Del Brexit a Cataluña: cómo luchar contra las fake news

Diplomático, trotamundos, europeísta convencido, contrario al Brexit y admirador declarado de Greta Thunberg. Así es, entre otras muchos cosas, Rafael Dochao, economista de formación por la Universidad Autónoma de Madrid, que trabaja cada día contra las fake news, aunque él prefiere el término “desinformación”. 

Dochao recibe a cuv3 en el Instituto Cervantes de Bruselas, Bélgica, donde vive desde que hace varios años le dijo adiós a la embajada de la Unión Europea en Chile, uno de los múltiples países donde ha desarrollado su carrera profesional, junto a Camboya, Perú, Sudáfrica o Marruecos. 

Las trampas de la desinformación

Dochao, que trabaja en EU vs Desinformation, explica que hay, esencialmente, tres categorías de desinformación: a través de la imagen (fotos retocadas y portadas de periódicos manipuladas), la política (mensajes engañosos, falacias o anécdotas tergiversadas de líderes internacionales) y la vida cotidiana (en forma de bulos sobre temas espinosos o que crean debate). Citó varios ejemplos concretos, como los ataques del Kremlin a activistas medioambientales o a Emmanuel Macron, noticias falsas sobre inmigración o sobre religión en países como Georgia o Bulgaria o estas últimas semanas acerca del coronavirus.

También recordó cómo los bots rusos intervinieron el 1 de octubre de 2017 en Cataluña, buscando a través de la red aumentar la división política que creó la convocatoria del referéndum sobre la independencia catalana. La desinformación también afectó a la campaña a favor del Brexit, que Dochao ve con bastante preocupación por lo que supone no solo para Reino Unido, sino también para todos los países que componen la Unión Europea. Según él, la población británica cayó en las trampas de las fake news, lanzándose a un futuro incierto fuera de la UE, que se antoja complicado y espinoso. 

La desinformación pone en peligro la democracia

Por qué nos seducen las fake news 

Por otra parte, Dochao desarrolló los siete asuntos que hacen que la desinformación resulte atractiva para los ciudadanos. El primer tema que provoca que una noticia falsa atrape al lector es que sea una amenaza, como puede ser el caso de una guerra o una pandemia, por ejemplo. Los otros asuntos son el sexo, informaciones desagradables (enfermedades, mutilaciones, filias raras), lo sobrenatural (desde vida extraterrestre hasta rituales satánicos), bulos antinaturales sobre países extranjeros, el cotilleo y difundir mentiras acerca de gente conocida.

Cómo luchar contra las noticias falsas

En conclusión, Dochao afirma que se debe combatir la desinformación a través de los medios de comunicación y de un sistema educativo que hable de fake news en Estadística e Historia, y que luche contra la propaganda política y la contaminación de los bandos ganadores en los libros de Historia. Dochao menciona este artículo de The Guardian sobre cómo en Finlandia (el país más resistente a la desinformación) se utilizan los personajes de cuentos infantiles como metáforas sobre algunos políticos y se enseña a los alumnos de primaria y secundaria a interpretar y analizar la información que reciben, para fomentar su espíritu crítico. También alude a Esther Wojcicki, directiva de Creative Commons, que defiende enseñar en las aulas capacidades de resiliencia, liderazgo, emprendimiento y tolerancia.

La indiferencia es peligrosa

Por otra parte cree que luchar contra esta lacra “no es responsabilidad exclusiva de Europa, sino también de la sociedad civil, las instituciones y los medios”, pues según él “todos debemos trabajar juntos”, porque la desinformación “pone en riesgo la democracia”. Dochao concluye avisando de que “la indiferencia es peligrosa”, y recordando unas palabras de Hannah Arendt: “El objetivo ideal de un gobierno totalitario no es ni el nazi convencido ni el comunista convencido, sino personas comunes para quienes ya no existe la distinción entre hechos reales y ficción o entre verdad y mentira”.

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