Tragedia de Ribadelago: la noche en la que el agua se tragó un pueblo

Contempla fue una de las 350 personas que tuvo la fortuna de salir con vida de la catástrofe de Ribadelago, que asoló este pequeño pueblo situado en la montaña zamorana, más exactamente en la comarca de Sanabria. Todo fue causado por una presa que se construyó rápido, con malos materiales, y con presos de la Guerra Civil a principios de los 50, que cobraban una peseta al día. La presa de Vega de Tera dijo basta el 9 de enero de 1959, reventando y liberando 8 millones de metros cúbicos de agua, que se llevaron la vida de 144 personas.

P- ¿Cómo era la vida en Sanabria y Ribadelago por aquellos años?

R- La gente era agricultora, gente de labranza y ganado, con ovejas, cabras, vacas…

P- ¿Había preocupación sobre el estado de la presa entre la gente del pueblo o había desconocimiento absoluto de lo mal que estaba construida?

R- Pues había desconocimiento. La gente no esperaba eso, desde luego. Eso vino de pronto, cogió a la gente desprovista.

P- Aquella noche, ¿cómo se despertaron? ¿Qué fue lo que salvó la vida de su familia y la suya?

R- Estábamos yo, mi marido y mi hija de 9 meses. Debajo de nosotros en la primera planta había otra vivienda de otra familia. Al llegarle a ellos el agua, salieron corriendo escaleras arriba para nuestro piso. El señor que allí vivía ya sabía que se había roto la presa. Salimos por una ventana y nos subimos a un piñeo, allí pasamos la noche.

P- ¿Cuánta agua entró en su casa?

R- A nuestra vivienda no llegó, a la vivienda de abajo sin embargo la cubrió entera, que sería de dos metros o así de alto.

P- ¿Qué fue lo primero que se le vino a la cabeza cuando vio cómo quedó el pueblo?

R- No sé, no me acuerdo muy bien, pero desolación, pena, dolor por todo lo que ocurrió, la gente ahogada, las casas derrumbadas…

P- ¿Cómo era la imagen de Ribadelago?

R- De primeras no pudimos ver casi nada porque era la una de la madrugada, lo único visible era la laguna que había formado el agua, puesto que hizo represa con el puente y la maleza, creando un embalse. Cuando ya vino el día ya pudimos ver todo derrumbado, todas las casas, todo. No quedaba nada, ni árboles, ni vegetación… Una catástrofe.

P- ¿Cómo pensó que sería su futuro después de todo aquello?

R- Pues no pensé, hijo, no pensé. A mi marido le continuaba el trabajo al día siguiente, en la central hidroeléctrica del pueblo.

P- ¿Esa noche, cómo siguieron los acontecimientos?

R- Estaba por allí más gente, y cogieron unas medas que le llaman, ramaje sobrante del ganado, y las pusieron allí en la peña y las usaron para la lumbre junto con leña. Estuvimos allí hasta que se hizo de día.

P- ¿Cómo se enteró la gente de fuera de Sanabria de la catástrofe?

R- ¡Uy! Rápido se enteraron, a la mañana ya estaban allí de Zamora, llegó muchísima gente de las autoridades. Vinieron para evacuar a alguna gente. A los niños los llevaron a todos a un colegio de estos… no sé como se llama, bueno, en Zamora. El resto de gente se hospedó en casas de familiares de otros pueblos de la comarca de Sanabria. Nosotros por ejemplo dormimos en Limianos, con mi familia. Mi marido no, como el resto de hombres que seguían bien, a la mañana siguiente tuvo que ir a trabajar a la central.

P- ¿Cuánto tardó en volver a su casa?

R- Tres días o así. Tuvimos que reformar nosotros la casa, y hacerla otra vez, pero no tenía muebles ni nada.

P-¿Qué opina sobre la construcción de Ribadelago Nuevo?¿Le pareció lo más sensato?

R- Yo no opinaba sobre eso… Pero la gente decía que estaba muy mal, porque no tenía cuadras ni hueco para las vacas ni para eso, y la gente pues tenía que ir al pueblo viejo todo el rato para cuidar el ganado o lo que fuera. El sol no da apenas, se forma mucho hielo porque la montaña crea sombra todo el invierno. La gente estaba enojada, porque veían que no era lo normal para allí, era un modelo de pueblo extremeño en la montaña de Zamora.

P-¿Cree que el régimen les hizo el caso necesario?

R- Pues creo que no, no nos hicieron el caso que debían. La gente estaba muy disgustada porque no le dieron a la gente lo necesario para seguir viviendo allí.

P-¿Cómo fueron los años siguientes?

R- La gente estaba con mucho miedo, ya que hay muchas presas por las montañas de alrededor y la gente temía que pasara otra vez. Un día una señora desde el otro lado del río gritaba: “Vecinos ¡salvarse el que pueda!” ya que llovía mucho y bajaba muchísima agua por el río Cárdena. Y esta señora pensaba que iba a reventar también la presa que estaba y está aun hoy allí en la montaña. Nosotros y otra gente salimos corriendo y nos subimos a una roca allí en el Castro, pero fue todo falsa alarma. Estábamos con el alma en vilo. Después con los años se fue pasando y pasando, y a fuerzas de días se va uno adaptando a la nueva vida.

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