Las dos caras del desempleo

Paro

El desempleo es la segunda preocupación de los madrileños, y no es para menos. Es un problema que afecta a todo el mundo. Aunque no directamente pero sí de manera indirecta, casi todo el mundo tiene un familiar o un amigo en paro, y esto hace que la gente se preocupe (*)

Enrique Santos es un joven gallego de 27 años. Llegó a la capital madrileña con ganas de comerse el mundo, pero no todo fue como él esperaba. Luis Fernández-Areces, por su parte, es un asturiano de 54 años que tuvo que volverse a su ciudad natal por no encontrar trabajo en la capital. Los dos son periodistas y han querido hablar con cuv3 para contar su experiencia en Madrid con el desempleo.

La salida al mercado laboral

Mientras Santos se buscaba la vida de dependiente o de camarero por las noches, a Luis, un amigo suyo, le ayudaba dándole un trabajo en su empresa, que tuvo que cerrar unos años después. Ahí comenzó su aventura. “Me contrataron de prácticas en Mediaset y no me renovaron porque sólo querían becarios. Tras varios meses enviando currículums, me llamaron de una empresa privada para el departamento de comunicación y me hicieron un contrato de formación de seis meses. En esta empresa cobraba mejor pero no me renovaron”, asegura Enrique Santos.

Los dos cuentan cómo un periodista al salir al mercado laboral tiene que enviar currículums constantemente porque uno no está cien por cien seguro en su trabajo. Enrique detalla lo que le está costando encontrar de nuevo un trabajo en su sector: “Volví a enviar currículums a todas las empresas y medios de comunicación posibles aquí en Madrid pero no me llamaron de ninguna para trabajar. Así que después de cuatro meses viviendo de mis padres decidí que tenía que buscar lo que fuera para no tener que volver a mi casa de Vigo.”

“No he estudiado una carrera para acabar de camarero, pero así fue, camarero y dependiente”

“Me contrataron en Zara de dependiente (mis padres pensaban que estaba trabajando en Antena 3) y cobraba una pasta. Después de un año y medio me di cuenta de que estaba engañándome a mí mismo, a mis padres y  todos mis principios. Yo siempre fui de los que decían: no he estudiado una carrera para acabar de camarero, pues así fue, de camarero y dependiente. Hice todo lo posible para que me echaran y poder cobrar el paro. Llevo ya tres meses pero no dejo de enviar currículums”, finaliza el joven periodista.

“Me quedé en Madrid por amor”

A Luis Fernández-Areces también le resultó difícil encontrar trabajo una vez acabada la carrera, pero tuvo la suerte de tener un amigo que le ayudó y pudo trabajar con él. “Me quedé en Madrid por amor. Decidí no volver y jugarme aquí mi vocación, pero por desgracia no me salió bien esa jugada. Acabé desenamorado y sin trabajo y no podía volver a Asturias porque no había trabajo para mí. Al principio lo pasé bastante mal y un amigo me ayudó dándome empleo en su empresa, estuve allí más de quince años, pero en un momento de crisis tuvo que cerrar y me quedé sin trabajo”.

Preocupación por el paro

Así como Luis está muy preocupado por su situación, a Enrique no le importa seguir desempleado hasta que se le termine el paro. “Llevo ya tres meses pero no dejo de enviar currículums. No me preocupa mucho, yo quise dejar ese trabajo pero ahora entre lo que cobro de paro, mis ahorros y que tengo un amigo que tiene un bar en el centro al que ayudo de vez en cuando… me apaño como puedo”, asegura Enrique Santos sin tapujos.

Fernández-Areces tuvo que pedir ayuda a su familia para poder pagar el alquiler, lo que le hizo querer volver a Asturias para no depender de nadie: “Después de estar varios años en paro intenté ponerme las pilas como podía, no siempre voy a poder vivir ayudado por algún que otro familiar. Mi familia tiene una productora, ahora mismo sigo en paro pero estoy comenzando un proyecto muy bonito con el que estoy muy ilusionado y creo que puede ir muy bien. Me han dado esta oportunidad de empezar algo nuevo y con lo que puedo hacer lo que me gusta y a ver cómo sale, yo creo que puede ser algo novedoso y distinto centrado más en el ámbito de la gastronomía”.

Luis, a diferencia de Enrique, no tiene problemas en trabajar de algo que no sea el periodismo, lo único que quiere es trabajar y ahora está montando su propia empresa con la que está muy ilusionado.

El mundo freelance

Los dos entrevistados han pensado alguna vez en dedicarse a ser freelance pero no han triunfado en ese sector ya que en Madrid hay mucha oferta. “La verdad es que alguna vez lo he pensado, pero ¿sabéis el curro que eso conlleva?, no sé si me veo preparado para ser freelance. Tengo un amigo que sí lo es, y he visto cómo trabaja, hay noches que no duerme y se desvive por hacer temas que luego igual nadie le compra o se los compran por una miseria. Yo no trabajo gratis para nadie, y menos matándome a trabajar…”, afirma Enrique.

“Intenté ser freelance pero era muy difícil abrirse hueco aquí en Madrid porque hay mucha más oferta que en cualquier otro sitio”, comenta Luis.

Estas dos historias tienen finales muy dispersos. Luis decidió volver a Oviedo, para montar su propio negocio, que nada tiene que ver con el periodismo, pero Enrique en un futuro, cuando deje de cobrar el paro, quiere dedicarse exclusivamente al periodismo. Dos historias muy distintas que se diferencian en las edades, el origen, y la actitud de los dos protagonistas.

Con información de Beatriz Álvarez

(*) Este artículo forma parte del proyecto de los alumnos de 4º de Periodismo de Villanueva C.U. para abordar informativamente las principales preocupaciones de los madrileños. Vea aquí el resto de las informaciones 

About Isabel Mogín

Estudiante de 4º de Periodismo en Villanueva C.U.

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