. Hablamos un rato con Eva y Cristina, como llevamos haciendo desde el 2016 día tras día, convirtiéndose casi nuestras segundas madres. 

Nos dirigimos hacia las escaleras, esas que habíamos subido siempre como algo rutinario y que ese día nos llevarían, por última vez, a nuestra clase. Primera planta, al fondo a la derecha justo al lado de la biblioteca. “Perdonad chicos, llevaba un buen rato buscando la clase y no la encontraba”. Así era nuestro día a día cada vez que venían profesores nuevos. Nadie nos encontraba, pero eso nos gustaba. 

La última vez

Dejamos nuestros abrigos en la mesa del fondo, el bolso colgado en la silla, el ordenador y nos sentamos. A mi derecha Alba, a mi izquierda María. Como llevamos haciendo casi desde el primer día de universidad. El 2020 era nuestro año, o eso creíamos. Por fin nos graduábamos, habíamos conseguido terminar la carrera. Juntas. Pero todo esto iba a cambiar. Todos los planes que habíamos imaginado, todo lo que debíamos hacer las tres unidas, presentar los últimos trabajos, ir a las últimas clases, defender el trabajo de fin de grado tan temido, hacer nuestros últimos  y esperados exámenes en la clase de siempre… 

La cuarentena me robó terminar la carrera por la puerta grande

Ninguna sabíamos que ese día sería el último que nos sentaríamos las tres juntas. Simplemente lo dimos por hecho. Nos quedaba mucho por hacer, muchos momentos que vivir, pero me los robó la cuarentena. Egoístamente. Los últimos días de clase, las últimas experiencias, las últimas presentaciones, la defensa del trabajo de fin de grado y, por supuesto, nuestra graduación. Pero ese día no caímos. No sabíamos que sería el último que entraríamos y andaríamos a nuestras anchas por la universidad. No sabíamos y, por eso, no nos despedimos como nos merecíamos. Sabíamos tan poco, que nos dejamos muchas cosas por hacer. 

No nos despedimos como nos merecíamos

Pero sobre todo la cuarentena me ha robado mis últimos momentos con mis amigas. Los “Hola reina, ¿cómo estás?” de Alba, y el “confirmamos” de María. Nos ha robado el acabar por la puerta grande, como llevábamos esperando cuatro años. Ese momento de subir las tres juntas de la mano y llorar de felicidad porque, por fin, lo habíamos conseguido. Juntas. En vez de esto, hemos tenido que terminar el curso a través de una pantalla y conformarnos con vernos en la distancia. Sin despedidas a la salida de la universidad y un “hasta mañana” sabiendo que llegaría de verdad. Porque, de golpe, la cuarentena me ha enseñado a sentarme sola, sin Alba a mi derecha y sin María a mi izquierda. 

About Raquel Cerrudos

Estudiante de Villanueva C.U.

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