“Los mimos callejeros podemos expresar lo que queremos”

Andando por la calle Arenal, se puede observar a lo largo de toda la vía mimos, músicos, cantantes… de todas las edades y géneros. Desde una señora mayor tocando una caja de música manual, que parecía ser griega, hasta un par de chicos jóvenes, uno tocando el violín y otro el chelo.

[Vea este y otros artículos en el número 41 de La Correspondencia de Villanueva]

Entre tanta multitud de gente, que dificultaba el paseo por la calzada, destaca un mimo disfrazado, como el propio artista se identifica, de “Una estatua de un escultor” que está esculpiendo una figura (su acompañante). El artista acababa de finalizar su trabajo y se disponía a descansar. El mimo se muestra retraído durante unos minutos, pero poco a poco va contestando de formas más esbelta. Douglas Delgado, como se llama nuestro protagonista, da paso a la entrevista.

Pregunta: ¿Cree que la gente reconoce su trabajo?

Respuesta: (contesta de antes de que la pregunta fuera terminada de formular y de forma decida): Sí, sí, claro que lo reconocen. (Aparece su acompañante, la cual saluda de forma amigable)

P: ¿Cuál es su fin aquí?

R: Representar una estatua que representa un escultor tallando una bruja (señalando a su compañera). El título es “un escultor encantado”.

“Cada día estamos dispuestos a vivir una historia diferente”

P: ¿Cómo es su experiencia trabajando en la calle?

R: Bueno… Cada día es una historia diferente, aprendemos a vivir con eso. Todos los días salimos dispuestos a llevarnos historias diferentes, ya sea para bien o para mal.

“No hacemos esto por mendigar o porque no seamos capaces de hacer más”

R: Lo mejor es que sientes libertad y expresas lo que tú deseas hacer. No hacemos esto por mendigar, porque no conseguimos empleo, o porque no nos sintamos capaces de hacer otra cosa. Lo hacemos porque nos gusta. En cuanto a lo peor, que las autoridades no nos ayudan en nuestro trabajo, en vez de protegernos, nos desprotegen y maltratan; tanto la división de cultura como la misma policía municipal (aclarando que no los policías en sí, sino la organización y los mandos de estos mismos).

P: ¿Cuál es la media de horas que llegan a pasar aquí?

R: Pueden ser diez horas, como pueden ser ocho. Depende. Normalmente intentamos estar todo el día, de la mañana a la noche. Todos los días.

P: ¿Nos podría contar una anécdota, ya sea buena o mala, que le haya impactado? 

R: (Piensa durante unos segundos la respuesta): Una vez en la puerta del Sol, vinieron unos chicos italianos y pensaron que realmente era una estatua y me golpearon la cara (recuerda entre risas).

La despedida

Al finalizar la entrevista, ambos se despiden del medio de forma cercana y con una sonrisa. Atrás se quedaron descansando tras varias horas estando de pie, quietos como una “estatua”. La pareja coge sus pertenencias y comienza a hablar con unos músicos que se encontraban cerca, mostrando así la buena relación que hay entre los artistas de la calle, ayudándose entre sí.

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