Lo que me robó la cuarentena (7) / Una maleta llena de sueños a medias

La maleta comienza a llenarse ¿qué más echaré de menos?

Camisetas, vaqueros, chaquetas y calcetines para no sé cuántos días, pero, no importa, siempre son necesarios. ¿Dónde guardo los libros? No puedo dejármelos, no sé cuándo podré volver a la universidad y tengo que terminar el TFG. Quizá debería llevarme también el manual de la autoescuela, así podré seguir haciendo test en casa. La maleta comienza a llenarse,  ¿qué más echaré de menos?

“Sin darme cuenta, me lo había dejado todo”

Con el paso de los meses, he visto cómo el coronavirus y la cuarentena han ido transformando el escenario social. Ya nada es como lo recordaba entonces. Siento que mi vida ha cambiado, estoy cansada. El tiempo pasa con mucha rapidez, pero al final, los días se repiten. Toda la ropa que me traje no la necesito, no se puede salir a la calle. Al final me doy cuenta de que todo lo que me había llevado de Madrid, no lo necesitaba, en realidad, sin darme cuenta, me lo había dejado todo.

“No fui consciente en el momento de la gravedad de la situación”

Las primeras semanas fuera de la que había sido mi casa durante cuatro años, no habían sido malas del todo. Dejar atrás las prisas de los madrugones en el metro, mis tres cafés mañaneros en clase y el ritmo frenético de una ciudad que no descansa me vinieron bien, o eso creía. Sin embargo, nada tuvo que ver con la realidad.

Adiós abuelas, hasta pronto

Sin apenas despedirme con el tiempo suficiente, había dejado a mis abuelas en la capital. No fui consciente en el momento de la gravedad de la situación hasta que ya me había ido, las abuelas no son para siempre. Se acabaron las buenas noches en bata y las comidas de domingo por el barrio, ahora nos conformamos con llamarnos cuando podemos. “Qué ganas de verte hija, cuídate” es una frase que ahora se repite.

“No sabíamos cuándo volveríamos a reencontrarnos, a día de hoy tampoco”

Amigas y confidentes

Las que habían sido mis reuniones matutinas en la universidad con mis amigas Raquel y Alba, se habían transformado en encuentros virtuales con la clase. No sabíamos cuándo volveríamos a reencontrarnos, a decir verdad, a día de hoy, tampoco lo sabemos. Hemos tenido que adaptarnos a nuevas plataformas y escenarios de encuentro virtuales, pero nada que ver con un abrazo caluroso de quienes están ahí siempre. Por ahora, solo nos queda conformarnos con nuestras nuevas mejores amigas, las pantallas.

No habrá saraos suficientes donde poder descargar en bailes la energía acumulada

Además, se han quedado en el aire miles de futuros planes y cumpleaños por celebrar. Echo de menos mi hogar, Galicia, donde me esperan mis amigas y todas las terrazas que nos quedan por ocupar. No habrá saraos suficientes donde poder descargar en bailes la energía acumulada.

Sueños a medias

Me doy cuenta de que tampoco me traje la ilusión. Me dejé en Madrid todos los sueños a medias de una nueva etapa de mi vida que estaba a punto de comenzar, la incorporación al mercado laboral. Imagino que poco a poco podré ir recuperando la esperanza a la vez que todos podamos coger las riendas de nuestras vidas de nuevo.

Las cosas que más necesitamos son invisibles a nuestros ojos

Una maleta diferente

Espero poder volver pronto, esta vez, con una maleta diferente, con las cosas que más necesitamos y que solemos olvidar. Aquellas que son invisibles a nuestros ojos, pero imprescindibles en el día a día.

Ánimo, ya queda menos.

About María Gancedo

Estudiante de Villanueva C.U.

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