“La discriminación de la mujer indígena es una tarea pendiente”

La periodista, socióloga y docente del Centro Universitario Villanueva Elisa García Mingo siempre ha sido una profesional involucrada en la lucha por los derechos de las mujeres indígenas. Acaba de publicar Zomo Newen, que en el idioma mapuche significa “la fuerza de las mujeres”. Este libro narra los relatos de ocho mujeres mapuche que cuentan su historia en primera persona, coordinadas por la autora, para así mostrar al resto del mundo la situación que están viviendo.

Aún quedan cosas por hacer

Pregunta: A lo largo de la obra se explica que la política es también un factor que influye en la discriminación que sufren las mujeres mapuche. ¿En algún momento la política chilena se ha beneficiado de esta situación?

Respuesta: Es muy difícil decir que un Estado se beneficia de la discriminación de un grupo. Lo que sí que ocurre es que la discriminación de la mujer indígena es una tarea pendiente en el mundo en general y en concreto en el Estado chileno y argentino también. La idea que se intenta defender en el libro es la interseccionalidad, la idea de que las mujeres indígenas son sujetos que están sometidos a una triple discriminación, por ser mujeres, por ser indígenas y también por ser pobres. De hecho, durante mucho tiempo en Chile se ha abordado lo que ellos llaman “el problema mapuche” como un problema de pobreza, y las políticas que se han hecho son políticas que tienen que ver con reducción de la pobreza, sin tener en cuenta los derechos políticos y los derechos como nación indígena. Es bien complejo porque no se puede decir que no hay políticas, sí que las hay, pero son políticas que no les tienen en cuenta como sujetos políticos. Lo especialmente complejo de las mujeres mapuche es que son, por un lado, discriminadas por el Estado por ser sujetos indígenas, también por los propios hombres de su pueblo por ser mujeres y también ellas se sienten discriminadas por mujeres chilenas no mapuche. Este libro existe precisamente para lanzar un mensaje a diferentes grupos, como por ejemplo las feministas blancas.

“Las mujeres debemos poner de nuestra parte para no ser sujetos opresores”

P: Acaba de hacer referencia al feminismo blanco, un término que en el libro se usa a modo de crítica de los movimientos feministas de mujeres blancas, urbanas y de clase media/alta. ¿Si las feministas blancas conociesen todo lo que han conseguido a diferencia de las mujeres mapuche dejarían de salir a las calles?

R: No, creo que lo que harían sería reivindicar más. El feminismo es una reivindicación de igualdad que elevan las mujeres porque se sienten desiguales frente a los hombres. El feminismo también está contestado, se han hecho réplicas y una de las más potentes es por parte de aquellas que han elevado la crítica de llamarle blanco al feminismo. Esto lo han hecho, por ejemplo, las feministas negras, lo que se llama el afro feminismo. Hay autoras como Bell Hooks o autoras feministas africanas como Amina Mama que lo que han hecho ha sido denunciar que el feminismo está cargado de racismo. Hay una crítica también al feminismo. Las mujeres indígenas por su parte han creado un feminismo, que se llama feminismo comunitario, que tiene por ejemplo a Julieta Paredes como un referente. Ellas lo que dicen es que si forma de reivindicar los derechos de la mujer o la igualdad es diferente a la que hacen las mujeres blancas o las mujeres europeas, porque ellas reivindican derechos colectivos y no derechos individualistas. La principal crítica que se le hace al feminismo blanco es que es un feminismo individualista, es decir, que reivindica los derechos para los sujetos y no para los pueblos. Aquí hay un diálogo y a veces un desencuentro muy claro, entre unas feministas y otras, entre unas mujeres y otras. Yo creo que el día que el feminismo se haga cargo de estas críticas o el que se hace cargo de estas críticas, como es el feminismo decolonial, reivindicará nuevas cosas u otras cosas. Nosotras, en tanto que mujeres, tenemos que estar contentas de los logros y seguir apuntando las carencias y desigualdades y reconocer que hay colectivos de mujeres que están en una situación más carencial todavía, de más vulnerabilidad. Debemos poner de nuestra parte para no ser sujetos opresores.

P: ¿Existe otro grupo étnico que sufra la misma discriminación?

R: En el caso de España, quizá la mujer gitana, las mujeres y niñas del pueblo gitano son un equivalente parecido al del pueblo mapuche. Para empezar, son un equivalente porque son una minoría bastante destacada y para seguir, forman parte del acervo cultural que nosotros reconocemos como patrimonio. Sin embargo, son sujetos que muy postergados por parte del Estado, sufren mucha discriminación como sufren los pueblos indígenas y en el caso de las mujeres y las niñas todavía más. También las mujeres están levantándose y elevando críticas a los propios hombres del pueblo gitano. Hay un paralelismo y es muy fructífero pensar como colectivo que sufre el mismo tipo de discriminación, de doble o triple discriminación, porque muchas mujeres gitanas también están afectadas por la pobreza, la vulnerabilidad o por la exclusión social.

Todo gracias a ellas

P: Quienes escriben el libro son las ocho mujeres que narran su historia, ¿si se hubiese hecho de otra forma en la que Usted era la única escritora, se habría perdido la esencia de lo que se quería transmitir?

R: Sí, este libro existe porque hay ocho mujeres que han decidido narrar en primera persona sus vidas. La fortaleza o tensión de este libro es que al lector o lectora le llegan las historias directamente de boca, de corazón, de estas mujeres que están mediadas por la autora, que en este caso soy yo o, más bien, por la coordinadora. Estas historias están recogidas en formato de entrevista y luego están transformadas en relatos en primera persona como se responde la entrevista, pero están sacadas las preguntas con el fin de que al lector le llegue el relato, la memoria oral de esas personas de una forma más directa. Tradicionalmente los académicos, los intelectuales hemos tendido a coger las historias, apropiarnos de ellas y convertirlas en nuestras, convirtiéndonos en los únicos autores. En este libro lo que se hace es abrir la autoría y convertirlo en una coautoría, con el fin de respetar las historias hasta el final, hasta convertirlas no solamente en protagonistas de su historia sino en autoras de la propia narración de la historia.

“El equivalente en España sería la discriminación a las mujeres gitanas”

P: Se trata de una situación vigente desde hace siglos. ¿En algún momento se conseguirá terminar con la discriminación femenina mapuche?

R: Yo creo que sí, quiero pensar que sí. Lo más bonito de este tipo de libros, de este tipo de proyectos o en general de las luchas de los pueblos o de las mujeres es que haya avances, que haya un caminar. Me gusta mucho una frase que dice siempre Margarita Calfío, una intelectual mapuche, que dice: “Mujeres, vamos saliendo”. Me da la impresión de que las mujeres mapuche están saliendo del hogar, del fogón, para contar sus historias, dónde han estado, cuál ha sido su papel. Las mujeres mapuche, no podemos olvidar, que desde que eran guerreras, desde que eran mujeres de los grandes guerreros, como Fresia y Guacolda, han sido fundamentales en la resistencia, en la lucha, en la reproducción cultural y también lo son ahora solamente que no visibles. Esta tarea es de visibilizar, ni siquiera es de hacerlas protagonistas porque ya lo eran.

No todas somos iguales

P: ¿Qué opina del movimiento #MeToo?

R: Creo que es un movimiento muy beneficioso para muchas personas y muchos colectivos, pero también, a veces, tiene un peligro que es homogeneizar las experiencias de acoso o de agresión y parece que son todas iguales. Volvemos a la crítica que se hace al feminismo blanco. No es lo mismo ser una mujer nahua, del Estado Guerrero, que ha sido violada, que ha sido vendida y que tiene una discapacidad, a ser una mujer española, universitaria, urbana, de clase media/alta, que tiene manejo de las redes sociales. Es una apertura discursiva de nuevo, pero que muchas veces banaliza la interseccionalidad, se pierde la carga específica del impacto que tiene, sobre algunas mujeres, la raza o la clase social.

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