La historia del “boxeo esplendoroso del clan celestial”

El astuto ladrón se aseguró de que no hubiese moros en la costa antes de acorralar a su víctima. Puede que pasara por alto la figura que caminaba tan solo unos pasos detrás de él, puede ser también que lo considerase inofensivo. En cualquier caso fue un grave error. Notó cómo una mano que emergía de entre las sombras se posaba en su hombro y, con una precisión quirúrgica, presionaba un punto vulnerable, quedando inmovilizado. La incapacidad para moverse no estaba provocada (del todo) por el dolor, sino por la certeza de que este podría hacerse insoportablemente intenso ante el más mínimo movimiento. Así pues, ante la perspectiva de que su intento de robo había sido frustrado por quien menos se esperaba, el malhechor no quiso dar más problemas.

Gracias a su destreza y conocimientos, Javier evitó la tragedia

El héroe en la oscuridad que detuvo al atracador y evitó que un joven fuera robado y/o apuñalado esa noche se llama Javier Hernández Pérez. Cuando tenía 12 años, en 1973, comenzó a interesarse por las artes marciales y desde el inicio se encontró con un camino empedrado de dificultades. Para empezar, debido a una obesidad mórbida congénita, pesaba 107 kilos. Además, por aquel entonces en España solo se enseñaba judo y karate. Aun así su actitud siempre fue inquebrantable. Se dio cuenta de que para compensar sus limitadas aptitudes físicas debía fortalecer su intelecto. Entonces, entrenó con maestros de aquí y allá a quienes enseñaba sus propios conocimientos a cambio y estudió concienzudamente la medicina tradicional china, su historia, la teoría de las artes marciales que practicaba, filosofía Taoista y más filosofía… Poco a poco, los conocimientos y destrezas físicas que adquiría se cristalizaron.

Así fue como consiguió la titulación de monitor de boxeo, cinturón negro en varios estilos chinos, ser redactor en revistas como “Dojo” o “Dragonz”, ser presidente de la asociación española de Kung-fu, vicepresidente de la federación española de artes marciales, la FECAACYM… Y una lista mucho más extensa de logros.

A pesar de las dificultades, su actitud siempre fue inquebrantable

Conseguir todo esto no fue nada fácil para Javier. A parte de su peso tuvo que superar una grave lesión de rodilla sufrida durante su servicio militar en la Brigada Paracaidista de Tierra, también varias operaciones y 600 horas de quimioterápia, que aun dejando secuelas en forma de neuropatías, lograron acabar con el cáncer de colon que sufrió en 2013. A pesar de todo, en dos años de tratamientos y operaciones solo faltó a cinco o seis clases. El esfuerzo y la perseverancia que dedica a su vida marcial han sido recompensados por una fortaleza mental y espiritual que le ayudaron a superar todas las adversidades; también han sido fruto de muchas alegrías. Javier Hernández Pérez personifica la autosuperación.

Fundación de un nuevo estilo.

De entre sus logros destaca, en 1985, la fundación de un nuevo estilo de Kung-fu, el Ming Ch´uan Chai T´ien, cuya traducción literal sería “el clan esplendoroso del boxeo celestial”. Todas las bases conceptuales del estilo son taoístas, filosofía que siempre ha fascinado al creador del estilo. A menudo es confundido con una derivación de otro estilo conocido como Ming Ch´uan,un error que puede haber sido causado por la similitud entre los nombres de ambas, o bien, por el contacto que Javier tuvo con su creador, John Fanning; sin embargo, no tienen nada que ver.

El boxeo esplendoroso del clan celestial se caracteriza por no darle tanta importancia a la fuerza, se presta especial atención al conocimiento profundo del organismo y de como potenciar su fisionomía y fisiología. Este estilo, a diferencia de otros, utiliza los 5 bloques básicos del Kung-fu: el tchi (miembros inferiores), ta (miembros superiores), na (conocimientos de agarres y demás), chui (técnicas de barrido, segado…) y todo unido al conocimiento de los puntos vulnerables de la anatomía humana. También manejan armas tradicionales. Cabe destacar lo importante que es el conocimiento ya mencionado de la fisionomía y fisiología humana. Gracias a este, Javier es capaz de detener a un atracador simplemente agarrando su hombro, también es posible asestar un golpe letal a una persona en el hígado y que esta vaya muriendo poco a poco envenenada por su propio cuerpo.

En la escuela de Javier no solo importa el combate, también el conocimiento

Podremos distinguir a los alumnos de Javier porque no utilizan la fuerza pero sí son explosivos. En su escuela se educa a los alumnos para tener un abanico de recursos muy completo durante el combate. Su escuela también destaca porque no hay exámenes para los cinturones. “Puedes examinar a dos chicos en base a lo alto que den una patada, pero ¿y si uno de ellos es flexible y el otro no pero sí trabajador? Así es más justo. Además, puedes tener un mal día y eso no debe representar todo el trabajo previo. Por eso, quien evalúa en mi escuela y decide cual es el mejor momento para otorgar el siguiente cinturón es el maestro, ya que se supone que conoce bien a su alumno y su progreso. Por último, los cinturones no se pagan junto con el examen, son un regalo que premia el esfuerzo”, explica.

Los cinturones en su escuela son un regalo que premia el esfuerzo

Aunque originariamente en el Kung-fu no se repartían cinturones, algo característico de otras artes marciales, tuvieron que introducirlos de forma orientativa. En las escuelas tradicionales chinas los miembros eran parte de una familia, y tradicionalmente el maestro era conocido como “sifu”. Él es el padre adoptivo de sus alumnos y el maestro de maestros se conoce como “sikung”, que equivale al abuelo; en este puesto se encuentra Javier. Otro detalle curioso del maestro es que tiene un grupo de Whatsapp con los alumnos que gusten de participar dedicado única y exclusivamente al intercambio de ideas, y que se llama “Reflexiones del maestro”. En él se abre un canal para enriquecerse mediante el diálogo, y Javier escribe una cita célebre cada día (sin fallar) desde hace años. “Suelo poner citas de personajes famosos, como Buda o Confucio, y de vez en cuando alguna mía, siempre que la situación lo requiera”.

Esta iniciativa, por insignificante que parezca, retrata la dedicación de Javier. Su vida privada se imbrica con su vida marcial. Las clases y el whatsapp se unen a las cenas, viajes y eventos de la escuela. Por ello el maestro es querido y respetado por sus alumnos. En su escuela son como una familia (eso es lo que refleja el concepto de “clan celestial”). Por todo esto, el Ming Ch´uan Chai T´ien no es una actividad más que hacer por la tarde, y muchos comparten la opinión de que entrar en contacto con esta escuela les ha influido positivamente, mejorando aspectos como la forma fisica, el equilibrio, la fortaleza… “Vine por la técnica pero me quedé por la enseñanza”, aseguran algunos de sus alumnos.

“Vine por la técnica pero me quedé por la enseñanza”

¿Qué es el Kung-fu?

Kung-fu es habilidad. Un periodista tiene “kung-fu” o un ebanista. Es la destreza que se desarrolla gracias a la disciplina, el esfuerzo, la constancia y el tiempo”, declara Javier. Otras dos formas de conocer este estilo son “wushu” (arte marcial) y “koushu” (arte nacional). Aquí hemos llegado a conocerlo como boxeo chino (por la rebelión de los boxers) y karate chino (debido a la tardía apertura comercial de China). Así pues, hay diferentes formas de nombrar esta disciplina de lucha. Es originariamente china y se basa en las filosofías budista y taoísta principalmente. Se considera que el origen de las artes marciales chinas no radica en la lucha sino en la filosofía. De hecho, el guerrero Kung-fu no debe ser combativo. “El buen Kung-fu es el que no se usa” afirma el maestro. En su juramento lo aseguran: prometen utilizar sus armas solo para poder defender y defenderse.

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