“No todos valen para ayudar a enfermos terminales”

Antonio Gil

Jubilado desde el año 2000, tras haber trabajado durante 30 años en el colegio El Prado, Antonio Gil dedica ahora sus mañanas, a sus 83 años, a ir de voluntario al Hospital de cuidados paliativos Laguna.

Antes de entrar en Laguna como voluntario lo hacía en la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación) cuya labor consiste en buscar fondos para becar a futuros sacerdotes de todo el mundo para que puedan pagarse sus estudios.

Fue un día cualquiera cuando el consejero delegado de la Fundación Laguna, a quien conoció en el colegio donde trabajó, fue a buscarle para pedirle que se fuera de voluntario a Laguna. Ese día fue a comer con él, visitó las instalaciones y experimentó lo que allí se hacía. Le gustó y decidió quedarse allí de voluntario en donde lleva 8 años.

“Me podéis pedir de todo menos dinero”

Es el segundo de abordo del equipo de voluntarios y se pasa allí todas las mañanas de lunes a viernes de 9 a 14. Cuando llega coge la lista para ver las novedades del día, algunos de ellos ya no están y a la vez llegan nuevos enfermos. Su carta de presentación cuando llega a la habitación de un nuevo enfermo es la misma “soy Antonio y me podéis pedir de todo menos dinero”. Esta frase, dicha con su acento andaluz, le permite romper el hielo y sacar alguna carcajada a los familiares. Siempre lleva su libreta encima para cuando sale de la habitación apuntar cosas interesantes de las que le han hablado y acordarse.

Oxígeno para el enfermo y su familia

A Antonio Gil lo que más le molesta es que “le utilicen” ya que para eso está allí como voluntario y añade “si me ves una mañana por el pasillo y no me llamas para no molestarme es un mal pensamiento”. No todo el mundo vale para esto, dice , ya que es un continuo estar al lado de alguien que se muere y una familia que sufre por lo que si no tienes un corazón grande allí no puedes estar, asegura.

Cuenta Antonio la anécdota que le ocurrió hace pocas semanas. Se encontró con una mujer cuyo marido, que tenía dos cánceres, estaba allí ingresado tras haber estado 12 años de hospital en hospital. Él siempre anima a los familiares a salir de la habitación a pasear, a dar una vuelta, a tomarse un café o ir a comprar para que se despejen y mientras él se queda con el enfermo. Pero esta mujer se resistía a salir a pesar de la insistencia de Antonio. Una mañana al llegar allí se encontró con que la mujer iba vestida “de punta en blanco” lo cual le extrañó y le reprochó que si había ido a algún sitio o se iba a ir no le hubiera avisado a él para quedarse con su marido. La mujer le contestó diciendo que no se iba a ningún sitio, sino que esa noche había soñado que su marido se despertaba y quería que cuando abriese los ojos le viese guapa.

Como esta anécdota tiene miles tras estos 8 años de voluntario, mientras tanto a pesar de todas estas vivencias asegura que no tiene interés en reflejarlas en un libro como le “presionan” muchos amigos, concluye Gil.

About Javier Arias

Estudiante 4º de Periodismo en Villanueva C.U.

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