Andalucía y los trajes de sus ferias

traje flamenca

Empieza mayo y con ello las ferias andaluzas. Sevilla, Jerez, Córdoba,… un calendario sin fin que se alarga hasta finales de verano. Los rebujitos, los farolillos y las calesas invaden Instagram. Pero entre todo este sinfín de parafernalia propia de los festejos, destaca sobre todo el traje de flamenca. Esta vestimenta típica del sur español se convierte en el atuendo perfecto para alargar los días hasta convertirlos en noche, para posar frente a la Puerta de la Feria, para presumir ante todos los conocidos (y desconocidos) de nuestras Redes Sociales.

Flecos, volantes y lunares

Detrás de tantos volantes y lunares está Marisa Yepes. Esta joven cordobesa estudió patronaje industrial y diseño de moda en la Academia Style Neuff, y se dedica profesionalmente a la confección de trajes de flamenca. La diseñadora defiende que su labor es mucho más que un hobbie: “Soy una amante de los trajes desde que era pequeña, considero que es un arte y un orgullo para la mujer andaluza lucir este tipo de traje”.

“Para confeccionar un traje, lo más importante es conocer la personalidad de cada clienta, porque el secreto está en sentirse cómoda para lucirlo”, añade la modista. Para ella, existen muchos elementos importantes a la hora de diseñar un traje de flamenca, pero destacan la sensualidad y el objetivo de sacar el mayor partido a la persona que va a lucirlo. “Otros elementos que se utilizan son los volantes (adaptándose a la moda del momento), o el tradicional fleco o lunar”, añade.

En relación a la actualización de los diseños desde el patrón tradicional a la Semana de la Moda Flamenca, Yepes cree que existe un amplio abanico de posibilidades para diseñar trajes en el siglo en el que vivimos. “Las mujeres somos más libres y decidimos cómo vestirnos, al contrario de lo que ocurría antaño. Es una tradición que va evolucionando con el tiempo, pero no pierde su esencia”, concluye la diseñadora.

Trajes con luz propia

Además de los trajes de flamenca existe otro atuendo tradicional que brilla con luz propia. Una vestimenta unisex, que ha caracterizado a la cultura española de cara al extranjero: el traje de luces torero. Su historia se remonta a finales del siglo XVIII, cuando era el traje tradicional de los majos, hasta que su utilidad se limitó exclusivamente al oficio taurino.

“Siempre me ha gustado que la morilla sea blanca”

Aaron Rodríguez, torero de profesión, nació en Talavera de la Reina y desde muy pequeño manifestó esta pasión por la maestranza. Para él, lo más importante del traje de luces son el color, los bordados y las piedras, pero sobre todo que te llene personalmente. “Creo que el color de cada uno de los trajes es algo muy íntimo, y siempre elijo yo los míos”, añade. Sobre sus preferencias personales, Rodríguez deja claro sus gustos: “Siempre me ha gustado que la morilla sea blanca si el bordado es en oro, en plata o en negro azabache”.

El toreo, en femenino

Marta Reillo destaca en la profesión no sólo por su dominio del arte, sino por su género. En un mundo de hombres, esta joven conquense ha conseguido imponerse a todos sus compañeros de oficio, y protagoniza titulares en las cabeceras más destacadas de los principales diarios taurinos. Su educación se fraguó en las escuelas de Cuenca y Córdoba, donde actuó en la becerra homenaje a la mujer cordobesa.

Para Reillo, el traje de luces es un arte. “Lo más importante es que te lo hagan a medida, si te lo puedes permitir. Así se ajusta mejor al cuerpo que uno de segunda mano”, añade la torera. Respecto a la confección, destaca que se hacen bastantes pruebas para conseguir la perfección: “Es recomendable llevarlo puesto por casa y entrenando para acostumbrarse al peso y a sus movimientos. Es importante también no estrenarlo cuando sales a la plaza, ya que limita muchos movimientos”.

“Me gusta llevar al Cristo de Medinaceli en un imperdible”

En relación a los colores, sus favoritos son los claros: “Me gustan los colores claros pero son tan caros los trajes que no me puedo permitir varios colores”. En el traje, la torera destaca un matiz muy personal: “No llevo ningún elemento tradicional pero en la corbata me gusta llevar al Cristo de Medinaceli en un imperdible”.

Aunque el mundo de la tauromaquia está lleno de matices supersticiosos. “Yo no soy supersticiosa, pero una de las tradiciones taurinas que existen es que a la hora de vestirte no puedes dejar el traje de torear encima de la cama,-explica Reillo- ya que se vincula a que el torero esta muerto. El traje se debe colocar en una silla y de ahí lo vas cogiendo para vestirte”. ¿Su preferencia?, estar sola y tranquila en la habitación, únicamente con una persona o dos para ayudarle a vestirse.

Con información de Fátima Caro Camuñas

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About Lucía Martínez Sánchez

Estudiante de 4º de Periodismo y Diploma de Especialización en Gestión y Comunicación de Moda en el Centro Universitario Villanueva.

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