Jesús “El Bolo”, el último alfarero de Campo Real

Alfarería

Ahora, y después de más de dos siglos de actividad, la etapa alfarera que ha dado de comer a multitud de familias campeñas acaba de echar el cierre con Jesús, conocido entre sus vecinos como “El Bolo”.

Él es el último alfarero de Campo Real y después de 40 años se jubila, con la pena de no dejar herederos: “Creamos una escuela de alfarería en los 90 en el centro cultural del pueblo. Estuvo funcionando durante 12 años. Pero nadie se lo tomaba tan en serio como para dedicarse a ello. La cosa no cuajó”, afirma Jesús.

“Aquí se hacía todo a mano. Una pieza que se ha hecho a mano para mí siempre será mejor”

Tradición centenaria

Ya en el año 1752 se recogen los primeros datos documentados sobre esta actividad, en una población mucho más reducida que la actual. En el siglo XVIII había hasta 5 alfareros que fabricaban cazuelas, pucheros, mantequeras, mieleras y cajillones de barro, en los que aderezar las aceitunas que luego se vendían a la gente del pueblo y de otros pueblos de alrededor.

“El Bolo” recuerda que cuando empezó en los años 60, funcionaban en Campo Real muchas alfarerías. Había tal demanda entonces que, con su padre, sacaban una producción de hasta 1.000 mieleras al día. “Hace un siglo te podías encontrar en el pueblo hasta 20 maestros alfareros, y al ser familias numerosas, la cifra ascendía a 70 alfareros”, afirma.

Con tristeza habla de cómo ha cambiado la alfarería con la llegada de las grandes fábricas industriales. “Aquí se hacía todo a mano. Una pieza que se ha hecho a mano para mí siempre será mejor“, señala. El problema actual es que todo se hace de forma industrial y lo que se hace a mano no puede competir en precio.

Campo Real: capital de la alfarería

Otra pregunta que surge es por qué tanto alfarero en Campo Real ; ¿de dónde sacaban los materiales para poder trabajar?: “Por la zona ha habido siempre muy buena arcilla para hacer los cacharros de barro. En concreto hay una zona que se conoce como El Cerro de la Tierra, donde los alfareros hacían cuevas y de ahí sacaban la tierra”, explica “El Bolo”.

Jesús lamenta que desde el Ayuntamiento de Campo Real hayan dejado morir poco a poco este arte. Después de tantos años de oficio y siendo autónomo, cuenta que la pensión se le ha quedado en nada y que, a pesar de tener ganas y capacidad para seguir trabajando, su taller abierto solo le acarrea pérdidas.

Después de tantas generaciones de alfareros en la familia, “El Bolo” se queda sin dejar su legado a nadie. A la espera de poder alquilar su taller, recuerda con tristeza los buenos tiempos en los que su arte era valorado y apreciado tanto por sus paisanos campeños, como por todos los madrileños que disfrutaban de sus piezas.

About Mikel Irazábal

Estudiante 4º de Periodismo en la Villanueva C.U.

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