“Para cultivar la sensibilidad es necesaria la soledad”

María Espada, soprano española

Es domingo. La primavera llega y se va. Como el Festival de Arte Sacro, este año en su XXIX edición. La Basílica Pontificia de San Miguel, en Madrid, está preparada para que sus paredes escuchen el Stabat Mater Dolorosa, de Luigi Boccherini (Italia, 1743-1805), interpretado por María Espada y el cuarteto de cuerdas Ensemble Trifolium. Y también su público, quienes han hecho una cola larguíiiiisima para poder entrar: era gratis.

Boccherini fue contemporáneo de Haydn (quizá más conocido para el oído). Pero, a diferencia del austríaco, el italiano fue un talento precoz: a los 17 años, junto a unos amigos dio a conocer sus seis tríos, desde la Toscana hasta el Teatro Imperial de Viena.

Después llegó a París y se enamoró de una soprano italiana. Más tarde se marchó a España, donde se estableció gracias a que un hermano de Carlos III lo apadrinó. Y también en España fue desterrado, en Arenas de San Pedro, por un matrimonio con alguien que no era de la nobleza.

Dos personas mayores de entre el público se hacen una foto antes de empezar: “¿Crees que les habremos dado envidia?”, le dice ella a él mientras envía la foto a la futura envidiosa. Después de 5 siglos, esta obra vocal de Boccherini –un canto lleno de expresividad y emotividad para transmitir el sufrimiento de una madre durante la crucifixión de su hijo– suena en la Basílica.

Cinco preguntas a una soprano

La soprano que interpreta hoy es una persona cualquiera a quien un día la música salió a su camino, la abrazó y le cambió la vida. María Espada (Badajoz, 1969) es perfeccionista en su trabajo y austera en su forma de vida.

Pregunta: ¿Por qué elegió ser soprano?

Respuesta: Realmente se podría decir que no lo elegí, que la vida me llevó. Empecé a cantar de pequeñita en un coro y ahí se inició el proceso que me llevó a dedicarme a esto. Empecé a estudiar solfeo, piano, etc. y cuando cumplí los 15 años tuve la oportunidad de estudiar canto en mi ciudad natal y hasta hoy. Nunca pensé que me ganaría la vida dando conciertos, mis aspiraciones no iban tan lejos. Pero como digo, la vida me fue llevando.

“Falta presencia de la música clásica en nuestras vidas y todo por puro desconocimiento de lo que es”

P: ¿Qué podemos aprender de este tipo de música?

R: He de decir que durante unos años, interpretaba ópera y de unos años para acá solo hago conciertos sinfónicos y de cámara. Provoca que las emociones afloren y nos pongan en contacto con nuestro ser más profundo. En la época que vivimos, en la que todo el mundo va corriendo de un lado para otro sin mirarse en su interior, la música, como otras disciplinas artísticas, es la llave que abre las puertas al interior de las personas.

P: En el mundo en que nos ha tocado vivir, hoy y ahora, ¿por qué cree que la ópera ocupa un lugar secundario?

R: Yo creo que la ópera y la música en general está viviendo un momento dulce. Yo veo los auditorios llenos. Obviamente sigue siendo minoría en comparación con otras músicas. Para mí el problema en España es la falta de difusión de la música clásica. Si nos fijamos en las televisiones, no hay rastro de la música clásica. Sólo hay una pequeña muestra los sábados y domingos muy temprano. Es decir, cuando nadie pone la televisión. Creo que los dirigentes deberían poner más interés y tener como prioridad dar a conocer la música clásica. Mi experiencia me dice que muchas personas que nunca imaginaban que disfrutarían de la música clásica, han descubierto un mundo que les llena enormemente. Para mí falta presencia de la música clásica en nuestras vidas y todo por puro desconocimiento de lo que es. Se piensa que es aburrido, estricto, pero nada que ver. Yo siempre invito a todo el mundo a disfrutar de un concierto en vivo antes de opinar.

“Es necesaria la atención plena con las cosas que ocurren a tu alrededor”

P: ¿En qué medida la música eleva al espíritu?

R: Eleva el espíritu porque nos pone en contacto, sin duda, con nuestras emociones más profundas. Esto es algo difícil de explicar, hay que vivirlo. He visto a muchas personas con lágrimas en los ojos después de escuchar un concierto: esa es la muestra de que eleva el espíritu.

P: ¿De qué manera podemos cultivar la sensibilidad?

R: Creo que para cultivar la sensibilidad es necesario la soledad. Saber estar solo te pone en contacto, con atención plena, con las cosas que ocurren a tu alrededor. Hay belleza en todo lo que nos rodea pero vivimos tan acelerados y estamos siempre rodeados de tanta gente y tanto ruido que no reparamos en las pequeñas cosas bellas de nuestro alrededor y que te reconcilian con el mundo.

P: ¿Algún sueño en cuanto a un lugar donde interpretar? ¿Algún sueño en cuanto a una obra?

R: Todos los lugares pueden ser especiales así que sueño de un lugar no tengo. En cuanto a obras hay algunas que me gustaría interpretar en alguna ocasión. Por ejemplo, la Misa Solemnis de Beethoven. Pero tampoco es algo que me preocupe. Hay tanta música maravillosa…

Las peras y el olmo

La acústica de San Miguel –por eso se eligió este lugar- es espectacular. Suenan las campanas de y cuarto, brilla la horquilla de la soprano: ora dorada, ora azul, ora verde, a la vez que sube el canto, como el incienso, por las columnas de la Virgen hacia arriba, hacia la cúpula, donde espera Dios Padre y Dios Espíritu Santo.

Un movimiento en una silla provoca miradas de reojo y miradas exclusivas hacia una dirección, como si ese movimiento desconcertara al cuarteto de cuerda. Entre parón y parón hay una señora que se desmaya, y otra que se enfada porque la gente aplauda: “Que no se aplaude”, dice enérgica en voz baja. No se le pueden pedir peras al olmo. Sobre todo, si estamos en época de manzanas brillantes que no saben a manzana.

La música sigue haciendo su labor. Ahora, la misma señora que se quejaba por aplaudir cuando no tocaba, se ha equivocado, ha juntado sus manos antes de tiempo. Faltaba el Amén.

About Javier Roca Ibáñez

Estudiante de 4º Curso de Periodismo y Relaciones Internacionales en Villanueva C.U. De cuando en cuando me da por leer, pensar, escribir, hacer fotos y viajar. No necesariamente en ese orden.

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