Lo que me robó la cuarentena (3) / La culpa por no llegar a todo

Lo que me robó la cuarentena

Adiós a las 10 horas semanales dentro de un coche esquivando innumerables atascos hasta llegar a nuestro lugar de destino, al correr y a las prisas de todos los días, a los compromisos por compromiso, a los gastos y salidas innecesarias, good bye sociedad de consumo, del estrés y del agotamiento físico y mental y, al sentimiento de culpa por no llegar a todo. Así era la vida “normal” de muchos hace un par de meses, hoy es la que menos extraño. El confinamiento nos ha cambiado.

“Good bye sociedad de consumo”

Por otra parte, bienvenida la conciliación familiar, al tiempo de conciencia, a la reflexión y la meditación, a los nuevos métodos organizativos, que han costado, pero ¡qué gratificantes son!, al aire puro y descontaminado, como sucede en nuestra capital, donde se registra el nivel de contaminación más bajo en 19 años. El mundo respira y nosotros también.

“Se registra el nivel de contaminación más bajo en 19 años”

Bienvenida señora cabra y señor oso, jabalíes y pareja de corzos, oh, y los delfines y medusas que pasean por los canales de Venecia, donde por primera vez en muchos años el agua es tan transparente que invita de nuevo a explorar, como lo explica una información reciente publicada por National Geographic. Cuánto os hemos arrebatado. Ahora los animales transitan las calles desiertas, mientras los humanos observamos a través de una ventana desde el encierro de nuestras casas. ¡Cómo cambiaron los papeles!

“Los animales transitan las calles desiertas”

Un abrazo en pausa

El confinamiento obligado es duro, la soledad obligada también lo es. Si a esto añadimos la preocupación por la salud de un ser querido o la partida de éste, el confinamiento puede pasar a ser una condena. De una forma u otra, a todas las personas nos ha tocado vivir en mayor o menor medida los efectos causados por el COVID-19. La forma de relacionarnos ya no será igual y habrá que aprender a hacerlo de otra manera.

Desde los familiares y amigos que no alcanzamos a ver, aún manteniendo la esperanza de que el estado de alarma iba ser por poco tiempo, quizá, días, pasando por trabajadores, empleados, profesores y alumnos que se despidieron a prisas en medio de la incertidumbre. El rostro de quienes llevaba viendo cinco años cada día en la universidad y que pensaba abrazaría antes de irme, ya no será posible, por lo menos no está vez. Hoy perdemos unas libertades pero tenemos la oportunidad de recuperar otras olvidadas.

“Profesores y alumnos que se despidieron a prisas”

Una mochila con más herramientas

Dicen que de las situaciones difíciles se aprende, y de esto seguramente habrá mucho que aprender. Ahora las personas reflexionamos sobre la importancia de un te quiero o de un gracias a tiempo. Meditamos sobre si vale la pena el sacrificio que conlleva el estilo de vida actual. También caemos en cuenta que no importa la raza, la nacionalidad, la edad o el status, porque estamos comprobando que algo ínfimo en tamaño puede arrasar con todo sin discernimiento alguno.

“Algo ínfimo en tamaño puede arrasar con todo”

Ya no nos sentimos indestructibles, aún y con el poder de los gobiernos de un planeta entero con 7.700 millones de habitantes, según Naciones Unidas, no ha habido una sola persona que de con la cura para este y otros males.

Tan frágiles como ya confirmamos que somos, solo queda agradecer, recapacitar y seguir adelante, conscientes de que las cosas ya no serán iguales. Incorporando a la mochila personal más herramientas que nunca. En un camino que muchos apenas empiezan y otros, ya más cansados lo transitan respirando tranquilos y aliviados.

About Natalia Dávila León

Estudiante de 4º curso de Periodismo en Villanueva C.U.

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