Adictos al móvil (y V): un algoritmo no es tu media naranja

Adicción

cuv3 analiza la adicción a las nuevas tecnologías desde cinco puntos de vista tomando como base la conferencia que Marc Masip, director del Instituto Psicológico Desconect@, pronunció en el espacio BBVA Aprendemos Juntos (elpais.com).

Theodore acaba de salir de una relación muy larga cuando descubre al amor de su vida. Su trabajo, orientado a una supuesta necesidad del futuro, no acaba de llenarle, porque escribir cartas ajenas en un tiempo en el que nadie puede parar diez minutos es una tarea solitaria. Así descubre a Samantha, una joven muy brillante, con grandes sentimientos y, teóricamente, muy atractiva, que tiene una peculiaridad que la diferencia del resto: Samantha es un sistema operativo.

Este romance del siglo XXII parece una historia cómica hasta que se descubre que hoy en día esto puede ocurrir.

Una adicción cercana

Las características que tiene Samantha, protagonista de la película Her, existen actualmente: el reconocimiento del lenguaje, las habilidades de conversación y la capacidad del software para aprender de la experiencia, sin tener que programarlo cada dos por tres. Son sistemas inteligentes que se adaptan a las características de sus usuarios, personalizando los mensajes, las sugerencias y sus funcionalidades.

La historia de amor que mantiene Theo con su teléfono móvil tiene una explicación científica. En este sentido, el protagonista, al no poder manejar el mundo de la realidad, se refugia en el de la fantasía. Así, evita el contacto personal y pone sus ideales en un mundo de lo imaginario. Es decir, explica la tendencia que tenemos de buscar aquello que no encontramos en la vida real en un mundo fantástico, creando expectativas en la mente e inventando una relación a partir de un simple algoritmo de respuesta.

Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia

En una entrevista publicada en el diario ABC, la vicepresidenta de la consultora Gartner, Jackie Fenn, hace hincapié en el papel del sistema operativo no sólo como una ayuda a la vida cotidiana, sino como una entidad. Según ella, son herramientas capaces de proporcionar más información sobre nosotros de la que un humano es capaz de procesar. “Las microexpesiones que revelan los verdaderos sentimientos de una persona duran menos de la quinta parte de un segundo y no suelen ser percibidas por los otros, pero un ordenador sí puede detectarlas fácilmente mientras analiza un streaming de vídeo”, explica Fenn.

Una relación mágica

Este motivo es una de las razones por las que se justifica ese enganche que en Theo se traduce como una relación amorosa que llega como por arte de magia a su vida. Y es que, como dijo el escritor y científico británico Arthur C. Clarke, “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. 

Esta obsesión que se refleja en el largometraje de Spike Jonze puede llegar a un extremo conocido como “objetofilia”. Esta nueva forma de sexualidad de la que se conocen solo alrededor de 200 casos en el mundo, es una tendencia a través de la cual la persona siente deseo sexual por un objeto. El que lo padece cree que esa cosa posee alma, inteligencia y sentimientos, y que es capaz de entender y comunicar.

Otros casos remarcados

Hay varios casos reconocidos, como el de Erika La Tour Eiffel, ex militar estadounidense que centró la mirada de estudiosos y protagonizó reportajes y documentales. Su parafilia comenzó cuando se enamoró de «Lance», un arco con el que llegó a convertirse en campeona del mundo de tiro con arco. Posteriormente, Erika se casó con la Torre Eiffel en 2007 en una ceremonia íntima, incluso con la participación de sus amigos, y tras la cual cambió su apellido. Años después se supo que Erika Eiffel padecía de un trastorno mental, diagnosticándole un desorden de estrés postraumático por causa de abusos sexuales cuando era menor de edad.

Bill Rifka considera que mantiene una relación homosexual con su ordenador Mac

Como Erika, existen numerosos casos registrados en todo el mundo en el que se da este fenómeno. Así, está Eija-Riitta Eklöf, una mujer sueca que se casó extraoficialmente con el Muro de Berlín en 1979, cambiando incluso su apellido por este objeto, o el caso de Bill Rifka, un alemán de 35 años que considera que mantiene una relación homosexual con su ordenador Mac. Por último, también puede destacarse el famoso caso publicado por el periódico The New York Times en el que se cuenta la historia de Nisan, un japonés que, obsesionado con un personaje ficticio de un videojuego para adultos, imprimió la imagen del mismo en una almohada con la que mantiene una relación amorosa.

El caso más reciente que se conoce es el de una estudiante de Matemáticas de la universidad de Florida conocida como Fractal Tetris Huracan, que cambió su apellido al hacer pública su intención de casarse con el famoso juego de Arcade Tetris.

Con información de María del Mar Trillo-Figueroa

About Lucía Martínez Sánchez

Estudiante de 4º de Periodismo y Diploma de Especialización en Gestión y Comunicación de Moda en el Centro Universitario Villanueva.

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