Diez historias de esta Histeria

>> Resistiré para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré y, aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré. Resistiré >>

El despertador suena a las seis de la mañana. Inmaculada, enfermera destinada en el hotel medicalizado Villaverde de Madrid, sale de la cama dispuesta a empezar la lucha. Está cansada y preocupada, su hija es de riesgo y ella mira a los ojos del COVID-19 a diario. Mientras se prepara un café observa por la ventana. En el exterior se escuchan los camiones de limpieza. Ya han empezado el turno, ataviados con buzos, mascarillas y gafas de protección. Julio, delegado del servicio, intenta adaptar a sus trabajadores a esta situación de emergencia y, juntos, tratan de hacer de las calles un lugar más seguro.

>>Aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré. Resistiré >>

Gloria camina por el asfalto encharcado por el hipoclorito (tres veces más fuerte que la lejía), que los camiones cisterna han expulsado. Está a punto de llegar al lugar en el que trabaja como auxiliar de Geriatría. Levanta la mano enfundada en un guante para abrir la puerta. Se frena. A pesar de lo mucho que le gusta ayudar a los demás, tiene miedo.

>>Cuando cueste mantenerme en pie, cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared, resistiré>>

Sacude la cabeza y gira el pomo. Tras ella, un coche rompe el silencio de una ciudad fantasma.

>>Cuando cueste mantenerme en pie, cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared, resistiré>>

El sol sonríe tímido entre las nubes, viaja del capó a los charcos, reflejando colores, creando un efecto iridiscente. Javier, voluntario de la Cruz Roja, abre la puerta del conductor y mira hacia el supermercado en el que se ha detenido. Su compañera baja del coche y abre el maletero. Les recibe Mónica, cargada con unas cajas de alimentos y el uniforme de la tienda.

-La gente está comprando como loca ¿creen que nos van a salvar de un virus, pero nos van a matar de hambre? – bromea mientras les entrega todos los productos que más tarde repartirán.

Mónica vuelve a la línea de cajas. Azúcar, chocolate, masa de hojaldre… Sonríe, parece que alguien va a hacer un postre. Levanta la cabeza para entregar el ticket y se encuentra con los ojos tristes de una chica.

-Hoy toca cocinar ¿eh? – le dice intentando ver algún tipo de brillo en sus pupilas.

-Sí, ahora tengo más tiempo- contesta encogiendo los hombros.

>>Cuando sienta miedo del silencio, resistiré<<

La joven sale cargada con las bolsas de la compra. El sol está en lo más alto del cielo y Madrid, aunque vacío, está precioso. Con la vista perdida en los edificios piensa en cómo pueden ocurrir cosas tan malas en un día tan bonito. “¿Cuando todo esto acabe recuperaré mi trabajo?” se pregunta.

>>Cuando sienta miedo del silencio, resistiré<<

Unos pasos acelerados le hacen girar la cabeza, sus dudas se funden con las pisadas de aquel chico que corre calle abajo.

Alonso no puede permitirse llegar tarde al hospital. Trabaja en la zona de urgencias y sabe que si la tarde es dura, la noche lo será más.  Casi sin aliento entra en los vestuarios, aunque frena en seco al ver a Georgia, una auxiliar.

– ¿Qué llevas puesto? – le pregunta alzando las cejas.

-Una mascarilla que ha confeccionado una mujer para ayudarnos, se llama Ana.

-No me refería a la mascarilla- aclara recorriéndola con la mirada. Georgia pone los brazos en jarras.

-Si no nos dan armaduras tendremos que hacérnoslas nosotros- dice muy seria mientras estira la bolsa de basura que cubre su cuerpo.

Alonso sonríe y, como si se tratara de un espejo, su sonrisa se refleja en la de ella.

Resisitiremos

El cielo se tiñe de naranja y unas pinceladas rosas encuadran los edificios en el atardecer de la capital. Comienzan a sonar los acordes de la canción Resistiré. En la puerta del Hospital, Javier se quita su chaleco rojo y se frota la cara intentando retener las lágrimas. Abre el maletero y saca una silla de ruedas que le hace sonreír. Esa misma tarde, mientras repartían alimentos han parado en la casa de una anciana.

>>Erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel>>

Javier vuelve a mirar el letrero de urgencias, pero las letras se funden y distorsionan nubladas por los recuerdos. Fija la vista en el interior. Por los pasillos, como en una nebulosa, un chico corre seguido de una joven ataviada con una bolsa de basura. Parpadea y cuadra los hombros.

>>Erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel y, aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie>>

Agarra los mangos de empuje de la silla mientras recuerda los ojos vidriosos y las pupilas dilatadas de aquella anciana… “Mi marido murió hace una semana, ya no la va a necesitar. Llévesela a alguien a quien le pueda servir”. Las palabras retumbaban en sus tímpanos.

>>Cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared, resistiré>>

El cielo ya se ha puesto su vestido rojo. Poco a poco las estrellas terminarán cubriéndolo todo. Ángeles, de 85 años, se asoma al balcón. Madrid está cantando. Frente a ella los trabajadores de un supermercado salen a la puerta y los acompañan con aplausos. En la ventana de al lado, un hombre habla por teléfono, avisando a sus operarios de que mañana tendrán que desinfectar las calles a las cinco de la mañana.  En el hotel colindante, una enfermera de ojos cansados que termina su turno solo piensa en lavar toda su ropa, ducharse y poder abrazar a sus hijas.  En la residencia de la esquina, una mujer que un día más ha vencido a sus miedos. En la calle de al lado, un joven que hace su trabajo en el hospital; y  en el aparcamiento, un hombre que empuja una silla de ruedas cumpliendo así una promesa.

>>Cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared, ¡resistiré!>>

Mientras, a lo lejos, todos reciben sus aplausos, porque cuando cada día es más difícil, cuando sonríes mientras lloras, cuando tragas lágrimas y el nudo de la garganta te impide pronunciar una palabra, cuando estás perdido, cuando lo que deseas es gritar hasta que tu voz se apague, hasta que todo lo que tienes dentro de un alto el fuego… Es justo en ese instante cuando se detiene el reloj. Es justo en ese instante cuando los cristales tiemblan, cuando el mundo tiembla, todos bailan y las notas del Resistiré se cuelan en las casas.

La letra se filtra en cada piel, la eriza, la estremece y la regenera. Puede que no sea el mejor día, pero la canción seguirá sonando, pase lo que pase. Lamerá las heridas y todos se levantarán alzando la cabeza, mientras las notas aplauden y las letras se besan…

 >> Resistiré, para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré y, aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré. Resistiré >>

Esto es un proyecto común de la asignatura Periodismo Especializado en Ciencia y Cultura de la Universidad Villanueva. Estas son 10 personas anónimas, con sus miedos, con sus luchas, con sus ganas de hacer del mundo un lugar mejor. Esto son 10 historias que demuestran que no todos los héroes llevan capa. Esta es la magia del periodismo, que ha unido en un relato a todos los protagonistas de nuestros aplausos en este momento de Histeria causado por el COVID-19.

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