“Poner 14 asignaturas a un niño de 14 años es volverle tonto”

Las luces del anfiteatro de La Casa de América, en Madrid se han vuelto tenues y decenas de pares de ojos prestan atención a la conferencia sobre los nuevos paradigmas de la educación. Y, enseguida, la primera llamada a la reflexión: “Incluso los zoológicos se han reinventado, el león no está al lado de la jirafa porque se estresan, lo único que sigue igual es la escuela”, asegura Francisco Cajiao, rector de la fundación universitaria Cafam.

Cajiao comienza a explicar que la escuela es igual desde el siglo XIX y se basa en unos paradigmas básicos: el pensar que la realidad son las palabras, refiriéndose a la importancia de la memorización del vocabulario y no a su comprensión y el concepto de escuela como máquina de enseñar.

“Los niños entran por una puerta como la materia prima y van pasando de clase en clase”, dice, “ahí aparecen unos operarios que aprietan determinadas tuercas, la de la geografía, matemáticas, etc”, continúa refiriéndose a los docentes.

“Son niños que pasan por siete u ocho experiencias de aprendizaje inconexas en un día, porque ningún profesor conversa con los otros, para que los niños hagan una conexión entre lo que se les enseña a las ocho de la mañana y a las dos y media de la tarde”, afirma.

Añade que, además, se tiende a pensar que es mejor lo igual que lo distinto, y por ello juntan a los niños por edad y no por nivel de aprendizaje. “Nunca he logrado entender por qué un niño de ocho años, que es un talento musical, no puede aprender música con uno de diecinueve que apenas está aprendiendo a soplar la flauta”, dice.

“Los niños entran por una puerta como la materia prima y van pasando de clase en clase”, dice Cajiao

Con estos métodos Francisco Cajiao asegura que solo se logra conseguir que los niños acumulen conocimientos, pero que no adquieran capacidad crítica. “Que un niño de catorce años tenga catorce asignaturas es una forma de volverle tonto a base de confundirlo”, explica.

La educación y las nuevas tecnologías

Para finalizar con su ponencia analizó la incursión de las redes sociales en la educación. “Preferimos prohibir móviles en las clases, pero los gobiernos a cambio reparten tabletas”, se lamenta.

Además, asegura que el problema es que se emplean las tabletas como cuadernos tradicionales sin aprovechar todas las ventajas que puede aportar internet. Para él las escuelas no están cambiando si no usando nuevas herramientas para enseñar de la misma forma.

“Estos cambios han llevado a un drama tremendo que es el niño insatisfecho -sostiene Cajiao-, el niño que tiene crisis de soledad, que pierde su capacidad de relacionamiento directo y termina hablando con su hermano a través del chat de una habitación a otra”. Tras esto asegura que el único aprendizaje real es el que hacemos por necesidad, ya que “en Latinoamérica no se habla inglés porque no es necesario, se habla español desde Canadá hasta la Patagonia”.

Para concluir lanza una idea: “Los dinosaurios se extinguieron porque el mundo cambió y ellos no, la escuela es nuestro gran dinosaurio”.

En ese momento, el anfiteatro se queda mudo, asimilando las palabras del ponente, hasta que irrumpe en aplausos para dar paso a Marta Encías Martín quien trabaja en la dirección y el rectorado de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). “En España, según PISA, los niños de 2006 sabían lo mismo de ciencias que los de 2015”, dice, “por el contrario en lugares como Singapur sí mejoran”.

A través de un gran cañón de luz comienza a reflejar datos, informes y esquemas en la pantalla de su espalda. “Colombia y Brasil, los países de Iberoamérica, tardarán cien años en llegar a la media de la OCDE si siguen al mismo ritmo”, explica.

“Iberoamérica tardará cien años en llegar a la media de la OCDE si sigue al mismo ritmo”

Asegura que tras todos estos datos han llegado a la conclusión de saber qué hacen esos países que sí obtienen mejoras, como Finlandia, Singapur o China.

“La diferencia es que, en nuestro país, pensamos que los niños aprenden a niveles altos,” confiesa, “cuando hablamos con los profesores dicen que ellos enseñan a todos los niños lo mismo y algunos lo consiguen porque tienen talento y otros no, pero en esos países que tienen éxito su filosofía es que todos los alumnos son capaces de aprender a niveles altos”.

Explica que esos lugares han cambiado todo su sistema educativo en torno a esa idea. El primero en hacerlo fue Finlandia en los años 70, partían de la base de que cualquier persona puede hacer lo mismo que otra sin importar su situación económica, familiar, su lugar de procedencia, etc.  Para lograrlo tuvieron que formar a sus profesores, adecuar los sistemas educativos para atender a ciertos niños que en determinadas etapas y por diversas situaciones podían tener mayores dificultades, etc. “El objetivo era sacar el talento de cada niño”, dice Marta Encías Martín.

“El objetivo era sacar el talento de cada niño”, dice Marta Encías Martín

Continúa su ponencia, mientras Francisco Cajiao asiente efusivamente. Comenta las exigencias laborables de la actualidad debido al mundo tecnológico. Explica que, debido a esto, las escuelas están empleando nuevas herramientas para poder ofrecer personas preparadas para la sociedad de hoy en día, pero según PISA, los colegios que usan menos las tecnologías puntúan mejor que las que sí las emplean. “Quizás se usan mal las tecnologías o no se forman bien a los profesores”, confiesa.

“Quizás se usan mal las tecnologías o no se forman bien a los profesores”

Además, asegura que hacer repetir a un niño no sirve para nada. El 36%, uno de cada tres niños, repite en Castilla y León. “Hacer repetir a un niño es como si un médico diera la misma medicina, que no funcionó la primera vez, al mismo paciente”, dice.

Marta Encías explica que hay que enseñar a los niños a usar los conocimientos no solo dárselos porque “si quieren saber algo ya tienen google, lo que no saben es que página es la correcta”.

Para finalizar dice que los políticos deberían contar con los profesores para realizar las reformas porque son los que están ahí, “investigando y observando el funcionamiento de las cosas”.

La experta se despide con un último dato: “Las tres cuartas partes de los profesores españoles no piensan que los métodos más innovadores ayuden a la motivación de los niños para mejorar la enseñanza porque los políticos les limitan con exámenes y currículums”.

Soluciones para emplear bien las tecnologías

Francesc Peró, jefe del área de políticas sectoriales y TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) de la UNESCO, fue el siguiente en intervenir. Comenzó con pregunta: ¿Cómo deseamos que se enseñe y se aprenda hoy? “La innovación tecnológica en sí misma no es una innovación pedagógica”, asegura.

Francesc Peró: “La innovación tecnológica en sí misma no es una innovación pedagógica”

Francesc Peró pretende demostrar que existen tendencias emergentes que son compartidas de forma internacional: el contenido pedagógico y la personalización de la enseñanza. “La tecnología es solo una ventana”, dice.

Para concluir, expresó las dos soluciones para que la sinergia entre tecnología y mejora de la educación sea posible: la organización del contenido docente (“se necesitan condiciones de trabajo distintas”, asegura) y el liderazgo pedagógico, donde “se deben generar incentivos”, concluye.

Tal vez si Iberoamérica sigue estos consejos no tardará cien años en llegar al nivel de la OCDE.

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