Comprender la guerra comercial entre Estados Unidos y China

por qué de la guerra comercial entre Estados Unidos y China

En noviembre de 2016 los estadounidenses votaban. Dos meses más tarde, Donald Trump llegaba a la Casa Blanca. En el discurso de toma de posesión volvía a la retórica del America First de toda la campaña: “Cualquier decisión sobre comercio, impuestos, inmigración o asuntos internacionales tendrá como objetivo beneficiar a los trabajadores y a las familias americanas”. En marzo de 2018 -concretamente el día 2- comenzaba la guerra comercial entre Estados Unidos y China: Trump había puesto un tweet.

No todo ha sido poner tweets, ni todo ha sido contra China. Además de abandonar el TPP, el gobierno de Trump renegoció el NAFTAahora ese  acuerdo se llama UMSCA– y boicoteó el sistema de solución de diferencias de la OMC. También puso aranceles sobre lavadoras y paneles solares.

Con el pretexto de la seguridad nacional puso aranceles sobre el acero y el aluminio. Y además, castigó a la aceituna negra española. Pero del tweet al hecho… una cosa es lo que se puede decir, ya sea en una campaña, en un tweet, a través de un live en Facebook, y otra lo que realmente se implementa.

Un mundo en transición

Para entender esta guerra comercial -ya a escala mundial, pues el mundo está globalizado- es necesario poner en contexto. Aunque a un ritmo menor que la crisis, la convergencia y multipolaridad siguen creciendo.

En cambio, la desigualdad, la urbanización, la superpoblación y envejecimiento ha ido disminuyendo, como se puede ver en el Elefante de Milanovic.

Por otro lado, los efectos de la cuarta revolución industrial son todavía inciertos. Sin precedentes, actualmente hay más guerras civiles y menos guerras entre países. Hay un cambio en el centro de gravedad de la economía mundial, una rivalidad geopolítica y un creciente desgobierno global. Y sin olvidar la imperiosa necesidad de transición energética para evitar el impacto del cambio climático.

Una II Guerra Fría

Y en todo ese contexto de un mundo globalizado, los actores principales serían Rusia, quien boxea por encima de su peso; la Unión Europea, que busca su lugar en este nuevo panorama; y por supuesto, China y Estados Unidos.

Desde 1995, EEUU tiene un déficit comercial con su principal competidor

La administración Trump cambió de rumbo y empezó con un proceso de aislamiento. Mientras, su principal y único competidor, China, seguía expandiéndose. Dos modelos antagónicos que aspiran a ser la potencia que domine a la otra: otra guerra fría.

Y cuando estos dos modelos antagónicos se enfrentan, una de las primeras cosas en que se fijan es en qué les une, qué relaciones directas guardan. Para ello la balanza comercial es una imagen fiel. Y desde 1995 hasta ahora Estados Unidos ha tenido un déficit comercial con China.

Consecuencias económicas y políticas

Como es de esperar, las consecuencias de esta guerra comercial principalmente son económicas. Por un lado reduce “la tarta” de la producción mundial, lo contrario de lo que supone una liberalización económica. Y por otro lado, aunque en toda guerra siempre hay ganadores, ésta puede reducir el crecimiento y destruir empleo.

También hay consecuencias políticas, ya que mina la confianza entre países y en último término, puede destruir las instituciones que existen para la gobernanza de la globalización.

Pero hay cosas que no se pueden responder, hay preguntas que se quedan en el aire. ¿Se puede frenar la escalada de conflicto? ¿Puede el sistema comercial multilateral funcionar sin EE.UU? ¿Es posible reformar a la OMC? ¿Es la guerra comercial el principio del fin de la globalización?

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About Javier Roca Ibáñez

Estudiante de 4º Curso de Periodismo y Relaciones Internacionales en Villanueva C.U. De cuando en cuando me da por leer, pensar, escribir, hacer fotos y viajar. No necesariamente en ese orden.

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