ESPECIAL CATALUÑA (1) / Yo soy taxista en Barcelona

Alberto B.N taxista

“Mira: una, dos, tres… Sí, tres banderas independentistas y tres banderas españolas en un mismo edificio, en las juntas de vecinos deben hablar de las goteras porque sino…”, bromea Alberto. B.N., nacido en Barcelona.

Alberto cierra las ventanas y enciende el aire acondicionado para combatir la humedad. Lleva una camisa y gafas de sol. Sintoniza Cadena DIAL y se incorpora al tráfico. En la Ciudad Condal hay 10.400 taxis; él conduce uno de ellos desde hace dos años.

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Independentismo o nacionalismo

Circulando por la capital catalana señala las calles “mira, calle de Varsovia y Carrer de la Bisbal, hasta la propia ciudad está dividida”, dice.

Su coche es automático así que coloca ambas manos en el volante. Del retrovisor cuelga un ambientador de fresa que inunda todo el vehículo. “Lo cierto es que preguntan más los turistas que los propios catalanes, pero sí se nota la división”, y a lo que añade, “cuando hay manifestaciones sí que hay más quejas porque interfiere en la circulación”. “Por ejemplo, ahora con la sentencia del Supremo he estado dos horas parado en el aeropuerto”, apostilla.

“Con la sentencia del Supremo he estado dos horas parado en el aeropuerto”

“Es un tema tabú hoy en día. Yo desde el taxi tengo una norma: me dicen blanco blanco, me dicen negro negro. Mi trabajo es llevar a personas no me vale la pena discutir”, explica Alberto incorporándose a la calle Casp. La Casa Calvet, con su estructura ondulada, se refleja en los cristales del taxi.

“Es un tema tabú hoy en día”

Atrás deja aquella casa de estilo modernista de Gaudí para dirigirse al Arco del Triunfo. Alberto B. N. sortea coches y para en semáforos mientras tararea una canción de Manuel Carrasco. “En los pueblos pequeños el independentismo gana, pero en las grandes ciudades hay mitad y mitad. En algunos pueblos las personas mayores ni siquiera saben hablar en español”, explica.

“En los pueblos pequeños el independentismo gana, pero en las grandes ciudades hay mitad y mitad”

Para en un semáforo de la vía Laietana, se levanta las gafas de sol y fija su mirada en el vehículo de enfrente, en sus pupilas se refleja el disco rojo. “Yo tengo amigos independentistas que se han marchado de grupos porque se enviaban chistes en contra del independentismo, pero ellos sí pueden enviar chistes a favor”, asegura, “al final te dicen que tú no puedes opinar de este tema porque eres español, es su forma de llevar la libertad”.

“Al final te dicen que tú no puedes opinar de este tema porque eres español”

VTC contra taxis

Cerca de la playa de la Barceloneta unos turistas se suben a un coche con matricula azul. “Ahora han sacado que todos los vehículos de servicio público tienen que estar identificados con la parte trasera azul, lo que incluye a los VTC”, explica Alberto. “Mira, ahí hay otro, se ven cada vez más y más y más y obviamente se nota mucho el bajón de clientes porque eso es trabajo que el taxi no hace”, añade.

“Se nota mucho el bajón de clientes”

Apaga el aire acondicionado y abre las ventanas para que, así, se pueda oler el mar. “La cosa está más tranquila, pero puede que en el futuro sea un problema para el sector”, aclara, “aunque nos hemos movido tarde ahora hemos puesto la tarifa 5 en Barcelona que es el precio cerrado para amoldarnos y poder competir con los VTC.”

“Aunque nos hemos movido tarde ahora tenemos la tarifa cerrada para competir con las VTC”

Para el taxi en la  zona reservada para estos vehículos y se baja para observar el mar Mediterráneo. “También hay una aplicación, Joinup, a través de la cual nos contratan. Tenemos que ir con camisa, zapatos, arreglados y el coche limpio por dentro y por fuera”, explica Alberto.

Peligrosidad o alarmismo

El sol empieza a caer, aunque no se funde con el mar sino con los edificios. “Cuando empecé trabajaba de noche y mi mayor problema era algún sinpa, pero es que ahora hay agresiones“, dice.

Se apoya en un lateral del vehículo y cruza los brazos sobre el pecho. “El otro día pegaron una paliza entre ocho o diez a un compañero cerca de una discoteca”, explica, “tan solo en los dos años que llevo de profesión he notado cómo aumenta la peligrosidad. Antes podía ir por el Raval tranquilamente y ahora dependiendo de la hora acerco a los clientes lo máximo que puedo, pero no me meto en calles conflictivas. Como es la ciudad vieja pongo la excusa de que el tráfico está restringido. Lo evito por la peligrosidad que supone ser taxista”.

“Cuando empecé trabajaba de noche y mi  mayor problema era algún sinpa, pero ahora hay agresiones”

Su móvil suena, le entra un mensaje, el cielo sigue tiñéndose de tonos anaranjados. “Tenemos grupos de WhatsApp a través de los cuales nos avisamos de ciertos individuos que atracan con armas o incluso del modus operandi de las bandas organizas”, dice el taxista con el teléfono en la mano, “en el grupo somos entre 80 y 100 compañeros y solo entre nosotros tenemos más de un atraco o una agresión al mes, aunque hay muchos otros que no lo cuentan porque al final te quedas con cara de tonto cuando llevas todo el día trabajando y vuelves con las manos vacías

“En el grupo somos entre 80 y 100 y solo entre nosotros tenemos más de un atraco o una agresión al mes”

Bandas organizadas para robar desde dinero hasta maletas, navajas y pistolas para atracar y menores que se lanzan contra los coches  son los nuevos sinpas a los que se enfrentan los taxistas de Barcelona. “A mí me intentaron atracar unos menas (menores tutelados por la Generalitat). Parecía que se estaban peleando en mitad de la calle, se lanzaron contra el cristal de mi coche”, explica Alberto, “si no me hubieran avisado por el grupo me hubiera bajado a ver qué ocurría y me hubieran desmantelado todo el taxi. En lugar de eso, miré por la ventanilla. El chaval me miraba y me miraba, pisé el acelerador y me marché”.

“Si no me hubieran avisado por el grupo me habrían desmantelado todo el taxi”

El cielo se está oscureciendo y Alberto fija su mirada en las nubes que se han formado sobre él. “Es injusto, es una cosa que no tenemos que hacer y suena fatal, pero terminas seleccionando a los clientes por el miedo de lo que pueda pasar y si tiene mala pinta pues pasas de largo”, explica. “Es que hay casos en los que incluso te drogan, te echan un spray que te deja sin voluntad y les das todo el dinero”, alerta.

“Hay casos en los que te echan un spray que te deja sin voluntad”

Alberto vuelve a subirse al taxi. El cielo está completamente oscuro, a excepción de las leves nubes que lo cubren, guarda las gafas que llevaba puestas sobre la cabeza en la guantera, enciende la radio y sintoniza Cadena DIAL. Su móvil vuelve a sonar, sonríe, “también nos avisamos de los fotógrafos, esos que te sacan la foto y te envían la multa a casa”, bromea.

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