Y las casas volvieron a ser hogares con el coronavirus

Resistiré

Las cosas están volviendo a su lugar. Empezamos a ver la realidad sin el filtro distorsionador que habíamos creado en este mundo opulento, donde todo nos iba bien y no nos faltaba de nada. En esa ficción fingida, perder un autobús y tener que esperar al siguiente, quemar sin querer nuestra camisa favorita o recibir una leve crítica en el trabajo, eran ya motivos para venirse abajo y tratar de llenar el absurdo vacío con más likes en las redes, tomándonos un capricho en un bar o estrenando la última prenda innecesaria del armario.

Pero ahora, a la par que hemos limpiado nuestras ventanas de casa para disfrutar mejor del atardecer, se ha limpiado nuestra mirada de preocupaciones creadas y cada cosa está volviendo discretamente al sitio que le corresponde.

Ya no ocupan el primer puesto de profesiones alabadas los deportistas millonarios. Ya no soñamos con ganar un sueldo de consejero delegado. No estos días donde vivir es lo único que importa. Ahora, aquellos que visten uniformes de hospital, que siempre se ocuparon de cuidar nuestra capacidad de seguir en esta Tierra -y que no están haciendo nada distinto-, vuelven a llenarnos de admiración. Ahora los niños vuelven a soñar con ser héroes de mayores, héroes que se entregan a otros sin descanso aunque no ganen ni una tercera parte del valor real de su trabajo. Cuando lo que importa es la Vida, importan los que ayudan a mantenerla.

Ahora volvemos a admirar a aquellos que visten uniformes de hospital

También el miedo se ha dejado de sandeces. Antes llamábamos miedo a la soberbia disfrazada. Nos atormentaba no gustar a todos, no llegar a todo, o el simple hecho de equivocarnos. Ahora que tenemos que levantar la mirada de nuestro ombligo, vemos que el miedo de verdad -la sensación que desgarra el alma- apunta fuera de nosotros. Cuando el filtro para lo que importa ya no es nuestro bienestar, el miedo vuelve a ser el que era, y nos pone alerta para aprovechar cada minuto con los que amamos, para decir lo que antes no encontraba su hueco, taponado con cientos de estupideces.

Todo vuelve a ocupar su lugar

Y por fin, gracias a una situación horrible -paradojas de esta existencia-, nuestras casas vuelven a ser hogares y nuestras familias se convierten en prioridad para nuestras ocupadísimas vidas. Ahora alcanzamos a entender que las cuatro paredes que nos ven crecer son mucho más que eso, siempre han sido guaridas que nos protegen, escuelas que nos forman, brazos que nos acunan cuando acechan las pesadillas. Que es la familia -la que nos toca y la que elegimos- la que nos hace merecer el título de “felices”.

Paradojas de la vida, nuestras casas vuelven a ser hogares y nuestras familias una prioridad

Y es que, cuando las cosas se ponen difíciles, los mochuelos vuelven a sus olivos y todo se reordena para ocupar de nuevo su verdadero lugar.

[Por algo siempre se ha dicho que ‘no hay mal que por bien no venga’].

Imagen: Carlota Galdón

About Almudena Calvo

Antigua alumna de Periodismo y EBS en la Universidad Villanueva

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