Lo que me robó la cuarentena (2) / Un banco, amistad, risas y madrugones

Amistad banco

La mañana de verdad no comenzaba cuando me despertaba ni cuando salía de casa. Tampoco con el primer café que me tomaba mientras trataba de ser persona. Con el segundo quizá comenzaba más y no es porque tuviese nada en especial, la compañía, la amistad y sentarnos en el banco lo hacía diferente. Ahora todo ha cambiado debido a la cuarentena, pero esa amistad sigue ahí.

Lo primero en lo que nos fijamos cuando llegamos a un lugar nuevo es en las personas que hay y más tarde en la apariencia arquitectónica. En estos cuatro años en Villanueva hay un espacio que se ha convertido en alguien más y donde hemos compartido muchos de los mejores momentos de la carrera. Se tratan de los bancos de la entrada, un mobiliario sencillo en tono madera que ahí ha estado y que estará.

Sonrientes y sin tener en cuenta las ojeras

Mi rutina llegando a la universidad comenzaba con el sonido de notificación de WhatsApp, Ainara me veía a lo lejos, Lara se encontraba a mitad de trayecto y Carlota saliendo de casa. Llegaba Ainara. Quedábamos en nuestro lugar de referencia, nos saludábamos sonrientes sin tener en cuenta las ojeras que protagonizaban nuestras mañanas y derechos a la siguiente parada, la cafetería. Un café con leche y un Cola Cao, “no me lo llenes hasta arriba porfa, gracias, tened buen día” y con una sonrisa a pesar del madrugón nos volvíamos a dirigir de nuevo a nuestro enclave.

Compartir las ganas de cumplir un sueño y ser periodistas

Esos bancos compartían todas las mañanas nuestros problemas, los “madre mía qué sueño”, nuestras risas y sobre todo las ganas de cumplir un sueño y ser periodistas. Ainara comenzaba el día dándole un toque más positivo mientras se tomaba su Cola Cao con su ordenador y su bolso apoyados en la mesa. Al rato se unía Lara que aparecía entre prisas pensando que no llegaba, pero también lo hacía con una sonrisa de la cual era testigo ese banco.

Son las 8:55, vamos para arriba

Mientras Carlota intentaba aparcar comentábamos el día que nos esperaba, lo que habíamos visto la noche anterior o cómo íbamos con los trabajos que teníamos que realizar para esa semana. Al final aparcaba, lo conseguía por difícil que fuese y aparecía con una sonrisa a pesar del estrés. Alguno de nosotros pronunciaba un “son las 8:55, vamos para arriba” y comenzábamos a desfilar hacia nuestra clase.

El vernos y las conversaciones en la entrada nos hacía mas fácil afrontar el día

Entre asignatura y asignatura siempre nos reuníamos de nuevo con nuestro compañero, el banco. Carlota iba a por su café, Ainara al servicio y Lara sacaba sus pipas. En ese momento estábamos más despejados pero con las mismas ganas de afrontar el nuevo día. Por momentos aparecía Natalia que siempre acudía a clase mas tarde que nosotros, porque no cursaba todas las asignaturas, y de ese modo se unía a nuestra particular tertulia en la entrada de la universidad.

Amistades que llegan para quedarse

Esos 30 minutos de descanso no sólo eran eso, se trataba de un tiempo que hemos compartido juntos 4 años de nuestra vida y que sin duda ha servido para que podamos sentirnos los unos parte de los otros. El reunirnos días tras día nos ha enseñado que los nervios de uno son los nervios del de al lado, el animarnos en los momentos bajos, escucharnos y sobre todo crear una amistad. Puede que esas personas lleguen por casualidad, ese es nuestro caso, pero llegan para quedarse.

La alegría por vernos y montar nuestra propia tertulia ahí estaba

En los momentos de nervios y preocupación por los exámenes también nos reuníamos en el mismo sitio. Rápido montábamos nuestro particular corrillo y hablábamos de como llevábamos los exámenes o si estábamos preocupados por algo. Ahora sin duda con esta situación no podemos reunirnos ahí. Cada uno de nosotros contaba con tener unos meses más y disfrutar de nuestra particular rutina a veces con más ojeras y otras veces con menos, pero la alegría por vernos ahí estaba.

Ese “hasta pronto” se nos está haciendo largo

Sin duda acabamos la carrera este año. Nuestras últimas clases las estamos dando a través de las pantallas pero las ganas de aprender son las mismas. Ese “hasta pronto” que pronunciamos aquel martes 10 de marzo seguido de una abrazo se nos está haciendo un poco largo, culpa del coronavirus. Sin casi darnos cuenta se han ido sumando días y poco a poco hemos sido más conscientes de que esos momentos que vivíamos sin preocupación, salvo por los problemas más cotidianos, quedan lejos y nunca van a volver. O tal vez sí, pero con un sueño cumplido, ser periodistas.

About Enrique Palacios

Estudiante de 4º de Periodismo en Villanueva C.U.

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