“Nos llaman fanáticas del ballet, pero lo nuestro es pasión, sueño y alma”

La fuerza del taconeo de la clase de flamenco se distorsiona por el ritmo del funky del aula de al lado, donde se imparte moderno, y todo ello se fusiona con las delicadas notas de piano del ballet clásico.

Elena Génova y Selene Blanco, fundadoras, directoras y profesoras de la academia Tododanza se sientan en su despacho algo nerviosas por la entrevista, pero sonrientes. Pertenecieron a la primera promoción del Instituto Superior de Danza de Alicia Alonso en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

La noche ya ha caído a pesar de que ambas continúan al pie del cañón. Montones de cuadros y fotos de su época de estudiantes inundan el despacho y dibujos de alumnas pueblan las paredes. Horquillas para el pelo y flores para decorar los moños, junto con torres de papeles, ocupan la mesa. Tras las pertinentes fotos, comenzamos con las preguntas. “Haz las fotos de lejos que así salimos más guapas”, bromean.

Mucho más que baile

P: ¿Cómo conocieron el ballet cubano y la cátedra de Alicia Alonso?

SB: En 1992 empezó a salir en prensa que el ballet cubano iba a venir a España y en el 93 se hizo el curso de verano. Yo acababa de terminar selectividad y me apunté. Salí encantada porque no solo era ballet, había anatomía, música, historia, un millón de cosas y dije: yo tengo que estudiar aquí. Siempre he sabido que me dedicaría a algo de la danza, pero después del cursillo supe cómo enfocarlo. Si no hubiera encontrado esto me hubiera liado la manta a la cabeza y me hubiera puesto a audicionar.

EG: Yo era dos años menor, pero íbamos a la misma escuela de danza y al ver que hablaba maravillas y mejoraba tanto terminé yendo yo. Fuimos a dos cursillos más hasta que decidimos empezar la carrera. Aunque mi padre quería que hiciera publicidad porque el ballet no era un oficio. De hecho, hice dos años hasta que le convencí de que lo que a mí me gustaba era otra cosa.

P: ¿Por qué elegieron el ballet como profesión?

EG: Queríamos hacer algo con la danza y de repente estábamos metidas en la escuela, fue medio obligación. Yo quería seguir bailando, pero no me había planteado vivir de esto.

SB: Bueno yo en realidad lo sé desde los cinco años, pero nadie me tomaba en serio. Hasta que, a los diez años, mis padres se dieron cuenta y estuve a punto de irme a Rusia, teníamos un contacto, pero al final no pudo ser.

Elena Génova: “Yo quería seguir bailando, pero no me había planteado vivir de esto”

Un poco de historia

P: ¿Qué diferencia hay entre cómo era la cátedra antes y cómo es ahora?

EG: La cantidad de gente y la implicación de los profesores es lo que más se nota. En nuestra época era un grado superior que homologaban como licenciatura, de hecho cuando pertenecía a la Complutense era un titulo propio, esperamos diez años para que fuera un grado universitario.

P: Cuando estudiaban ¿Estaba Alicia Alonso? ¿Cómo era trabajar con ella?

EG: Iba y venía, estaba 15 días, pasaba algún ensayo, daba consejos o charlas, alguna clase magistral. También es cierto que antes éramos menos, fuimos la primera promoción, no superábamos los 30 alumnos, ahora hay más de 150. Era más familiar. Aquí ya estaba ciega, pero no venía en calidad de profesora sino de figura de la danza, te corregía en los ensayos por el oído. A lo mejor decía: “la quinta de la fila de atrás está haciendo mucho ruido en los bourees”. La verdad es que asustaba un poco. Selene tiene una anécdota porque casi se la carga.

SB:Sí, es cierto. Estábamos ensayando Gran pa de Quatre y hay una parte que se llama el carrito, en la que vamos cogidas de las manos  y  tenemos que pasar por debajo. Entonces ella se levantó y me dio la mano para marcarlo y cuando fui a pasar por debajo yo pensaba que ella se iba a quitar como haría todo el mundo, pero no lo hizo (recordemos que estaba ciega y yo la tenía que haber apartado guiándola), nos dimos con la cadera y se levantó todo el mundo: el marido, Alberto (director) María Cristina (profesora)… Mientras Alicia seguía agarrándome con las uñas tan largas que tenía, diciéndome “ay mija  ten cuidado” y yo acojonada rezando porque me soltara, todos los profesores mirándome como si hubiera matado a alguien. Aunque, luego fui el cachondeo de todos.

Selene Blanco: “Casi me cargo a Alicia Alonso”

P: Crearon la escuela Tododanza en 1995, mientras estudiaban en la URJM, ¿cómo y por qué surge la idea?

EG: Dejamos la escuela en mayo, porque acabamos mal con nuestra profesora. Eso de que tomáramos clases con otra escuela y que mejoráramos, pero no gracias a ella, no le gustó y nos empezó a hacer a vida imposible. Tras la selectividad mi madre le dijo a Selene que por qué no montábamos una escuela. Yo iba a empezar publicidad por mi padre, pero aun así empezó la locura.

SB: Elena pensaba que diría que no, pero a mí me apreció buena idea. Por la mañana dábamos clase en la universidad y por la tarde en la academia.

P: ¿Cómo han llegado hasta aquí?

SB: Pues pasito a pasito como la canción de “Despacito”. Al principio teníamos 20 alumnos, y de boca en boca, fuimos creciendo. Pasamos de un local minúsculo en un piso a este. Fue un desastre, una locura.

EG: Estábamos en Madrid en la cátedra cuando me llamó mi madre (teníamos mirado este local, pero no podíamos pagarlo aún) y nos dijo que la dueña le había llamado porque lo iba a vender, que si lo queríamos teníamos que dar ese mismo día un millón de pesetas. Mi madre dijo que nos lo guardara y se fue al banco corriendo, discutió con la otra compradora y se la jugó. No sabíamos si podríamos devolver el préstamo, si la obra estaría lista en septiembre para que el alumnado empezara, no sabíamos si lo lograríamos, pero aquí estamos 20 años después. Ya en 2013 nació la asociación AEC  (A Escena Colmenar), que permite a los alumnos bailar fuera de la escuela. Aunque sin el apoyo de nuestros padres, tanto económico como mental, no lo habríamos logrado.

P: ¿Qué fue lo más duro?

EG: Pedir dinero a nuestros padres todos los meses, porque no llegábamos a fin de mes, pero aun así ha valido la pena. Aunque, si pudiéramos volver atrás, probablemente montaríamos la escuela más tarde para poder haber bailado un poco más.  Nuestra gran motivación es que alguna alumna termine bailando de forma profesional.

Y para terminar…

P: ¿Qué se necesita para montar una escuela de Danza?

SB:Por desgracia nada especial, la puede montar cualquiera si paga sus impuestos al Ayuntamiento, no te piden titulación. Esta es una de las luchas que tenemos, porque hay mucha gente mediocre que toma un cursillo de 15 días y se cree que ya sabe ballet y puede ser profesor. Se supone que el Grado Superior se hizo para regular esto, pero dio muchos problemas ya que había bailarines famosos que no tenían titulación y no querían pasar por ello.

Selene Blanco: “Se creen que por tomar un cursillo de quince días pueden enseñar”

P: Selene ha escrito un libro, Apreciación y práctica en torno a la Escuela Cubana de Ballet, junto con María Cristina Álvarez, ¿Quién es ella para ustedes? ¿Cómo nace la idea?

SB: María Cristina Álvarez es como nuestra madre artística y pedagógica. Un día vino y me propuso que fuera coautora de un libro sobre la metodología del ballet cubano y pensé ¿por qué no?

P:¿Qué es para ustedes el ballet? ¿Qué les ha enseñado el ballet para la vida diaria?

EG: Nos ha enseñado disciplina y esfuerzo. Para conseguir las cosas hay que trabajarlas. El ballet es toda nuestra vida, todo está basado en esto. Las vacaciones por ejemplo: si sale un cursillo o un concurso, acoplamos nuestras vacaciones, nuestra familia y nuestras hijas para poder ir. Estamos toda la tarde aquí, casi no vemos a nuestras hijas, sacrificamos fines de semana, pero realmente lo hacemos encantadas, lo haces porque te gusta. Mucha gente nos trata de fanáticas del ballet, pero no, solo es pasión, un sueño, nuestra alma. Por desgracia, a los gobernantes les interesa más el fútbol que la cultura.

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