Historia de una cuarentena en los balcones de la calle Gurtubay

La alarma suena, te despiertas, desayunas y sales corriendo para no llegar tarde a la primera hora. Al llegar al portal, te das cuenta que te has dejado la cartera arriba, te enfadas, pero sabes que tienes que subir a buscarla. Sales nuevamente corriendo e intentas llegar a tiempo a la universidad. En el camino hacia el metro, lo mismo de siempre, escuchar buena música hasta llegar al vagón y empezar a leer Kloshletter para estar al tanto de las noticias del día. Pero todo esto radicalmente cambió.

Se cumplen dos meses desde que el Gobierno dictara el Estado de Alarma, y la calle Gurtubay ha pasado de ser una simple calle de Madrid, donde nadie se conocía, a un lugar en el que todos sus vecinos participan en la “hora social”. Un poco antes de las 20:00 horas los vecinos salen a sus balcones para aplaudir, y agradecer al personal sanitario, pero también salen para ponerse al día con los demás vecinos y así socializar un poco durante el confinamiento.

“Un día mi hija se levantó llorando y me dijo que estaba soñando con el coronavirus”

Beatriz cuenta que luego de unas dos semanas ha vuelto a hacerse la prueba, ha dejado de tener el virus y su cuerpo ha desarrollado anticuerpos. “Lo que mucha gente no sabe es que los efectos secundarios son más largos que una gripe normal. Cada vez que me levanto del sofá, me mareo y tengo un amigo que luego del coronavirus le ha dado un trombo”

 

Los hijos de Beatriz usando mascarillas desde mediados de enero
Los hijos de Beatriz usando mascarilla desde mediados de enero

Ninguno de los cuatro niños ha tenido aún síntomas del virus. Explicarles a sus hijos que sufría el coronavirus y que debían alejarse de ella no le resultó difícil. “Ellos, al estar en un colegio internacional, se relacionan con niños de todo el mundo y el tema del coronavirus estaba muy presente. Sabían perfectamente lo que estaba pasando” afirma Beatriz. “En enero, mi hija se levantó llorando y me dijo que estaba soñando con el coronavirus y que tenía mucho miedo”. Beatriz asegura que desde que empezó a propagarse el virus en China, sus hijos viajaban con mascarilla para estar con su padre.

Los estudiantes

Luis Antonio, vecino del portal tres de la calle Gurtubay, relata cómo ha sido su experiencia tras la suspensión de las clases. Él vive junto a otros ocho estudiantes en un piso en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, desde que empezó el confinamiento sólo vive con uno de ellos, Rafael. El resto de compañeros se han ido a sus respectivos pueblos o ciudades con sus familiares.

Cuando me enteré de la noticia de que se cancelaban las clases, en un primer momento estuve bastante contento. Pensaba que iba todos los días hacer ejercicios o ir a correr al Retiro. Actualmente me arrepiento”, afirma Luis, estudiante de ADE.

En un reportaje publicado por Telemadrid se puede detallar cómo han aumentado las llamadas y videollamadas desde que empezó el confinamiento.  Luis es una de esas personas que intenta llamar todos los días a su tía abuela. “Tiene 96 años y vive sola. Trato de llamarla todos los días para hacerle compañía. Al principio pensábamos que tenía coronavirus, pero cuando pasaron los días nos dimos cuenta que no”.

“Uno de los hijos de Beatriz nos pidió que los grabáramos y ellos nos hicieron una foto desde su balcón”

Desde el salón del piso de Luis y Rafael se puede ver el salón del edificio de enfrente, el de Beatriz. En uno de los primeros días salieron a aplaudir y se conocieron. “Uno de los hijos de Beatriz nos pidió que los grabáramos y ellos nos hicieron fotos desde su balcón; intercambiamos teléfonos y desde ese momento hemos estado muy pendiente entre vecinos”.

 

Luis y Rafael desde su balcón el 15 de marzo

Por su parte, Rafael, compañero de piso de Luis, asegura que antes simplemente hacíamos las cosas por inercia y que no valorábamos los pequeños detalles. “Tomar una cerveza, dar un paseo o salir a correr eran actividades que no teníamos en cuenta, pero que hoy en día las valoramos mucho por el mero hecho de no poder hacerlo” asegura Rafael estudiante de Periodismo.

Rafael comenta que antes del confinamiento tenía una vida muy ocupada, estudiaba por la mañana y por la tarde iba a trabajar. “No pasaba mucho tiempo en el piso, para comer y dormir prácticamente” asegura, ahora la realidad es completamente diferente. Su relación con los vecinos ha cambiado y trata de aplaudir a las 20:00 para saludar a Beatriz y sus hijos. Asimismo, comenta que alguna que otra vez ha ayudado algún que otro vecino a hacerle la compra.

Los demás vecinos

Otro de los vecinos de la calle Gurtubay es Javier, vecino del portal tres, que tiene una productora de vídeos y desde que empezó la cuarentena ha estado teletrabajando. Cuenta cómo es su día a día. “Intento que todos los días se parezcan a un día normal de trabajo. Me gusta ir bien vestido y no estar todo el día en pijama” asegura.

Para Javier el deporte es básico, por eso ha montado un mini gimnasio. “Intento todos los días hacer una hora de deporte. Creo que es vital para mantener la cabeza fresca”. Javier asegura que deben aprovechar el confinamiento para hacer las cosas que antes no tenían tiempo para hacer. “Hace poco empecé un curso de drones, de unas 60 horas de estudio, para poder manejar un dron profesional.”

Tras preguntarle sobre el fin de la epidemia, Javier afirma que llegará el día en que todo vuelva a la normalidad. “Estableces un horizonte temporal, sabes que durante varias semanas tu vida va ser así y tratas de no agobiarte porque tarde o temprano todo esto va a acabar. Es como el verano, que sabes que algún día terminará

Por otra parte, confiesa que a veces se siente en una paradoja, porque hay compañeros de él que viven otra realidad. “El hecho de pensar de que tengo amigos y conocidos en el recinto ferial Juan Carlos I, IFEMA, en una cama solos, sin saber si van a salir de ahí con vida, me produce tensión”

Javier comenta que casi todos los días intenta salir al balcón a aplaudir. Durante los aplausos conoció a Beatriz y a sus hijos, a quienes casi siempre ve en la “hora social”. A sus vecinos de arriba, Luis y Rafael, ya los conocía. “Estas situaciones extraordinarias, creo te hacen reflexionar para bien, ahora conozco más a mis vecinos y creo que la gente es más solidaria”.

“Conocí a mi vecina Beatriz durante los aplausos a los sanitarios”

Heidi también es una vecina del portal seis que sale a veces a aplaudir a las 20:00. A pesar del confinamiento, Heidi es voluntaria y de lunes a viernes lleva comida a ancianos y personas que no tienen hogar. Vive con dos de sus hijos, ya adultos, uno de ellos ha sufrido un ERTE y el otro está desempleado.

“En la vida no hay nada seguro, estamos sujetos a cosas que no controlamos y debemos ser fuertes para enfrentarlas de la mejor manera posible”, asegura Heidi. De lunes a viernes su rutina es en la calle, donde corre el peligro de contagiarse. “Me pidieron ayuda y es lo que estoy haciendo. Sé el riesgo que corro, pero creo que en estos momentos hay mucha gente que necesita ayuda”. Los fines de semana, Heidi intenta descansar y compartir tiempo con sus hijos. “Intento hacer cosas de la casa, ver televisión y revisar las redes sociales”.

Tras preguntarle sobre la relación con los vecinos, confiesa que “conocí a mi vecina del piso de abajo, Beatriz, durante los aplausos a los sanitarios”. Acordamos tomarnos un café una vez termine el confinamiento” aseguró.

Cada una de las realidades de estos vecinos es diferente. Algunos tienen hijos, mientras que otros son estudiantes. Lo importante es que cada uno lleva su rutina e intentar sacar el mayor provecho posible a esta realidad. Si no hubiese sido por el confinamiento, seguramente ninguna de estas personas se hubiese conocido. No todo lo que está pasando es negativo. En la vida hay que ver el vaso medio lleno y entender que todo tiene una razón. Durante este tiempo de cuarentena, existen dos maneras de vivirla:  perder el tiempo, estar deprimido y quejarse por no poder salir a la calle. O aprovechar esta oportunidad para valorar todo lo que tienes, llamar a ese amigo o familiar con el que hace mucho tiempo que no conversas y agradecer que tienes un día más de vida, porque hay otro, en este momento, que están peleando entre la vida y la muerte.

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