La Feria de Abril, un encuentro agrícola y ganadero

Cartel Feria de Abril

Corre el año 1847, la reina Isabel II autoriza la Feria de Abril como un encuentro comercial agrícola y ganadero. Se acuerdan los días 18, 19 y 20 de abril, contando con 19 casetas para los intercambios mercantiles. Acuden alrededor de 25.000 personas. No podrían imaginar en lo que derivarían estos puestos y su idea para hacer negocios.

Los sevillanos, con su alegre carácter, sus bailes y cantos típicos harían que los vendedores solicitaran un aumento de la vigilancia policial, puesto que entorpecerían los tratos. Un par de años después se establecerían puestos para quioscos y bares. En tan solo una década las casetas se multiplicarían por 10.

De fiesta comercial a social

El ambiente rural que reinaba en el recinto ferial se iría desvaneciendo con el auge de las ciudades y adquiriría un estilo más urbano. Con el tiempo esta reunión mercantil sería el evento anual más esperado en Sevilla. El carácter social de esta iría cobrando protagonismo dejando de lado los intereses de negocios del campo.

Las casetas se convertirían en las residencias de los sevillanos durante la semana que duraría la feria. Las carpas que comenzaron pasarían a estar adornadas de manera sencilla, pero siempre muy vistosa,  Los trajes típicos de flamenco se harían con el lugar, haciendo que los turistas fueran para ver el espectáculo y pensaran que así se visten los españoles en todas sus fiestas.

Nuevas tradiciones

La Feria de Abril se celebraría una o dos semanas después de Semana Santa, por lo que no siempre coincidiría en abril. Comenzaría con la prueba del alumbrado se instauraría una nueva tradición: la ‘noche del pescaíto’; los propietarios de los espacios saciarían su hambre decantándose por el pescado frito. Los andaluces, sin quererse perder nada de esta nueva celebración harían cola horas antes para poder formar parte de ella.

El único medio de transporte permitido es el coche de caballos

Tras esto empezarían a llegar hordas de gente para disfrutar del jolgorio, aparecerían amazonas, caballistas y las flamencas, que traerían el color al real. Pese a los avances que habría en los medios de transporte, el único vehículo permito en el recinto ferial sería el coche de caballos, estos pasearían a las familias más ilustres, distinguiéndose por los carruajes más deslumbrantes.

Las copas de rebujito, vino de manzanilla con gaseosa, se pasarían de mano en mano hasta agotar las existencias. Las palmas, los bailes y los cantes comprenderían el elemento esencial de estos siete días.

La cara B de la feria

No todo sería idílico, con el festejo vendría el descontrol juvenil. Las borracheras y las riñas en las puertas de las casetas se convertirían en algo común. Los bailes hasta el amanecer provocarían que los feriantes se quedaran deambulando por las calles de Triana. Con el nuevo día, la estampa sería muy diferente, los recipientes de los deliciosos rebujitos se encontrarían tirados en el suelo junto con los churros y porras de la recena.

Una celebración que acabaría con un sentido muy diferente del que empezó. Sin embargo, esta evolución ha seguido trayendo gente a Sevilla, el turismo cada año sigue en aumento. La Feria de Abril se ha convertido en una de las fiestas españolas más emblemáticas. Por ello, siguen manteniendo negocios comerciales, lo que ha cambiado es la especie que se intercambia, en lugar de pagar por ganado, el negocio se hace con el espectáculo y el disfrute.

About Fátima Caro Camuñas

Alumna de 4º de Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en Villanueva C.U.

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