Diez miradas al coronavirus (VIII): trajes con bolsas de basura en la residencia de ancianos

Su día comienza a las 7 de la mañana, se levanta, se ducha, no tiene apetito para desayunar y a las 8 entra por la puerta de la residencia en la que trabaja. Lo primero que hace nada más entrar es desinfectarse las manos. Ahí comienza su lucha diaria contra el coronavirus. Su lucha y la de todas las personas mayores en las que esa residencia se ha convertido en su hogar. Un hogar que hoy se ve amenazado por el COVID-19.

Georgia Mihut es auxiliar de enfermería, este mismo año acababa sus estudios con las correspondientes prácticas y no sabía lo que se venía encima. Tras entrar por las puertas de la residencia situada en Alcalá de Henares mira el cuadrante y se cambia. Se enfunda en su uniforme blanco y sus zuecos, eso sí con un complemento indispensable, los guantes y la mascarilla.

Si no hay material se lo fabrican con bolsas de basura

Su recorrido ya se lo sabe de memoria; con un par de frases consigue que te imagines el plano de la residencia, concretamente la sala de control donde todos se reúnen y ahí comienza un día mas de lucha. “Tras ello nos equipamos todos con otra mascarilla, una de las buenas y otra de las de papel y doble guante siempre”, afirma Georgia.

Además cuando entran en la habitaciones donde hay personas que padecen el coronavirus se coloca una bata de papel. Eso cuando hay material, si no se tienen que fabricar su propio material para protegerse incluso con bolsas de basura. Georgia desvela la regla básica para evitar el contagio, “nunca se sale con lo que has entrado”. De ese modo intentan poner la zancadilla al virus y evitar la propagación por los diferentes pasillos que forman la residencia.

“Mi madre me ha traído un mono para estar más protegida”

El desabastecimiento de material para protegerse es una realidad. “Mi madre me ha traído este mono para que lo lleve el próximo día”, confiesa con alegría y esperanza mientras nos lo enseña a través de la pantalla. De ese modo conseguirá estar más protegida.

“Los infectados son personas mayores, les das el desayuno, tomas la temperatura. Hay muchos que no comen, ni beben agua”, afirma Georgia. Ese es su panorama cada día, se encuentra con pacientes que están deseando que esto acabe y miran con esperanza al futuro.

“Si te preguntan no les puedes mentir, pero sí intentas mejorarlo”

Al estar cada uno en una habitación completamente aislados son generosos dando las gracias y todos ellos esperan que ojalá esto acabe. Todos tienen un gran interrogante, el cómo esta la cosa, algo a lo que Georgia y sus compañeros responden desde un punto de vista positivo. “Tampoco los puedes mentir, lo intentas mejorar, animarlos de cierta manera”, confiesa.

“Yo no tengo palabras para todo esto que está ocurriendo”, afirma Georgia. Esta situación la parece muy fuerte. “Me da mucha pena, está muriendo gente que estaba bien a pesar de sus problemas del día a día”, confiesa con un gesto triste y de incertidumbre.

“No me puedo llevar esos pensamientos a casa, pero es inevitable”

Su situación también es distinta en casa, ahora cuando llega de trabajar come a diferentes horas que sus padres y evita el estar cerca de ellos por si acaso se ha infectado ese día. Esto es debido a que su padre es persona de riesgo. Y a pesar del miedo y la preocupación que vive cada día su familia, están orgullosos y contentos de que pueda ayudar a otras personas.

Cuando acaba su jornada, aunque cambie las paredes de la residencia por las de su casa, su pensamiento inconscientemente sigue allí. “Llego muy cansada, pensando en el día, en los pacientes, en cómo lo están pasando…”, relata Georgia. En todo momento cuando entra por la puerta de su casa intenta dejar todos los pensamientos a un lado pero a veces es inevitable. “No me puedo llevar las cosas a casa porque no descansaría física ni psicológicamente, pero en cierto modo es inevitable”, confiesa.

Por ello sus mejores aliados son las series y películas, el teléfono para poder hablar con sus amigos y pensar en otra cosa. A veces dormir la siesta y que de ese modo no la ronden pensamientos de su jornada. Todo con un fin, descasar lo máximo posible para al día siguiente subirse de nuevo a sus zuecos, colocarse la mascarilla, los guantes y luchar contra el coronavirus.

About Enrique Palacios

Estudiante de 4º de Periodismo en Villanueva C.U.

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