300 menús al día: la labor de los comedores sociales

Miércoles por la tarde en el comedor San Juan Bautista de la orden de Malta. De primero, judías blancas con arroz y huevo. Es plato único. Para beber, agua, café o Cola Cao, y un postre: galletas, magdalenas o dulces. Medio centenar de comensales a la mesa. Medio centenar de historias. Como la de Alberto. Periodista con idiomas, con un currículum y la satisfacción de haber entrevistado, hace muchos años, al escritor Gonzalo Torrente Ballester. Hoy la única ayuda que recibe es la de este comedor social.

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Él es una de las 927.000 personas que viven bajo el umbral de la pobreza en la Comunidad de Madrid. En la actualidad, apenas hay medidas para ayudar a las personas que se encuentran en esta situación, pero sí hay asociaciones como la ONU, Cruz Roja, Médicos sin fronteras… que contribuyen a combatir la pobreza. Además, en España hay comedores sociales que ayudan a estas personas ofreciéndoles una comida al día, totalmente gratis.

LA CORRESPONDENCIA se adentra en un comedor social, el San Juan Bautista, de la orden de Malta, situado en la calle Bascones, en el barrio de la Ventilla de Madrid.

Conociendo a los comensales

Tras hablar con comensales en el comedor del barrio de la Ventilla, las respuestas respecto a sus historias y el cómo han acabado aquí han sido, en algunas ocasiones, escuetas, sin saber qué decir. Ponemos nombres ficticios, pues no quieren ser reconocidos públicamente.

Pedro explica, algo nervioso que se ha encontrado en una situación “que no es muy normal”. “No tengo trabajo desde hace como dos años”, añade Marisa. María, de unos 50 años, agrega con  expresión de tristeza: “Estoy sin trabajo, llevo así tres meses. Es muy duro para mí…” Antonio, de unos 40 años, se una a la conversación: “Soy de Venezuela y por las condiciones que vive mi país tuve que venirme aquí”.

El caso de Juan es muy distinto. “Soy español y por complicaciones laborales estoy aquí. Tenía trabajo, pero se acabó el contrato, no me lo renovaron”, dice. “Estoy sin trabajar, tengo ya 60 años y ya tengo difícil trabajar porque tengo problemas de salud”, se lamenta Teresa. El caso de Valeria es por un problema de cadera. “Tardaría 8.000 días en contarlo pero, resumiendo, me rompí una cadera y he estado por ahí en hospitales, en residencia… y cuando regresé a casa estuve todo el día en la cama, sin poder hacer nada y sin casi comer. Después descubrí este lugar”, añade Valeria.

“Tuve la dicha de entrevistar a Gonzalo Torrente Ballester”

Entre los comensales está un periodista que sorprende contando su historia, Alberto, de unos 50 años, relata tras ser preguntado por su historia: “Me salen tantas cosas con eso.. pero bueno para que tengas una primicia, cuando era corresponsal para Galicia en una agencia de noticias de Madrid, tuve la dicha de entrevistar a Gonzalo Torrente Ballester, escritor. Él me describió la historia como la sucesión de los sucesos sucedidos sucesivamente. Si lo analizas debidamente, esa frase incluye toda la historia que va más allá de todos los libros, las redes… Así que bueno, aparte de la historia general, mi historia daría para contar mucho también, no sé…”.

Tras una pausa, continúa: “Mi historia es mucho más amplia, yo no nací en este país, nací unos 8.500 kilómetros al suroeste de aquí. Mis padres son de esta ciudad, me trajeron a su tierra y aquí vivo desde entonces. Entre otras muchas cosas, me formé en la carrera de ciencias de la información, periodismo, y eso como formación más docta. Lo he compaginado casi toda mi vida con la lírica. Siempre me ha gustado cantar desde pequeño…”.

Ya no se dedica al periodismo. “Pues por lo visto, no me quieren… Tengo demasiados conocimientos, demasiados idiomas, demasiados años… no sé. No sé el por qué. Yo he hecho muchas cosas gratis. He estado en la radio, han salido fotos mías en periódicos nacionales sin cobrar nada por ello… “, recuerda.

“El periodista debe ser objetivo. Hay hoy en día muchos periodistas, en mi opinión, que solo dicen el sí a su jefe y cobran un sueldo por decir sí a lo que piensa su jefe ideológicamente o decir no a lo que no le conviene a su jefe. Eso para mí no es ser periodista porque estás a la conveniencia del prójimo. Si uno trata de ser lo más leal y honesto posible, normalmente no tenemos cabida en esta profesión”, opina.

También preguntamos acerca de si tenían alojamiento o lugar donde vivir, a lo que la mayoría respondieron que vivían en albergues, en una habitación, o en una casa que mantienen con dificultad.

Respecto si reciben ayuda estas personas de familiares, ninguno la recibe. Se encuentran solos. La mayoría tiene a sus familiares en su país. Alberto, el periodista, vive en la casa de sus padres, los cuales fallecieron, pero con su trabajo consiguieron una casa como emigrantes y es lo único que conserva de ellos. Tampoco recibe ayuda. Preguntamos si reciben buena ayuda o buen trato aquí; la mayoría están encantados, pero unos cuantos comentan que cuando salen de ahí, nada que ver. Una persona, Mohammed, responde: “No. Porque somos muchos. En España nadie recibe ayuda. Aquí sí, pero solo es comida”.

La solidaridad de los voluntarios

También hablamos con dos voluntarias del comedor, Ana, de unos 50 años nos dice: “Me gusta invertir parte de mi tiempo en ayudar a los demás” y respecto a qué hacer para ayudar a la pobreza: “Para combatir la pobreza hay que crear unas instituciones y una sociedad más sensible con los que lo necesitan y crear unos núcleos familiares fuertes, fomentar mucho la ayuda a las familias y crear instituciones que de forma correcta gestionen recursos únicos para ayudar a los demás”.

“Me parece más gratificante dar ya que con lo que das, recibes muchísimo más.”

“Me parece más gratificante dar ya que con lo que das, recibes muchísimo más. Hay gente con unas necesidades y si yo puedo aportar algo y tengo mi tiempo para darlo…”, confiesa Miriam, otra voluntaria del comedor. Según cuenta, al día vienen a comer aquí unas 280 personas diarias. Respecto a qué hacer para ayudar a combatir la pobreza, cree que “cada uno puede aportar su granito de arena, depende en qué sentido. Por ejemplo, puedes colaborar en una asociación”. “Yo, por ejemplo, colaboro en Manos Unidas, para combatir la pobreza en el Tercer Mundo. Hay cosas de esas que se pueden hacer y así contribuir contra la pobreza”, señala.

Gracias a la buena labor de los voluntarios, su solidaridad y generosidad, estas personas pueden comer una vez al día totalmente gratis.

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