Traducción literaria: cuando el malo no es el autor, sino el traductor

Traducción literaria

Por el centenario de Ernest Hemingway, Arturo Pérez-Reverte escribió un visceral artículo en el que sentenciaba con un “me cago en Hemingway”. Durante el resto del texto explicaba lo que él consideraba negativo del mítico escritor y ponía en tela de juicio su estatus literario. Decía que, para él, el autor “flojeaba” y que su estilo era realmente sencillo.

José Gabriel Rodríguez Pazos, actualmente traductor profesional para “la Huerta Grande“, ha traducido en varias ocasiones las obras de este mismo autor y, de hecho, su tesis en filología hispánica e inglesa fue sobre él y su acogida en España.

“Las malas traducciones al español le quitaron su estilo a Hemingway”

El experto literario, profesor del Centro Universitario Villanueva, explica que “Reverte básicamente dijo en un artículo bastante impresentable que Hemingway no tenía ni idea de escribir”. Aunque él cree que el motivo por el que un autor tan grande y cuya calidad es indiscutida en Estados Unidos puede llegar a ser cuestionado de forma tan salvaje es por culpa de una mala traducción literaria.

Según Rodríguez Pazos, “las traducciones malas a veces son malas porque el traductor no entiende la intención y el estilo de escritor”. Siguiendo el ejemplo de Hemingway “muchos traductores al ver que en un diálogo solo usa dos verbos, decir y preguntar, deciden usar muchos más, porque consideran simple o repetitivo el texto”.

“No se puede vivir de la traducción literaria”

Lo que estarían haciendo entonces sería intoxicar la obra ya que el autor usa deliberadamente esa simpleza para no interferir entre el lector y la obra. Hemingway emulaba con su estilo a los cuadros impresionistas. Por lo tanto al introducir verbos como “inquirió” u “objetó”, el narrador ya está impidiendo que sea el lector el que haga su propia interpretación de la intención de los personajes. Para este traductor profesional “al hacer esta mala traslación estás quitándole su estilo a una obra de un genio de la literatura y por eso se le cuestionaba”.

Traducción literaria, muy barata

Actualmente, según Rodríguez Pazos “hay pocas personas que se dedican a la traducción literaria. Los que lo hacen es más como un complemento, por vocación.” Esto se debe a que “se puede malvivir más que vivir de este tipo de traducción.” Pero, “si quieres tener una vida normal o tienes un trabajo como profesor, como es mi caso, o traduces textos técnicos o jurados”.

Él explica la precariedad de este sector con su propia experiencia. Cobra 2.500 euros brutos por libro traducido y, aunque, a priori, 300 páginas por ese precio pueda parecer razonable, hay que entender que tarda 1 hora por página. Cobraría 8 euros por hora, siendo 10 la media nacional.

“Por traducir una obra se gana 8 euros por hora”

El motivo por el que se tarda ese tiempo es porque “el traductor es el que hace una lectura más profunda del libro ya que tiene que meterse en la piel del escritor. Además de esa profundidad un traductor lee el texto mucho más de una vez concretamente, Rodríguez Pazos mínimo tres veces. Lo lee “una primera para comprenderlo, una segunda más profunda y una tercera que es la de mí traducción de ese autor”.

Traducción empresarial, en auge

Radicalmente opuesta es la situación de la traducción para empresas. Óscar Martín fue uno de los que creó Blarlo hace dos años. Una página web ganadora del premio a “mejor idea del año” que ofrece el diario Expansión. Su web ha creado un algoritmo que selecciona al mejor traductor posible para un texto leyéndolo automáticamente. La inteligencia artificial entonces rastrea su base de datos para elegir al candidato idóneo.

“El precio en Internet está prácticamente cerrado”

El mercado de la traducción según Blarlo “lleva creciendo tres años a un ritmo del 10%”. Esto se debería a que “las empresas saben que una mala traducción en una publicidad o en su propia web puede crear una tremenda desconfianza en un público de Internet, acostumbrado a verla en anuncios falsos”.

Esta agencia de traductores explica que, pese a que el mercado se ensancha, “el precio por palabra está prácticamente cerrado”. Por lo tanto, “hay una competencia enorme, sobretodo en Internet”.

Pese a esta competitividad, los trabajos para empresas son mucho más rentables que la traducción literaria. José Gabriel Rodríguez Pazos recomienda para los traductores “que se ganen la vida con este tipo de traducciones”, ya que las literarias requieren “mucho más trabajo para cobrar mucho menos”.

“El mayor gozo estético es el que experimenta el traductor”

Pese a esto, explica que lo que a él le mueve es este último tipo y que es la vocación de la mayoría de personas que entran en esta profesión ya que “cada nuevo autor es entrar en un mundo nuevo” y que “la lectura más profunda que se puede hacer de un texto y por tanto el gozo estético más intenso que se puede tener en literatura es el del traductor”.

¿La máquina puede sustituir al traductor?

Un debate abierto tras el constante éxito de Goolgle Translate, que actualmente traduce más de 150.000 millones de palabras al día, es el de si esta clase de inteligencias artificiales pueden reemplazar en un futuro a los profesionales en este sector.

Óscar Martín es contundente al decir que esto será una realidad, pero “aún estamos lejos de esto porque las máquinas traducen palabra por palabra y así no funciona la traducción”. Para él “las frases tienen un contexto, unas connotaciones… por lo que hace falta saber el sentido que tienen para poder llevarlas a otro idioma”.

“Las máquinas traducen palabra por palabra, no miran el contexto”

José Rodriguez Pazos afirma que sí que podrán apoderarse de la mayoría de los estilos de traducción pero no del literario, debido a que “la traducción literaria crea y siempre se necesitará a una persona con sensibilidad frente a un texto que yo, personalmente, creo que nunca desarrollará una máquina”.

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About Álvaro Moreno

Estudiante de 4º de periodismo en Villanueva C.U.

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