Ser escritor en tiempos de crisis, ser feliz en tiempos de redes

Juan Jacinto Muñoz Rengel

“Uy que me la cargo”, dice Juan Jacinto Muñoz Rengel, al darse contra una planta en la entrada de una cafetería del Barrio de las Letras. Nació en Málaga, en 1974, ha escrito nueve libros y otras tantas antologías, también ha editado tres y traducido más de diez.

Entra en la diminuta cafetería y se sienta en una mesita redonda del fondo, no hay nadie más en la sala, pide un café con leche y comienza a quitarse las capas de abrigo para combatir el frío de Madrid.

Un poco antes de empezar filosofía comenzó a escribir de forma aficionada. “Ahí noté que iba a ser lo mío, pero no sabía aun por dónde tirar y al mismo tiempo decidí estudiar filosofía por un buen profesor”, explica.

De escritor a tiempo parcial a jornada completa

Se quita la bufanda y el abrigo y se sienta en una silla. “Estudiaba filosofía pura con toda la pasión del mundo, pero por las noches escribía”, afirma.

La primer novela la escribió a los 18 años. “Dejaba estudiar a las tantas y empezaba a escribir para luego dormir dos horas e irme al examen”, dice riendo y añade, “es una cosa muy absurda porque luego te das cuenta de que realmente no tenía prisa, pero en ese momento creía que sí”.

“Si en aquel momento me hubieran dicho lo que iba a tardar en conseguir las cosas me lo hubiera pensado”

El escritor da un trago a su café agarrando la taza con las dos manos y se mesa la barba. “Si en aquel momento me hubieran dicho lo que iba a tardar en conseguir las cosas probablemente me lo hubiera pensado, pero en ese momento, yo pensaba que la primera novela iba a salir e iba a ser espectacular”, comenta Muñoz Rengel.

“Lo dejé todo, mi trabajo, mi casa, mi coche y me fui a Londres, solo, a escribir”

Al terminar la cerrera hizo un posgrado y un doctorado hasta acabar ejerciendo de profesor de filosofía durante 4 años y, mientras, siguió escribiendo.  “Llegó un momento que entre las dos vocaciones tenía que elegir una y opté por la literatura”, explica. Había tocado techo a nivel profesional y sentía que ya había aprendido todo lo que tenía que aprender de la filosofía.

“Lo dejé todo, mi trabajo, mi casa, mi coche y me fui a Londres, solo, a escribir, a partir de ahí me dediqué únicamente a la literatura”, apostilla Juan Jacinto.

Juan Jacinto Muñoz Rengel el escritor que enseña a escribir

Además, estuvo trabajando en Fuentetaja, uno de los primeros talleres de escritura de Madrid desde el 2006 hasta el 2018. “A mí no me enseñó nadie a escribir, fui autodidacta o se puede decir que me enseñaron todos los autores a los que leí, al leer estas estudiando”, dice.

“Cada uno viene de fábrica con un talento”

Pero, realmente ¿se puede enseñar a escribir? “Hasta cierto punto sí, evidentemente cada uno viene de fábrica con un talento, con un número de talento, uno viene con un dos, otro con un ocho y así”, explica Juan Jacinto, “es como en el deporte, yo, por ejemplo, ahí, partiría de un tres”, bromea.

Mientras se recoloca en la silla y bebe un poco más de café, ya frío, asegura que la gente que tiene talento si aprende la técnica va a llegar mucho mas lejos. Por otro lado, no todos los asistentes a un taller pretenden ser escritores, sino pasar un buen rato.

“Yo he aprendido solo equivocándome mucho”

En un taller se puede enseñar cómo llegar más rápido al mismo sitio. “Yo no te puedo dar un talento que no tienes, pero te puedo corregir, guiar, enseñar caminos… Yo he aprendido solo equivocándome mucho ¿eso te hace mas fuerte? Probablemente sí, pero si alguien quiere llegar más rápido la solución es un taller”, concluye.

Ser escritor en tiempos de crisis

Cuando empezó a escribir profesionalmente, en los noventa, había anticipos tremendos, ventas altas y menos competencia, no existía lo digital. Ahora están las redes sociales que roban tiempo de ocio y foros que critican muchas veces de forma anónima.

“Eras un tipo que escribía un libro y el libro iba bien o mal, pero en cualquier casos los feedback que tenías eran positivos”, explica Muñoz Rengel, “ahora todo es una batalla”.

“Ahora todo es una batalla”

Muñoz Rengel termina su café y pide otro mientras se frota las manos para entrar en calor.  La noche ha caído sobre el Barrio de las Letras y desde la mesa se puede ver cómo las frases doradas escritas por grandes autores, que pueblan las calles, brillan por la luz de las farolas.

“Ya no solo hablamos de escritores sino gente de los medios de comunicación, famosillos, deportistas, cocineros, etc. Todos compitiendo por el espacio de la librería”, dice redirigiendo su mirada del ventanal a la taza, “y luego la gente menos interesada que nunca por el libro, la gente ahora esta con el móvil, hace 10 años esto era distinto, pero es que hace 5 años no se iba en el metro con el móvil, se iba con un libro”, añade bajando la mirada.

“La gente está menos interesada que nunca por el libro, ahora está con el móvil”

La crisis del papel, el cierre de las librerías y la disgregación del tiempo libre han repercutido en las recompensas que recibe un escritor. “Lo único que te puede mantener hoy es el amor por la literatura porque ni siquiera te lo pasas bien, yo lo paso muy mal corrigiendo”, dice riendo, “es el saber que lo que haces está bien, que es para lo que tú estas hecho”.

“Lo único que te puede mantener hoy es el amor por la literatura porque ni siquiera te lo pasas bien”

Mueve la cuchara dentro de la taza provocando un leve tintineo. “Es una sensación agridulce, pero lo volvería a hacer y lo volveré a hacer, entre otras cosas porque si yo me dedico en el futuro a otra cosa, a otra profesión o a ser padre de familia no es lo que soy, soy alguien que escribe historias y necesito seguir haciéndolo”, añade con seguridad.

Muñoz Rengel y su “gran imaginador”

Su último libro, publicado en 2016, surge al darse cuenta de que hay un momento histórico en el que suceden una serie de acontecimientos que transforman el mundo.

Pasan de la Edad Media a algo que se parece mucho más a lo de hoy “tiene que ver con el collage, con la falsificación, con la invención, con la compostura, con la manipulación de la información”, explica, “esto parce historia reciente, se hace ahora en política, en publicidad, en los medios de comunicación, pero ¿Cuándo surge? Si arañamos hay un momento claro con el que todo el mundo coincide que es la invención de la imprenta”.

“La manipulación de información s hace hoy, pero viene de la imprenta”

Una vampiresa real que inspiró a Drácula, un empalador, un Cervantes y un Quijote, 10 años de estudio, documentación y tirones de pelo y, finalmente, tres de escritura.

“Pensé en dejarlo porque veía que todo el mundo estaba viviendo y yo estaba renunciando a la mía. Me veía perdido y no sabia por dónde seguir”, dice con una media sonrisa, “mi aprendizaje ha sido ver que todo lo que me he ido proponiendo lo he ido consiguiendo. Las cosas se van solucionado, aunque sea durante un sueño o durante una ducha”.

“Tardé 14 años es escribirlo”

Termina su café y sale de la cafetería, la luz ambarina de las farolas lo cubre todo, el suelo de adoquines reluce por la lluvia. Tras su libro ha montado su propio taller de escritura en el 2019, Escuela de imaginadores, en el que él imparte las clases.

Mira una frase del poeta y escritor Federico García Lorca grabada en la calzada “en el mundo hacen falta más “imaginadores”, yo creo que es bueno, a no ser que el talento imaginativo lo tenga un gen del mal tipo Hitler, pero si no esta en malas manos la imaginación es buena porque es un músculo de la felicidad”, dice Juan Jacinto y alza la vista.

“La imaginación es buena porque es un músculo de la felicidad”

“Yo creo que puede ser una puerta a llevar una vida mejor, es mas interesante conversar con gente imaginativa, además la vida dura y seca es muy aburrida. Si todo el mundo fuera feliz el mundo iría mejor”, añade Muñoz Rengel.

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